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La victoria del amparo y al amparo del amarillo

Óscar G. Chávez

E n este momento en la ciudad de San Luis Potosí la atención ciudadana se encuentra concentrada en el caso Victoria Amparo Labastida y compañía. Todos los actuares relacionados con el proceso que se les sigue se han convertido en un atractivo permanente para periodistas, opinólogos y ciudadanía en general.

No es para menos, según los decires del anterior alcalde, la catastrófica situación que atravesaron el Ayuntamiento y la ciudad durante su gestión fue culpa de la hoy perseguida Labastida. Algo debió ser cierto, pero resulta inverosímil que durante tres años, los mismos de la administración de Mario García, no se haya dado respuesta favorable a ninguna de las denuncias presentadas con la psicóloga acabada en política.

Dicen los informados y especialistas en el tema, que dos personajes del más alto nivel fueron los que de manera permanente se preocuparon por otorgar su protección a la ex alcaldesa de la capital. Recordemos incluso, que luego de concluir su gestión le fue otorgado un escaño de honor en el comité de su partido.

Hoy son los mismos priístas, al menos de dientes para afuera, como el caso del diputado Manuel Barrera Guillén, ¿qué no es priísta?, quien sotto voce exclamaba entre los medios de comunicación que se solicitara, de ser necesario, a la Interpol el apoyo para localizar y prender a Victoria y su cauda de cómplices. Seguro son declaraciones vacías y sin mayor interés que el de las apariencias; recordemos que hace años el doctor Juan Carlos Ruiz Guadalajara, investigador de El Colegio de San Luis, lo definió acertadamente como el falso ecologista, al igual que todos los miembros del partido Verde.

Y es cierto, si se aparenta ser ecologista, por qué no aparentar ser parte de los sabios que hoy exigen que la delincuencial mujer sea presentada ante quien evalúe su actuar al frente del Ayuntamiento y determine, como seguro será, que todo su actuar fue apegado conforme a derecho y a las normativas que le confiere el encargo y a las que la someten los reglamentos por los que se rige el funcionamiento del municipio libre. Pero cómo detenerla y presentarla en este momento si se encuentra protegida por la justicia de la Unión. Caso más que ilustrativo de la Victoria del Amparo.

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Así como ha ocurrido en otras ocasiones, son los príistas los que solicitan que Victoria sea procesada conforme a la gravedad de los delitos cometidos, que por cierto ninguno de ellos es grave y por consiguiente los implicados alcanzarían libertad bajo fianza; muy cuidadosos fueron los encargados de elaborar las acusaciones, de no considerar dentro de los comisos el de asociación delictuosa, por el que no alcanzaría el beneficio anterior.

Es comprensible, en medio de las confusiones del caso que un delito de ese tipo pudiera hacer volar la pecaminosa imaginación de los potosinos y hacerles pensar que la alcaldesa anduvo en dares y tomares de tipo orgiástico con todos los hoy implicados; ciertamente las hubo, pero de tipo monetario que son las únicas que pudieran interesar, y a estas alturas practicar, don Carlos Valdés, de quien se dice fue el orquestador intelectual de los millonarios fraudes en agravio de la ciudad.

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Mientras las victorias del amparo captan todas las atenciones, como lo señalaba líneas arriba, las acciones iniciales emprendidas por Ricardo Gallardo en la alcaldía capitalina pasan un poco desapercibidas, pero ya habrá momento –cuando lleguen los recursos– para que la prensa comience a magnificar sus acciones políticas de beneficio social.

Éstas se verán limitadas en inicio, como ya se ocupó de señalar al iniciar su gestión, todo derivado del estado caótico y miserable en el que recibió la alcaldía. Culpa todo desde luego, aunque él no lo dijo, de aquella perversa mujer y de su abúlico sucesor en el cargo que él hoy ocupa.

Vemos sin embargo que la penuria económica no es tan lacerante ya que ha permitido comenzar a imprimir su particular toque amarillo en algunos puntos neurálgicos de la ciudad. Ya inició con su  toque personal en los maceteros colocados en los carriles centrales de la avenida Salvador Nava. Por favor, y por aprecio a la estética, que alguno de sus colaboradores cercanos, que tienen sentido de la estética y del buen gusto, pienso por ejemplo en Gonzalo Benavente, le hagan ver que es un color poco apropiado –aparte de horrendo– para ser utilizado en espacios públicos; salvo líneas restrictivas en banquetas, guarniciones y sardineles.

Sería mejor que los dineros utilizados en el pictórico retoque se utilizaran en reparar los barandales del puente vehicular que permite que avenida Universidad cruce las vías del ferrocarril, cuyo estado es similar al que dejó en algún momento Pedro Aspe: se hallan sujetos casi con alfileres.

Quizá los recursos que permitieron adquirir esta pintura hayan sido los obtenidos a partir de la primer remesa de infracciones que la Dirección de Seguridad Pública Municipal a través de sus incorruptibles, por ahora, agentes de tránsito, se ocupa de repartir a diestra y siniestra entre los ciudadanos que cometen alguna infracción al reglamento de tránsito y a los que amenazan con recoger placas o vehículo. La más recurrente de las infracciones, pareciera, es la de estacionarse en áreas prohibidas en el centro histórico; sería interesante las aplicaran a los elementos de seguridad, o escoltas, de funcionarios gubernamentales, que se apropian del de Carranza en el tramo paralelo al edificio Ipiña así como de banquetas y rampas para discapacitados en otros puntos.

Espero no –como dijera hace años Álvaro Muñoz, y en tiempos recientes Jaime Nava Noriega– ser pitoniso, y pronosticar que en breve la llamada Unidad Administrativa Municipal sea pintada con ese ofensivo color amarillo soledense, como se la ha bautizado en los negocios de pintura. Sería también conveniente que, antes que otra cosa ocurra, el Instituto Nacional de Antropología e Historia fuera redactando algún oficio de lineamientos para hacerle saber que el Palacio Municipal no puede ser pintado en esta tonalidad, ni en ninguna otra.

La gubernatura no es el reino de Oz, aunque pareciera que la ciudad de San Luis Potosí está a punto de convertirse en el camino a seguir para llegar a él. Vamos a ver, dijera Dorothy.