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Letanía de promesas envenenadas

Ignacio Betancourt

P alabras, palabras, palabras. Un alud de palabras siniestramente reiteradas en los televisores de todo el país. Palabras, palabras, palabras. Letanía de promesas envenenadas, el insulto de la más perversa cordialidad. Una reunión de criminales de cuello blanco avalando la mentira de quien no tiene la menor idea de la gravedad de los problemas de más de cien millones de mexicanos hartos de la demagogia, que aparte de las necesidades de los demagogos jamás ha resuelto nada. ¡Vivos se los llevaron y vivos los queremos!

Pero lo más terrible, el augurio más ominoso, serán las consecuencias del proceder de quienes hay deciden a nombre de la patria (así llaman ellos a la impunidad de sus actos), que absolutamente incapaces de proponer las acciones correspondientes a la gravedad del momento actual, se comportan como si no ocurriera nada y deciden aplicar la verborrea presidencial como un acto de magia, sin darse cuenta que el conejo ha escapado del sombrero,

Cómo creer en las palabras envenenadas del verdugo, en el causante principal de la tragedia nacional, quien omiso y complaciente propicia el horror más refinado y establece la criminalidad como la principal virtud de un gobierno. El cinismo de los ofrecimientos presidenciales con más reformas constitucionales (aún insatisfecho con las ya impuestas) y más policías y más operativos especiales y más control de la ciudadanía, son una provocación desmesurada al imparable desencanto de millones; las condiciones son propicias para el final de una era política en la nación. ¡Vivos se los llevaron y vivos los queremos!

En el fondo, el insultante discurso del portavoz de la más despiadada pandilla de criminales organizados que hoy mal gobiernan, es un desplante de autosuficiencia básicamente esquizofrénico para decir que el llamado gabinete presidencial está blindado para la confrontación, y con el inverosímil autoritarismo de que la justicia sólo se obtiene con el sometimiento a leyes progresivamente más unilaterales, se amenaza de las maneras más amables a la población, que ha descubierto que el miedo ahora va a cambiar de bando.

Que el demagogo exija credibilidad a sus palabras, es sólo un acto del más descarado autoritarismo; que los más crueles hablen del bienestar de los demás, es sólo una mentira piadosa para continuar con el aplastamiento; que el cómplice de los asesinos hable de seguridad, es puro humor negro; que el corrupto principal hable de leyes contra la corrupción disloca toda percepción, y entonces se vuelve obligatorio para el ciudadano actuar. En este cuadro de horrores lo verdaderamente espeluznante consiste en la absoluta insensibilidad por parte del gobierno federal y sus satélites para percibir la realidad actual, pues obviamente no se trata de las consecuencias de fantasmales desestabilizadores o de envidiosos de las riquezas mal habidas, se trata simple y llanamente de una crisis de estado, del fracaso de una manera de hacer política que en México alcanzo su caducidad con Díaz Ordaz, y que el priismo moderno supone la única vía posible para su permanencia, malo para ellos y malo para la población que los ha tolerado por décadas.

El actual gobierno no se ha dado cuenta que su principal enemigo son los gobernantes mismos, pueden reformar mil veces todas las leyes habidas y por haber, pero mientras no se reformen a sí mismos (o la ciudadanía no los reforme o destituya), el horror seguirá regodeándose en este país. ¿Por qué en el discurso de ayer jueves no se habló de empleos, ni de salud, o de educación y de oportunidades para muchos; sólo se habló de más armas y más policías (como si no hubieran sido policías quienes secuestraron a los 43 de Ayotzinapa)? Más claro ni el agua, han optado por la represión, no por la solución de los problemas que ellos mismos han creado.

Y cambiando de tema, no de corruptos, la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí, México, sigue empecinada en aniquilar la vacación ciudadana del Centro Cultural Mariano Jiménez (5 de Mayo # 610), en donde se mantiene contra viento y marea el Colectivo de Colectivos (artistas y académicos) ahora constituido en asamblea permanente que decide colegiadamente tanto el funcionamiento general del centro como las acciones a realizar por parte de los propios colectivos y grupos artísticos empeñados en la lenta y compleja construcción de un proyecto ciudadano que no dependa de funcionarios ineptos. El Colectivo de Colectivos hace un llamado a la sociedad civil para que participe en la construcción del primer proyecto ciudadano en una instancia estatal y se mantenga atenta a la construcción del mismo.

Del poeta francés Arthur Rimbaud (1854-1891), van algunos fragmentos de su poema El Herrero: (…) ¡Oh no! Esas marranadas eran en los tiempos viejos./ Hoy el pueblo ya no es una ramera. Pudimos/ entre todos convertir La Bastilla en escombro. (…)Algo que era como amor llevábamos en el corazón,/ abrazando a nuestros hijos contra el pecho/ e igual que los caballos resoplando por la nariz,/ íbamos firmes y fuertes y algo nos latía dentro./ Marchábamos bajo el sol, alta la frente, y así/ ¡hasta París! Nos sentimos hombres y estábamos muy pálidos./ Señor, nos sentimos ebrios de terribles esperanzas;/ y cuando por fin llegamos ante aquellos muros negros/ agitando los clarines y nuestras hojas de encina,/ con las picas en la mano, ya no sentíamos odio,/ ¡Nos sabíamos tan fuertes, que quisimos ser amables!(…) ¡Mira el cielo! ¡Demasiado pequeño para nosotros! ¡postrados de hinojos, el calor nos ahogaría!/ ¡Mira el cielo! Yo vuelvo a mezclarme con la turba./ Con esa gran muchedumbre espantosa que arrastra,/ señor, tus viejos cañones sobre las calles sucias./ ¡Ah! cuando estemos muertos, ya las habremos lavado./ Y si ante nuestros gritos, si ante nuestra venganza,/ los viejos reyes relucientes de Francia,/ empujan sus regimientos en uniforme de gala,/ ¡Muy bien! ¿Estamos de acuerdo? ¡Mierda para esos canes! (…)