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Los hilos de la cuerda

Luis Ricardo Guerrero Romero

Nos pareció una locura, aunque a oídas ya sabíamos que aquello era cierto, ya al estar en la casa del profesor y ver todo ese entramado de barroca decoración nos causó un pensamiento entre el terror y la inquisición. Todo mundo conoce algún vecino, pariente o amigo excéntrico de esos que acumulan o adornan sus hogares con objetos de antigüedad, animales, artistas y famosos, hay quienes fascinados por alguna ciencia o disciplina convierten sus casas en laboratorios o pequeños establos, y hasta cierto punto es entendible, es aceptable que existan gustos por ciertas tendencias, sin embargo, la casa del profesor no tenía una razón a nuestro juicio de estar repleta de cuerdas. Sí, cuerdas de todo tipo.

Desde la entrada de su jardín-cuerda, hasta el patio-cuerda, había como es de obviarse lazos, mecates, tendederos de todo tipo, color, tamaño, procedencia, grosor, textura, olor y peso. Aquella casa telaraña maquinada por la mano del hombre, nos orilló a creer que el profesor era un demente. El baño forrado de cuerdas, el refrigerador y la estufa adornada con lazos, el piso alfombra de ixtle en filas gruesas y delgadas de cuerdas. Era de verdad una locura, un desorden de belleza, un chiste que no causa risa, sino cuestionamiento.

Evidentemente, y como era de esperar, él miró nuestro asombro y extrañeza en nuestros ojos, y a ser cuestionados si nos gustaba su casa, yo respondí con seguridad que no. Acto seguido lo interrogué con el temor de quien escala una montaña amarrado de una cuerda, el por qué de su diseño tan peculiar, entonces el profesor, aproximó para nosotros un par de bancos-cuerdas y jaló con cordel la respuesta.

—¿Han oído aquella propuesta de Nietzsche?: “El hombre es una cuerda tendida entre la bestia y el superhombre; una cuerda sobre un abismo. Lo que hay de grande en el hombre es que es un puente y no una meta; lo que se puede amar en el hombre es que es una travesía y una decadencia”. Pues bien, mi casa es un recordatorio de lo que hay que amar en el hombre, es una apuesta a mirarme siempre en la travesía, en el tránsito. Ustedes y yo somos esta casa, ínfimas cuerdas o bien, puentes sólidos que de no sujetarnos bestias nos volvemos, y de afianzarnos demasiado, superhombres seremos. La vida es nuestro abismo, no la vida en general, sino la vida que cada uno elige construir, por eso la cuerda sobre el abismo.

Cuerda es una palabra griega de origen: χορδη (chorda) que pasó al latín como corde> cuerda. De allí el sustantivo cordel, que casi podemos atenderlo como cultismo de cuerda. Simbólicamente la cuerda es ligazón y conexión y si la cuerda tiene nudos habla de nuestra existencia. Cada individuo antes de ver la luz estaba atado a una realidad ajena e íntima a la vez: el cordón umbilical, y cada persona que se considera estable o decente se le llama cuerdo. Al estar disociado ante algún planteamiento, se está en desacuerdo. Al volver a traer a nuestra mente situaciones o imágenes que nos han marcado, sellado de algún modo, entonces recordamos. La cuerda no es sólo una fibra o un lazo, es incluso el camino de salida para muchos que hoy mismo se suicidarán.

Al acabar de hablar el profesor, lo único que pudimos fue agradecer y retirarnos, mientras nuestras cuerdas vocales se estremecían.