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Las inconsistencias municipales

Carlos López Torres

Ningún ayuntamiento escapó a las observaciones hechas por la Auditoría Superior del Estado (ASE) a las cuentas públicas de las demarcaciones municipales. Las inconsistencias encontradas en las cuentas de 2014 serán puestas en manos del Congreso local, para su análisis y eventual decisión sobre cualquier acción, incluyendo las que se turnen a la Procuraduría General de Justicia del Estado, según el titular de la ASE.

Ante la impunidad reinante en la entidad y la fundada percepción ciudadana que nos coloca como uno de los primeros estados donde la práctica de la corrupción se ha extendido en los últimos años, no sorprende que la totalidad de las cuentas públicas analizadas arrojen esos resultados, aunque el auditor José de Jesús Martínez Loredo se lamente de que esta práctica se siga dando.

Sin embargo, lo que sorprende es que el mismo funcionario nos diga que son errores que en su mayoría pueden ser subsanados y que es común que los mismos se presenten en cualquier revisión de cuentas públicas, en un intento por minimizar la gravedad que representa el hecho que involucra a los 58 ayuntamientos.

Como si la recurrente práctica no formara parte de un modo de hacer política; como si la añeja impunidad que han gozado y disfrutan aún los gobernantes no fuera un “círculo vicioso” como bien ha señalado el astronauta mexicano Rodolfo Neri Vela, ante la Cámara de Diputados, todavía se pretende que la ASE sea un órgano preventivo y no coercitivo, al decir de su titular.

Nadie puede estar en contra de que la ASE brinde capacitación y asesoría a cada uno de los ayuntamientos, ni en que insistan en la formación permanente de los funcionarios públicos. Sin embargo, la práctica cotidiana del acontecer administrativo y político en los ayuntamientos nos habla de la existencia de un conjunto de hábitos muy enraizado en la vieja cultura política del país.

Aunque no se debe descartar la existencia de una clase política cada vez más incompetente, pragmática, prepotente y ambiciosa; cuyos objetivos distan mucho de los modestos que se proponen lograr la mayoría de las y los trabajadores, desempleados, campesinos, indígenas, jóvenes y ciudadanos en general que les permita una vida digna, sin lujos, pero de pleno respeto a sus derechos más elementales pisoteados a cada instante por quienes se supone están para salvaguardarlos.

Por ello, retomando al astronauta mexicano Neri Vela, uno no puede sino estar de acuerdo cuando dice: “corrupción e impunidad traen consigo violencia, muerte e inseguridad y la sociedad cada vez respeta menos a las autoridades, es un círculo vicioso”.

O bien, con el escritor Fernando del Paso, quien en entrevista con Carmen Aristegui plantea que la solución sería: “tener políticos menos ineptos y menos codiciosos…”.