La tragedia del Congreso del Estado
31 octubre, 2014
Sin pero que valga
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Los rostros del hartazgo

Ignacio Betancourt

L a crisis nacional que agobia no sólo a más de cien millones de mexicanos sino al propio aparato gubernamental que dice gobernarlos, ha puesto al desnudo la disfuncionalidad de una clase política que estúpidamente supuso que obteniendo mayoría en las votaciones de senadores y diputados podría hacer lo que se le antojara, o mejor dicho, lo que le ordenaran sus amos trasnacionales, quienes por cierto no la pueden sacar del pantano social en el que se está hundiendo.

En todos los aspectos de la vida cotidiana del país algo se desmorona, ya no es suficiente la represión ni las leyes construidas para mantener en el poder a los mismos de siempre, esa banda de delincuentes de cuello blanco que incapaces de cualquier cambio, creen que tampoco la sociedad cambia. Error trágico pues aunque en el corto plazo habrá de añadirse más sufrimiento al de por sí sufridor pueblo mexicano, ahora este periplo contiene un elemento novedoso: el resquebrajamiento de anquilosadas estructuras de poder que hoy llegan a una crisis que todo parece indicar no podrán superar.

En el campo, en las ciudades, en rancherías y municipios, en los grandes núcleos de población y en los pequeños poblados; entre los obreros y los estudiantes, entre los campesinos y los académicos, entre los niños y los viejos, entre las mujeres y los adolescentes, el hartazgo muestra sus más diversos rostros; cuando el porvenir se inunda de horrores es el tiempo de la irrupción ciudadana más amplia, pues si ella no es capaz de construir otro mañana, lo que espera a las nuevas generaciones no será nada grato. La inimaginable agresión que representa el secuestro, por parte de la policía, de decenas de jóvenes estudiantes es a todas luces la gota que derramó el vaso; sea cual sea el desenlace nada volverá a ser como antes para el poder político y económico en México. La atención mundial ante la infamia así lo indica.

Como ejemplo indudable de los cambios que se avizoran nacional y localmente, se puede entender la confrontación que se ha dado desde hace meses entre la burocracia cultural del Estado, plena de ineficacia y autoritarismo, y un amplio grupo de artistas y académicos independientes que actúan en defensa del Centro Cultural Mariano Jiménez bajo la denominación de Colectivo de Colectivos, debido al atropello que infructuosamente hasta hoy intenta realizar la Secretaría de Cultura contra el lugar en donde habitualmente realizan sus actividades.

Luego de veinte días de la toma del Centro y los bloqueos a la circulación frente al Centro Cultural, los Colectivos lograron sentar a la Secult para un diálogo en donde se acuerde el respeto al lugar y el desistimiento de un llamado proyecto de modernización, que los burócratas intentan imponer para desalojar a decenas de artistas y académicos, y a los diversos públicos beneficiarios directos de tales actividades. Desde el pasado lunes 27 se levantó la toma y se suspendieron los bloqueos, al mismo tiempo que se iniciaba la mesa de diálogo.

De suma importancia será la atención de la población sobre el desarrollo de este conflicto, pues con él inicia la gestación de un proyecto ciudadano referido al arte y la cultura en el estado, que por primera vez se intenta como una iniciativa ciudadana. La consolidación de un consejo mixto integrado por tres representantes de la Secult y tres por parte de los colectivos en la toma de decisiones respecto a la actividad del Mariano Jiménez, será una experiencia inédita que necesitará del respaldo más amplio. Ante la incapacidad de la Secult de presentar un proyecto formal sobre las modificaciones al Mariano Jiménez, las negociaciones continuarán hasta la próxima semana.

Y mientras el gobierno mexicano se desdibuja y buena parte de la sociedad civil consolida las más diversas formas organizativas, los penosos cacicazgos culturosos locales deberían poner sus barbas a remojar, que lo piensen en el Centro de las Artes y en el Instituto Potosino de Bellas Artes y en todos los nichos donde recientes y longevas mafias dizque culturales, se siguen sirviendo con la cuchara grande en demérito de centenas de creadores y académicos de gran valía, excluidos despóticamente por algunas lamentables figuras locales. Pronto habrán de conocerse los montos financieros que los amigos de Juan Carlos Díaz Medrano se embolsan, y tal vez ¿en cuántas dependencias cobran Juan Martín Cárdenas o David Ojeda y similares? Valdrá la pena estar atentos para observar y señalar, la espectacular representación escénica de los buscadores del hueso en el área cultural (y académica),  para el próximo sexenio del espinoso contexto estatal.

Del poeta potosino Marcelino Sánchez (1836-¿) quien nació y vivió en el municipio huasteco de Coscatlán, va un fragmento de su poema Contestación a Pascual Enríquez, escrito en redondillas de rima abrazada y publicado en el ya lejano año de 1891: (…)Yo pregunto sin pasión,/ las piezas de artillería/ tan reformadas hoy día/ ¿por quién y para qué son?// Las pistolas niqueladas/ que pendiente al cinto van,/ yo pregunto con afán/ ¿para qué fueron formadas?// Aquí no hay tigres, panteras,/ leones, lobos homicidas;/ luego esas armas temidas/no han sido para las fieras.// Armas de repetición/ que al humilde dan angustia,/ al inventarlas la industria ¿cuál ha sido su intención?// De ciudades las murallas/ construidas con tanto Afán/ ¿para qué pues las querrán/ si no para dar batallas?// Batallas, y no a las fieras/ sino a sus mismos iguales;/ ¿por qué pretenden desleales/ asaltarles por frioleras?// (…) ¿Por qué hay en toda nación/ tanto vago de magnate,/ que están llenando el gaznate/ con tanta contribución?// ¿Qué necesidad tenemos/ de tanto empleado vampiro,/ que absorben tiro por tiro/ toda industria que emprendemos?// Pagar con puntualidad/ el recaudador te obliga;/ si tu familia mendiga/nada importa a su crueldad.// ¿Para qué tanto soldado/ tan fiero y tan orgulloso,/ que siempre el hombre industrioso/ se ve por él despojado? (…)