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La violencia en tiempos electorales

Carlos López Torres

C omo si la violencia al alza no fuera evidente en sus diversas manifestaciones a lo largo y ancho de la entidad, como si la cadena de asesinatos que no cesan no fuera un signo ominoso, que forma parte de la cotidianidad desde hace años en nuestro entorno, todavía se busca justificar la presencia de la delincuencia organizada, con la vieja especulación de que los malos vienen de fuera, son invasores que gustan de usar la vecindad con la entidad potosina para pasar un tiempo acá sin atreverse a crear un clima generalizado de inseguridad, se afirma

La socorrida “teoría” torancista permitió a los funcionarios del sexenio de la omisión, justificar su ineptitud en materia de seguridad pública y prevención del delito hasta en su propia dependencia como la Secretaría de Seguridad Pública, cuyos miembros no cesan su campaña contra los ciudadanos que tienen la mala suerte de cruzarse en su atropellado andar, quienes son objeto de vejaciones mediante detenciones arbitrarias, con maltrato al momento de la aprehensión y el apoderamiento de sus pertenencias o de plano malos tratos y torturas, como lo revelan los datos duros de la Comisión Estatal de Derechos Humanos.

La insostenible explicación sobre las causas de la inseguridad en San Luis Potosí, igual ha permitido al secretario de Turismo desestimar la reiteradas alertas estadunidenses hechas a los ciudadanos del imperio del norte, sobre la peligrosidad de carreteras y algunos sitios en especial, que al ex directivo de la Coparmex Eduardo Kasís Chevaile, rechazar la alerta del gobierno canadiense sobre el clima de inseguridad imperante, con el supuesto de que se trata sólo de la vecindad de estados como Tamaulipas y Veracruz lo que permite a los gobernantes de Canadá tener esa percepción; por lo que no se puede generalizar que en todo el estado potosino haya inseguridad, concluye el empresario a quien le preocupan más las inversiones que la sistemática violación de los derechos humanos a manos de los policías estatales.

Sin embargo, el hallazgo de dos mujeres asesinadas con signos de tortura en las inmediaciones del municipio de San Vicente Tancuayalab, donde el alcalde machete en mano se hace justicia por su propia mano, de inmediato hizo sugerir la suposición de que la pacífica demarcación huasteca había sido usada como tiradero de grupos que actuaban en Veracruz.

Días después, fueron encontrados dos cráneos femeninos en plena plaza de Matehuala, sin que hasta ahora aparezcan sus cuerpos, aunque al día siguiente apareció el cuerpo de un joven asesinado por asfixia, supusieron en un primer momento las autoridades, aunque en ambos casos se encontraron sendos mensajes de algún grupo delincuencial, cuyo nombre no se atreven a mencionar los funcionarios.

Todos estos crímenes se vienen a sumar a los hallazgos recientes de la zona Media, en Rioverde y Ciudad Fernández, respectivamente, para culminar con el asesinato de la viuda del ultimado alcalde de El Naranjo, así como las constantes balaceras en diferentes municipios de la entidad con su respectiva cauda de heridos y muertos.

Por supuesto, la violencia verbal de las campañas y las constantes denuncias de candidatos y partidos que se quejan de agresiones mutuas, no son sino expresión del clima prolongado de violencia que hoy escala en la entidad ante el eventual abandono de la responsabilidad para garantizar la seguridad pública por parte de los que se van. ¿Será que en verdad cambiaran las cosas?