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Lectura de manos

Luis Ricardo Guerrero Romero

N o está de más decirlo una vez más, para saber el presente tanto como para suponer el futuro sólo hace falta una lectura de manos, es decir recoger con la vista lo que han hecho o harán nuestras manos, saber qué pasa y qué pasará está en nuestras manos. Si decidimos ser buenos ciudadanos, padres, amigos y mil etcéteras, la única forma de construirlo está en nuestro quehacer continuo, nuestra manera de obrar, por decirlo de otro modo, el cómo operamos en la vida. En íntima, simbólica y verdadera relación con esto de operar, sabemos que las áreas médicas destinadas a llevar a cabo una operación son denominadas quirófanos. Lo cual no es nada raro al saber que la mencionada palabra está conformada de las voces helénicas: χειρ (quir) y Φαινω (faino); mano y manifestación, respectivamente, o sea, un lugar en el cual era posible: 1) Hacer presente la lucidez y manifestación de la mano en la intervención evidentemente quirúrgica; 2) Constatar que la mano manifestaba pericia  al operar. En orden a lo anterior de la construcción de nuestro presente y futuro, el mundo entero debe ser un gran quirófano, en donde se haga manifiesto el poder de nuestras manos.

Entendemos entonces que la voz helénica: χειρsignifica mano. No obstante, ¿qué sentido y afinidad tiene quir con mano? Una posible respuesta la tiene nuevamente Roma antigua y el latín, y la otra la podemos apreciar desde el árabe. Para empezar recordemos la grande y latente inclinación de los griegos por los vaticinios, presentes en oráculos y demás instancias, misma costumbre pero más humanas que divinas se gestaron en la antigua Roma, una de las cuales siguió floreciendo hasta la etapa de la Edad Media: la quiromancia; disciplina que no se presta sola, sino con la ayuda de la quirología, estudio-lectura de la mano. La palabra anterior constituida por mano y tratado, es la madre de la quiromancia, mano y adivinación: μαντις (mantis). Entendemos que la adivinación era una respuesta que el hombre buscaba para que la buena vida permaneciera a su lado, y permanecer es efectivamente eso, que alrededor se mantenga algo, como la suerte. La voz latina para enunciar mano es: manus; y el cambio de quir por mantis, que llegó hasta a ser el sustantivo manus, fue a causa de una de las obras con más destino y sortilegio de Sófocles: Filoctetes, en donde la traducción  προς εμνη χειρα fue interpretado como: por medio de mi mano que dice signos. Luego entonces la mano fue entendida como sinónimo de signos, de adivinación, es decir μαντις. Caso tan contextual y semánticamente importante que hasta el día de hoy sigue funcionando. El hecho de que centenas de expresiones tengan su referente en las manos no es un caso ingenuo sino más aún, histórico-simbólico y lingüístico. Desde la mano de Fátima o Hamsa, que como bien se sabe es un símbolo que se encuentra contenido en una mano, y bien que la mano ya era también para los romanos una representación del guarismo V (5), debido a que la apertura de la mano y la suma de los dedos resultaba dicho valor, además que éste es el simbolismo del hombre que cuenta con dos extremidades superiores y dos inferiores y un miembro que sobresale: la cabeza, representado por el dedo cordial. La posición de las manos indica siempre algo distinto, si son entrelazadas, unión mística, en el cuello es sacrificio, situada en los ojos, es como hemos estado relatando, un ejercicio de profecía. Asimismo, las expresiones como: a manos llenas, ser la mano derecha, un mano a mano, tener algo a la mano, arriba las manos, échame la mano, para el último juego: la última mano, cobrar la mano de obra, pedir la mano de la novia para pedir el poder sobre la enamorada, y muchas más expresiones tienen un origen y sentido ocultista y adivinatorio. Sea como fuera, hay que hacer las cosas a mano limpia.