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Las opciones para el cambio se multiplican

Ignacio Betancourt

E n un país donde la razón predominante es la de quienes a base de crímenes y fraudes de todo tipo se han apropiado del gobierno para saquear los recursos naturales de una república, e imponer leyes que sólo castigan a quienes reclaman y nunca a los verdaderos delincuentes, que significativamente son los propios gobernantes (por sus frutos los conoceréis), las opciones para el cambio se multiplican, paradójicamente cada abuso genera mayores condiciones para la organización ciudadana y las poderosas transformaciones posibles. Vivos se los llevaron y vivos los queremos.

Es ahora el momento más adecuado para analizar todas las propuestas, por ejemplo las de aquellos que proponen una huelga general pero no dicen cómo hacerla, ni mucho menos dar a conocer las condiciones generales de una población carcomida en buena medida por la pobreza y la ignorancia (principal insumo de los depredadores); o la de quienes intentan destruir el sistema capitalista y confrontan a los reformistas que intentan atenuar sus crueldades, pues la única solución es desaparecerlo para siempre (nadie podría estar en contra de eso), el problema es que tampoco aluden a cómo implementar la materialización de tal empeño; o las de quienes alucinan que con no ir a votar el sistema de oprobio se desmoronará (imaginemos un Congreso con mayoría absoluta de priístas, panistas y verdes mientras la organización popular se concreta, y por qué no imaginar un Congreso con mayoría absoluta de la oposición, mientras la organización popular se concreta); o las propuestas de aquellos que llaman a la unión de todos (víctimas y victimarios) para construir juntos un México para todos (dicen los más cínicos). Pensar, pensar, para mejor articular todas las acciones liberadoras es en este momento tan necesario como el agua (que intentan privatizar). Vivos se los llevaron y vivos los queremos.

Magnífica fue la realización de la mesa redonda organizada por el Colectivo de Colectivos Mariano Jiménez en el Centro Cultrural del mismo nombre, el pasado sábado 7. La asistencia fue en verdad numerosa, la representatividad de quienes asistieron significativamente plural y afortunadamente predominó un tono de respeto recíproco para todas las ideas por más diversas que estas fueran. Resultó un importante acto de reflexión pública, de cultura política socializada, de reunión en lo heterogéneo. Aunque no podía faltar el prietito en el arroz, este papel lo jugó la Secretaría de Cultura (a través de Juan Carlos Díaz y Mauricio Gómez) intentando impedir el acto con un lamentable oficio enviado por la noche del día anterior a la celebración de la mesa redonda.

El oficio No. SC/DGO/059/2015, dirigido al Colectivo de Colectivos y firmado por el director de organismos, pretendía amenazar con cuestiones como: le conmino a evitar actuaciones tendientes a violentar algún supuesto de la ley electoral vigente como ningún otro ordenamiento, para que evite ser sujeto de sansiones de la autoridad competente (…) No omito resaltar que estamos en plena veda institucional (sic), para concluir de manera gloriosa afirmando que: no estamos facultados para avalar dicha actividad; como si el ejercicio de la reflexión pública (no confundirlo con propaganda electoral) requiriese de la aprobación de algún tipo de burocracia. El humorismo involuntario de los funcionarios en turno intentó fallidamente que la llamada veda electoral se convirtiese en veda cultural (exactamente lo que siempre anhelan imponer). Y pensar que a tales especímenes se les paga con nuestros impuestos…

Pasando a otros lamentables sucesos (de índole no muy diversa), diré que en El Colegio de San Luis, la Secretaría General, la Secretaría Académica y la Presidencia, niegan información que por escrito les solicitan los investigadores del Colsan, y de manera simultánea dichas autoridades incrementan el acoso al autor de esta columna (quien labora en tal institución desde su fundación en 1997). Según evolucione la situación se irán documentado las peripecias de la historieta.

Y mientras funcionarios de toda apariencia se empeñan en despeñar a la ciudadanía en nombre del respeto a la ley y al cumplimiento de sus increiblemente nefastas disposiciones (son los mismos atracadores quienes las elaboran), las utilidades de las principales empresas del país se desploman 41.5 por ciento, según declaraciones de la Bolsa Mexicana de Valores; y mientras la delincuencia organizada de México (funcionarios y civiles) lava anualmente 29 mil millones de dólares (sí, 29 mil millones de dólares cada año) dicho por el subprocurador general del gobierno de Estados Unidos, en este México lindo y querido el presidente Peña (a través de su Cámara de levantadedos) impone a un pillo de siete suelas como miembro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y a una encubierta empleada de Televisa como procuradora general de la República. Algo tan desastroso sólo puede llamarse de una manera: Dictadura. El reto para la ciudadanía es grande, pero si con paciencia y salivita un elefante algo le hizo a una hormiguita ¿por qué una población de más de cien millones no va a poder quitarse de encima a un grupo de delincuentes gubernamentales que la oPRImen? Vivos se los llevaron y vivos los queremos.

Del poeta argentino Oliverio Girondo (1891-1967), van de su libro de 1932 titulado De espantapájaros, dos fragmentos de una de las narraciones poéticas que lo integran: (…) Hasta las personalidades más insignificantes se dan unos aires de trasatlántico. Todas, sin ninguna clase de excepción, se consideran con derecho a manifestar un desprecio olímpico por las otras, y naturalmente, hay peleas, conflictos de toda especie, discusiones que no terminan nunca. En vez de contemporizar, ya que tienen que vivir juntas, ¡pues no señor!, cada una pretende imponer su voluntad, sin tomar en cuenta las opiniones y los gustos de las demás. Si alguna tiene una ocurrencia, que me hace reír a carcajadas, en el acto sale cualquier otra, proponiéndome un paseito al cementerio. (…) Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. El hecho de tomar la menor determinación me cuesta un tal cúmulo de dificultades que antes de cometer el acto más insignificante necesito poner muchas personalidades de acuerdo, prefiero renunciar a cualquier cosa y esperar que se extenúen discutiendo lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos, la satisfacción de mandarlas a todas juntas a la mierda.