El rojo desgarrado
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Proceder
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Los enganchadores, libres y al acecho

Carlos López Torres

Aunque la delincuencia en general ha sido vinculada tradicionalmente a las condiciones económico-sociales prevalecientes, lo cierto es que en su rápida evolución en la época de la implantación del crimen organizado, la incidencia constante de crímenes de alto impacto está relacionada con la falta de empleo y el trabajo mal remunerado.

Por lo menos un estudio de la organización Semáforo Delictivo así lo revela, a partir de la afirmación, sostenida con cifras, de que existe una correlación entre desempleo y el robo; en tanto la existencia de otra correlación entre el trabajo mal remunerado y la violencia destaca en ese mismo análisis.

Al coincidir con declaraciones hechas en días pasados por el arzobispo Carlos Cabrero Romero, en el sentido de que el delinquir es una opción atractiva para quienes carecen de empleo y carecen de educación, sin ahondar más en el tema recurrente del fracaso en el combate y prevención de la delincuencia del gobierno que preside, el titular del Ejecutivo deja la impresión de que con el tiempo, con “el incremento del nivel educativo y la apertura de espacios de educación, habrá una mejoría en la sociedad”.

Para Semáforo Delictivo la correlación entre desempleo y trabajo mal remunerado con el aumento de homicidios, violencia, secuestro y extorsión, entre otros delitos, es un hecho incontrovertible; cuyo reconocimiento oficial por obvias razones políticas no se menciona, aunque por lo visto al gobernador Carreras López ello le ha servido para seguir posponiendo una evaluación seria del grave problema de la inseguridad en la entidad que cotidianamente cobra vidas y mantiene en vilo la tranquilidad de los ciudadanos.

Acrítico, como suelen ser los gobernantes, Juan Manuel Carreras no menciona, por supuesto, que sea precisamente el estado que más bajos salarios oferta en Latinoamérica, el que ha entrado en una espiral de violencia, aunque ello no se mencione a nivel nacional, merced a la incapacidad de los corresponsales para denunciar lo que ocurre en la entidad.

Luego entonces, no se trata sólo del desempleo, sino de los bajos salarios que perciben los trabajadores, incluyendo a los profesionistas y técnicos que no están de acuerdo en que el cacareado desarrollo a partir de la inversión extranjera, se sustente sobre sueldos de miseria y contratos de protección patronal.

En cuanto a la insuficiencia educativa, habrá que recordarle al ex secretario de Educación que la fracasada reforma tiene en la entidad potosina un ancestral rezago, baja calidad según el término empresarial tan caro al gobernador neoliberal, que en su momento no se atrevió a tocar por intereses políticos.

Más aún, con la euforia de la llegada de capital extranjero, la tendencia educativa que se ha venido abriendo paso es la del impulso de la educación tecnológica y el egreso masivo de cuadros técnicos medios, sin criterios humanistas y valores que interesan a los inversionistas; se trata de forjar mano de obra poco calificada, barata y dispuesta a vender su fuerza de trabajo con un mínimo de derechos laborales.

¿Cómo no pensar entonces, que en esas condiciones los mal pagados finalmente se atrevan a buscar un ingreso extra en el trabajo informal o de plano sean enganchados por los criminales?

No nos saca de ningún apuro el que se reconozca que la insuficiencia educativa y la pobreza son algunas causas del delinquir cotidiano. ¿Qué ocurrirá si míster Donald Trump se sale con la suya y nos impone una recesión?