Cerca de mil 400 docentes se actualizan para enfrentar los retos educativos
19 enero, 2019
Atrajo la fuga a la multitud porque nadie tenía gasolina
20 enero, 2019

Lo fatal y la Thanatopia

Pilar Torres Anguiano

Hace tiempo, se nos atravesaron corriendo un grupo de jóvenes a los que estuvimos cerca de atropellar. Era el periférico de la Ciudad de México, en la madrugada y aquellos jugaban como si fuera un parque. Pulsión de Thánatos, dijo uno de los que iban conmigo en el coche.

En ese entonces yo no sabía a qué se refería. Así llegan los grandes temas a nuestras vidas, a veces, sin que nos demos cuenta, pero con el tiempo los asimilamos. Anoche le daba vuelta a esto entre noticias de tragedias, tuits fatalistas y el aniversario de Rubén Darío que twitter y mi jefe me recordaron. Thanatopia es el título de un cuento en el que Darío explora la literatura de terror, recientemente editado (ISBN-10: 1523935359); pero también es una palabra sumamente poética.

Como casi todos, sabía lo básico de Rubén Darío, el Príncipe de las Letras Castellanas, el gran autor nicaragüense, creador del modernismo literario, el de Azul y Cantos de vida y esperanza; también sabía que fue un hombre angustiado y que esa angustia se reflejaba en sus letras (al menos así decía la maestra de literatura de la prepa); que alguna vez intentó suicidarse y que se decía admirador de Edgar Allan Poe. Ayer leí este poema de Rubén Darío[1], que no conocía.

Lo fatal

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!…

Hay muchas formas de manifestar ese anhelo de ser el árbol apenas sensitivo o la piedra dura que ya no siente. Algunos lo llaman pulsión de Thánatos. Ya saben, ese Thánatos que era la personificación de la muerte, hijo de la noche y hermano gemelo de Hipnos, el sueño.

La pulsión es uno de los puntos centrales y controvertidos del psicoanálisis. Hace algunos días abordé en este espacio la pulsión de vida: https://julioastillero.com/limpieza-de-ano-nuevo-autora-pilar-torres-anguiano/ ). Decía Freud que la algarabía de la vida procede en gran parte de Eros y que –en cambio– debido a su naturaleza, los impulsos de muerte son mudos.

En Más allá del principio del placer, Freud introduce la noción de pulsión de muerte que innegablemente, fue una aportación valiosísima para lograr una comprensión más profunda de los fenómenos mentales autodestructivos. Para los críticos del freudismo es solo una visión especulativa, contradictoria e innecesaria. Hoy en día, la pulsión de Thánatos es un concepto más poético que científico, más existencial que crítico… no por ello, menos revelador de una profunda verdad humana.

El una de las versiones del mito de Eros, éste despertó tal deseo y pasión en Ninfea, que aquella ninfa buscó liberación en la muerte, lanzándose a un lago para ahogarse. Aunque Eros intentó salvarla, Thánatos lo detuvo.

La pulsión de Eros provee a la persona el empuje necesario para contrarrestar lo destructivo y conservar la vida, sin embargo, presenta una gran dificultad: no cumple con la característica fundamental de toda pulsión, que es el retorno a un estado anterior. De ahí que Freud vea la necesidad de plantear su contraparte; esa misma necesidad que subyace en el poema de Darío. La pulsión está escondida, latente, inmóvil.

Ojalá todo fuera poesía, pero no es así. En la vida real, la versión cotidiana de la pulsión de Thánatos se manifiesta en formas diversas. En palabras de Jorge Alemán: gobernar, educar y psicoanalizar son imposibles de llevarse a cabo sin la pulsión de muerte. Sin lo fatal.

Freud suponía que la pulsión de muerte, primero se orientaba al interior del sujeto y, en segundo lugar, se manifestaba exteriormente en forma de agresión destructiva. En actitudes, oficios y acciones peligrosas, grotescas, destructivas.

De nuevo: ojalá todo fuera poesía, o análisis teórico, pero no es así. No solo atravesarse corriendo el periférico de noche o robar combustible; también el intento de sacar raja política, la agresión estéril, el comentario de mal gusto. La sorna en la desgracia. Todo eso es pulsión de muerte. Si me permitiera Darío tomar prestado su término: Thanatopia.

@vasconceliana

[1] Por conducto de @TinocoGRogelio