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Lo vi a él y su arsenal, su astillero de ideas

Luis Ricardo Guerrero

A  pesar de todos los avances científicos es imposible responder a una cuestión de gran envergadura que siempre se alberga en la mente humana: el quehacer y el qué hacer del hombre en el mundo para obtener una recompensa, ya se leía en el libro de Marcos: “¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mc. 8, 37) Nadie jamás tendrá una loable respuesta ante este tipo de preguntas ni en el Occidente, ni en los Upanishad el intercambio o pago por un alma es un negocio. El hombre es un milagro, es un arsenal de ideas y espiritualidad, el único problema medular es el que Russell sintetizó al diferenciar a los hombres dubitativos de los supuestamente astutos: “La causa fundamental del problema es que en el mundo moderno, los estúpidos están completamente seguros mientras que los inteligentes están llenos de dudas.” Yo francamente no estoy seguro a cuál grupo pertenezco.

Dejando las referencias textuales y continuando con el hecho de ser hombre, señalo a la cultura, la cual de modo convencional determina a qué tiempo el hombre se hace hombre según usos, modos o costumbres de cada región. Por ejemplo, en la Grecia antigua se denominó la palabra andreia para significar el valor de un varón, su hombría; mientras la palabra androo es hacerse hombre y en Roma fue el latín vir lo que significó varón, el que tiene cualidades viriles, el esposo. No obstante todos los hombres eran viriles. Cabe mencionar que en Grecia el hombre valiente y luchador, el lleno de virtudes, se definió con la palabra  (arsen) o sea lo masculino, viril y fuerte.

La diferencia entre andreia y arsen se estiba en que la primera designa el hecho se ser hombre y la segunda el valor del hombre pleno; la una en el areté y la ética, la otra en la estirpe guerrera y la paideia.

Al hablar sobre el arsen es inevitable referirnos al elemento químico arsénico de similar etimología que por su peculiar color amarillo simboliza la riqueza y poder desde los tiempos de los alquimistas, sumado a ello recordamos que el número atómico de dicho elemento es el 33, número de fruición simbólica. Por cierto la abreviatura del arsénico: As en otro contexto como en la baraja nos describe la unidad. Otra idea más que se integra al arsenal de sentido es el tener un as bajo la manga, o ser un as en alguna función de la vida, lo cual describe el poder de ser uno y único, por analogía un hombre de verdad.

Finalmente y no por ello menos importante, el arsenal es por antonomasia el navío de lo bélico donde se guarecía la artillería en aquellos entonces de combates marítimos, y a los hombres encargados de su resguardo se les denominaba arsen, hombres astutos que dirigían aquellas lidias náuticas. Hoy encontramos la palabra arsenal como el sitio donde se ubican armas, depósito de pertrechos para la guerra. En la literatura una referencia que preconizo de lo anteriormente dicho se encuentra en una de las obras de Juan Carlos Onetti: El Astillero, donde se puede gustar esa configuración del hombre que se construye a través de luchar y esforzarse. En un breve comentario emitido hacia Larsen (protagonista de la historia) se dice: “El gran viejo del astillero. El hombre que se hizo a sí mismo.” Cometario lacónico pero revelador pues Larsen fue un arsen en el sentido de la palabra griega, además de su semejanza fonética y gramatical.