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Mal comienza el año

Ignacio Betancourt

Frente a mi tengo la fotografía que en espacio notable de un periódico nacional muestra a tres funcionarios federales: Max Diener Sala, procurador fiscal de la Federación; Vanessa Rubio Márquez, subsecretaria de Hacienda, y Fernando Galindo Favela, subsecretario de Egresos de la misma secretaría. Todos muy serios y muy acicalados declarando ufanos “lo que corresponde a la Ley”. Resultan ofensivos los solemnes funcionarios esgrimiendo una Ley que desvergonzadamente violan a diario para justificar sus ocultas complicidades con el presidente de la República en las constantes agresiones a la población. Los veo en la fotografía amenazando a todos los estados del País hasta que la Federación no imponga un ejemplar castigo al gobernador de Chihuahua. En medio de los dos tipos muy serios y formales, la dama con lentes de aro grueso y bufanda habla como hablan los poseedores de una verdad impuesta a sangre y fuego. Y jodido el que no le crea pues se vuelve “enemigo de la patria”.

Mal comienza el año para un país (México) donde la mismísima Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos denuncia la desigualdad en el ingreso de los trabajadores nacionales. La realidad es que se duplica la disminución en el promedio de los ingresos laborales de los trabajadores mexicanos en comparación con los de los países pertenecientes a la propia OCDE. Por otro lado, la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (uf) mejor conocida como Sagarpa, advierte que el clima de inseguridad y violencia mantiene a México en una crisis donde delitos como extorsión, secuestro y robo, que generalmente “incidían en la actividad económica y en la tranquilidad de ciudadanos de clases alta y media así como a comercios y grandes empresas”, ahora se ha generalizado a “líderes de agrupaciones y asociaciones de campesinos” según declaraciones de las propias víctimas del hampa, pese a que los agredidos sólo producen para su autoconsumo.

Si a todo lo anterior añadimos que la flexibilidad laboral en el mercado mexicano provoca que empleados y empleadores ya no pacten contratos con prestaciones y horarios de largo plazo, sino solamente “formatos maleables o blandos” con salarios más bajos, por horas o por días (sin prestaciones de ninguna especie), la realidad de la mayoría de los mexicanos se vuelve un verdadero suplicio.

En nuestro país las leyes permiten las opciones laborales más desfavorables para los trabajadores según lo han decidido los actuales gobernantes, o qué pensar cuando el ex auditor superior de la Federación se ve obligado a reiterar que el gobierno debe manifestarse, pues hasta ahora ha sido omiso sobre las denuncias que el propio ex auditor presentó en contra de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) por “realizar triangulaciones irregulares mediante contratos con universidades mexiquenses por un total de 611 millones de pesos” (firmados en la gestión de Rosario Robles y concluidos con Meade), que han sido ignoradas cínicamente pese a que los acusados “omitieron vigilar y supervisar el cumplimiento de lo contratado”, y ¿cómo llamar a lo ocurrido respecto al 3. 9% de incremento en los salarios mínimos que de inmediato fue anulado por el aumento de 6.77% en la inflación?

Para concluir esta brevísima muestra de los estropicios gubernamentales priístas termino señalando la insultante permisividad que Peña Nieto concede a la inversión extranjera (la explotación del paisanaje oficialmente autorizada), sin que la misma  genere ninguno de los beneficios que de ella se esperan. ¿Qué pecado habremos cometido los ciudadanos para que nos vaya como nos va? ¿la indiferencia? ¿la complicidad? ¿seremos masoquistas los mexicanos? ¿Será entonces verdad aquello de que el que es güey hasta la coyunda lame?