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Mary Poppins o el arte de hacer maletas

María del Pilar Torres Anguiano

Esta semana he tenido que hacer maletas. Disfruto haciéndolo. Es terapéutico. La experiencia de cambiarse de casa o de trabajo es ocasión de percatarnos a qué grado el estar en un espacio significa habitarlo. Ponerle algo de uno, llenarlo de nuestra energía. Habitamos los espacios, los hacemos nuestros. Los mexicanos habitamos hasta nuestro coche y lo convertimos en una extensión de la casa, ¿y qué decir del lugar de trabajo? Hace unos días pasé por eso. Vaciar mis cajones, guardar mis objetos personales en una bolsa y trasladarme junto con ellos a habitar, poco a poco, otro lugar. Llegué a la otra oficina. Por lo pronto, con un libro es suficiente. Existencialmente, siempre hay que estar listo para la mudanza, la cual puede darse en cualquier momento. Algunos cargan hasta con el perico. Otros, nunca dejan nada. ¿Hasta qué punto esto es demasiado? ¿Cómo lograr el equilibrio?

Hay que saber preparar el equipaje. “Hacer las maletas”, como comúnmente le llamamos, es una técnica y un arte. Implica elegir algunas cosas y renunciar a otras. Significa decidir a qué le vamos a otorgar un espacio, y luego, a qué no. Representa siempre algo de incertidumbre preparar una maleta. Inclusive, preparar el bolso con lo indispensable que llevaremos en el día de hoy, es un ejercicio filosófico, un reto a la libertad, un examen de prioridades, un salto al vacío. De alguna manera, es enfrentarte a la propia ansiedad, como una hoja en blanco. ¿Quién puede anticiparse a lo que realmente va a necesitar? Los kleenex, pastillas, dulces, maquillaje, un espejo, plumas, una libreta, un libro, el iPod, los audífonos, las llaves, cepillo y pasta de dientes, lentes, gafas de sol, perfume, crema. En algún momento, empieza a ser demasiado.

Desde cierta perspectiva de tipo más bien occidental, nuestros objetos materiales son extensiones de nuestro yo. Algo dicen de nosotros. Para el budismo, por el contrario, los objetos materiales son ilusiones del yo. Espejismos que suelen distraernos de lo verdaderamente importante. Cosas detrás de las cuales me oculto.

Respecto a los objetos que tienen algo que contar, Arthur Schopenhauer dice que el mundo de los seres humanos está hecho del mismo material que el de los sueños, como el velo de maya de los hindúes. En esta perspectiva, el hombre crea su propio mundo con la ilusión. Consideran que tanto nosotros como nuestra vida y todas las cosas son el resultado de un sueño o ilusión que nos hace creer que somos verdaderos y actuamos y experimentamos. Así, vemos muchos seres y nos identificamos con las cosas. Para él, todo objeto puede ser explicado por sus relaciones con otros objetos según lo expresa en el principio de razón suficiente. Todo objeto posible mantiene una relación necesaria con otros objetos por una parte como determinado, por la otra como determinante. Así, los objetos al mismo tiempo nos ocultan, pero también nos reflejan.

Cuando era niña, recuerdo que asomarse al bolso de mi mamá era una aventura. Inútil enlistar los objetos que había en su interior. Se podía uno encontrar lo inimaginable. Pesaba horrores y la criticaba por eso, pero siempre sacaba de ahí cualquier cosa que se necesitara. Su bolsa era una especie de paquete de supervivencia para llegar sana y salva –no solo ella, también nosotros– al final del día. Un pequeño universo. Pequeño pero infinito.

Aunque no nos vayamos de viaje, todos deberíamos hacer una maleta de vez en cuando. Prescindir de lo superfluo e introducir en ella lo que más nos importa en la vida. Al prepararse para viajar, ya lo estamos haciendo. Hacer las maletas también forma parte del viaje.

Mi viajera favorita era Mary Poppins, la maestra que todos habríamos querido tener y la maestra como la que todos los maestros quisiéramos ser. La que es tan libre que logra transformar la obligación en diversión. Llegaba con el viento del este (por donde sale el sol) y se iba con el del oeste. El viento del este es la sabiduría espiritual que viene abriéndose paso a través de las nubes grises de nuestras propias creaciones. Mary Poppins no es una princesa. No basa su atractivo en su belleza. No necesita un hombre para estar completa. Es una mujer firme, libre, decidida e independiente que puede ser también amable y buena. Permanecía en un lugar el tiempo indispensable y después tomaba su bolso y volvía a viajar. Su bolso era increíble. Ese sí, para que vean, era una extensión de su mente.

Hacer las maletas indica que debes ponerte en camino para empezar de nuevo en otra parte, pero en la mayoría de las ocasiones este sueño habla de un viaje interior. Y haces las maletas porque estás sopesando qué llevar contigo. Hay que tener cuidado de no llenar las maletas con demasiados recuerdos porque entonces el viaje no servirá para empezar una nueva vida, sino para acarrear con el peso del pasado. Procurar que las maletas vayan ligeras de equipaje porque, a donde uno vaya, ya habrá tiempo de llenarlas de nuevo.

Cuando era muy niña, Sofía guardaba una pequeña maleta debajo de su cama. Contenía una o dos prendas de ropa, una barra de chocolate, sus películas y videojuegos, su libro para colorear y sus colores, su muñeco de peluche y un poco de dinero. “Por si algún día nos vamos lejos”, decía. En aquel entonces, ella era muy pequeña para darse cuenta de que hacer las maletas también forma parte del viaje. Es un ritual de preparación. Desde que comenzamos a meter el primer objeto ya estamos viajando, así se predispone el alma a hacerlo; se nos adelanta y, así, ensaya su libertad.

@vasconceliana