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¿Liderazgos politiqueros y pactito por San Luis?

Carlos López Torres

A estas alturas del sexenio peñista, con el entrampamiento de las llamadas reformas estructurales que no caminan, así la adversidad económico-social que soportan millones de familias mexicanas, mientras la corrupción institucionalizada y la impunidad recurrente se festinan cínicamente, los añejos baches que avista el arzobispo Jesús Carlos Cabrero Romero en el municipio y la entidad, que son producto ciertamente de los sucesivos liderazgos politiqueros que se han venido alternando en la entidad, no serán eliminados a corto o mediano plazo como recurrentemente reclaman los agraviados potosinos.

El distanciamiento cada vez más evidente de los gobernantes y las debilitadas instituciones, de una población que cotidianamente clama de muchas formas por la solución a los viejos y nuevos problemas derivados de la crisis actual, no será acortado con el acercamiento acrítico de las fuerzas políticas con representación en los diversos niveles de la administración pública, con un remedo de pacto o minipacto por San Luis, que se pretende prefigurar con la toma de fotos y su exhibición, previa a la toma de posesión de los titulares de los poderes Ejecutivo, Legislativo y municipales.

Las tomas de protesta espectaculares que se preparan, una vez que se dé por concluida la protocolaria entrega-recepción de la que sólo una minoría de comisionados conoce su verdadero contenido, no augura un inicio con transparencia de quienes en ejercicio de sus funciones futuras, habrán de decidir con la tradicional discrecionalidad propia del “sistema”, cómo habrán de hacerle para rellenar los profusos y profundos baches que, por más que se diga, mantienen a la entidad muy distante de otros estados del centro del país, por ejemplo.

Y es que el sigilo del anticuado modelo de la entrega-recepción sólo sirve para convalidar los tremendos yerros de los funcionarios que se van, así como el ocultamiento de los fracasos de las políticas públicas que, recurrentemente, terminan por ajustarse a los designios de los gobernantes entrantes, quienes de inmediato anuncian lo que todo mundo sabe: que no habrá penalización para los infractores de leyes y reglamentos que usaron y abusaron del poder, la consabida renuncia de antemano a la “cacería de brujas”, cuyo anuncio encierra el compromiso de impunidad.

Dado que tras la publicación de las fotos entre los pactistas potosinos, no existen más detalles sobre lo tratado en relación con los graves pendientes que dejan los funcionarios próximos a dejar el cargo, a uno no le queda sino hacer un ejercicio de imaginación sobre los compromisos que se desprenden de tales ejercicios politiqueros.

En el imaginario popular existe, por ejemplo, la inquietud sobre si la persona que sea designada como procurador de justicia, es decir, el nuevo representante social, será un funcionario que de inmediato se aboque a la agilización de los rezagos que tienen que ver con el cúmulo de pillerías cometidas por no pocos ex gobernantes de los diferentes niveles, que obran en los expedientes respectivos que duermen el sueño de los justos en los archivos de la desprestigiada dependencia del Ejecutivo. Como esas cuestiones existen muchas otras sobre los verdaderos alcances del ejercicio de los que llegan.