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Mara somos todas

Fátima Alvizo, Alejandra Cárdenas, Mariana Prieto, Colectiva La Castilla Combativa

Mara Castilla, estudiante de ciencias políticas y originaria del estado de Veracruz, fue encontrada asesinada y con rastros de violencia sexual en su cuerpo después de una semana de haber sido reportada como desaparecida. Las líneas de investigación apuntan a que un chofer de la plataforma Cabify es el feminicida.

El chofer, en lugar de dejarla en su destino, la secuestró, violó, asesinó y posteriormente abandonó su cuerpo. Él sabía que Mara, al igual que cualquier mujer en nuestro país, puede ser desechable y que la impunidad que rebasa el 95% en casos de feminicidio lo protegería.

Durante la semana en que su familia denunció su desaparición, la madre de Mara mencionó a algunos medios el miedo que ella tenía de que su hija fuera víctima de una red de trata de personas, ya que recibió una llamada que aseguraba que Mara se encontraba bien y cuando quiso indagar más, esta llamada fue cortada.

La empresa Cabify se ha intentado desligar del feminicidio de Mara diciendo que su sistema registró que ella había llegado a su destino. Pero resulta que su hermana reportó que habían pasado más de 30 minutos de la supuesta llegada y Mara aún no aparecía. Además el 15 de septiembre la empresa emitió su pésame diciendo que lamentaban el fallecimiento de Mara, y agregaron que su equipo se solidarizaba con su familia. No falleció, la asesinaron. El problema no es qué servicio de transporte sea más confiable y seguro, el problema es que ninguno lo es para nosotras.

Los discursos importan y mucho, porque traen consigo una grave carga que nos revela un pasado de violencia y un presente de recrudecimiento y perfeccionamiento de la misma, desde quienes la ejercen; es decir, una temporalidad de odio y control que se fagocita a sí misma. Cuando usuarias y usuarios de Cabify cuestionaron la seguridad del servicio, la empresa les respondió en tono burlón y hasta ofertando descuentos.

Hace un par de meses se hizo viral en twitter el hashtag #SiMeMatan, donde Mara, como muchas mujeres hartas de la violencia y la revictimización, expresó su sentir ante esta situación. No han faltado los comentarios de que ella se lo buscó, que porque se había ido de fiesta. Mientras muchas mujeres nos organizamos y compartimos estrategias de transporte seguro (paliativas, tal vez, pero en reacción ante esta emergencia), hay quienes buscan aleccionarnos diciéndonos que la “autosegregación” (tener espacios de mujeres, en este caso, transporte de mujeres para mujeres) no es la solución.

Mara tomó una unidad de Cabify, porque suponía que así llegaría con bien a casa. Ella se encontraba en estado de ebriedad y se quedó dormida. Cuando el chofer llega al destino indicado por Mara, se da cuenta de que ella está inconsciente. Después, se tomó unos minutos para pensarlo, y decidió no despertarla. Embriagado por los “instintos” (peor que un animal), decidió abusar de ella y asesinarla. Porque así lo han expresado, él era un hombre intachable, sin antecedentes penales, pero no resistió. Y así es como ellos tienen el permiso de agredirnos, de violarnos, de asesinarnos, gracias a la cultura de la violación en la cual los feminicidios quedan impunes, en donde la violencia contra las mujeres está presente cada día de nuestras vidas, en los espacios que se supone deberían ser “seguros”.

La realidad es que las mujeres vivimos en un estado de guerra que significa la imposición de una pedagogía del terror en nuestros cuerpos como botín de esta misma guerra. En los conflictos armados, nuestros cuerpos son el objeto mediante el cual se transmiten mensajes de odio y hegemonía a través de la violencia sexual explícita, como violaciones tumultuarias, esterilizaciones forzadas y la trata de personas. Esta guerra que vivimos en México es una combinación entre la violencia de Estado y un orden patriarcal impuesto, en la que jamás seremos dueñas de nosotras pero siempre culpables de nuestras muertes, de que nos violen, de que alguien más decida que nuestro cuerpo es suyo.

El mensaje es claro: las calles, la fiesta, la noche, no es nuestra.

Pero la recuperaremos, es una promesa, Mara.

Colectiva la Castilla Combativa
Colectiva la Castilla Combativa
Colectiva feminista de mujeres, fundada en 2013. Apostamos por la construcción de un nuevo mundo sin opresión de ningún tipo y al trabajo y unión entre mujeres para lograrlo