Transparencia, corrupción y justicia ¿hoy dónde estamos?
17 Marzo, 2017
Ahí el detalle
17 Marzo, 2017

Más y más farsa

Ignacio Betancourt

Cuando el combate a la corrupción propuesto por el gobierno, invariablemente se convierte en una sangrienta farsa; cuando todo intento de limpiar la podredumbre gubernamental concluye en declaraciones televisivas; cuando todo se reduce a volver más sutiles las acciones delincuenciales, es evidente que la anulación de lo corrupto no vendrá nunca de los propios corruptos. En realidad todas las campañas gubernamentales dirigidas a combatir la corrupción caen por su propio peso y se vuelve inútil todo intento. Cuando la vida corrupta se institucionaliza y se convierte en soporte del accionar institucionalizado, cualquier intento gubernamental de combatir lo corrupto se diluye en apariencia y simulación.

La explicación de tan nocivo proceder no requiere de especialistas o politólogos; para entender la proliferación de lo corrupto basta con mirar el abierto descaro con que proceden los principales transgresores oficiales, quienes vuelven cotidiano tal proceder. Si toda la estructura gubernamental se sostiene y conserva en una interminable cadena de complicidades, asumida “por el bien del país”, resulta lógico concluir que ningún corrupto moverá un dedo en contra de otro corrupto. Cuando desde las perspectivas gubernamentales lo aparente se vuelve la única manifestación válida  y la eficacia se traduce en verborrea, lo funcional ya no se encuentra en los actos de poder sino en el discurso demagógico que ilusoriamente aspira a suplantar la realidad. Frente a tales maneras nada bueno puede esperar el ciudadano, de quienes dicen gobernarlo.

Cuando en un país, más de veinte millones de trabajadores ganan entre uno y dos salarios mínimos, es decir perciben mensualmente 2,400 o 4,800 pesos; y otros tres y medio millones de personas trabajan sin recibir remuneración alguna pues sólo se mantienen con propinas o comisiones, y al mismo tiempo en los distintos estados del país entre 70 y 80 por ciento trabaja en la informalidad, la crisis es permanente. No hay que buscar mucho para encontrar ejemplos que ilustren la dramática realidad nacional, pongamos un ejemplo reciente, el llamado “nuevo modelo” educativo instrumentado por un policía vestido de civil mejor conocido por el sobrenombre de sargento Nuño. El gobierno habla de “la revolución educativa más importante en casi un siglo”, sin embargo, tal proeza carece de sustentabilidad debido a que la SEP no ha establecido el monto presupuestal que implica la concreción de dicho proceso, el cual aspira a implementarse en la totalidad de los estados de la federación. Se declara que para agosto de 2018, los doscientos mil planteles públicos del país contarán “con sistemas automatizados de control y descarga administrativa, como parte de las acciones prioritarias que se deberán realizar para garantizar una autonomía de gestión a los centros escolares”. Tanto Peña Nieto como el llamado secretario de Educación hablan de “revisar y ajustar”, y se han fijado como “metas” tener las doscientos veinte mil escuelas públicas del país “con una plantilla docente completa”, que todos los planteles con tres o más grupos cuenten con un director y que además ciento diez mil centros escolares se fortalezcan “con subdirecciones y apoyos para la gestión y el acompañamiento pedagógico”; aunque nadie sabe de dónde saldrán los recursos para “tan demagógico y exagerado” anuncio presidencial.

No sólo de pan vive el hombre, también de la palabra gubernamental habrá de subsistir el pueblo mexicano. El sargento Nuño declara como meta llegar a tener treinta mil asesores técnico-pedagógicos, “capacitados para brindar apoyo, asesoría y acompañamiento a todas las escuelas”, aunque mucho se cuida de explicar cómo se hará realidad su oferta. Otro de los desvaríos en los que no se establecen proyecciones presupuestales para concretarlos es que para el ciclo 2017-2018 que inicia el próximo agosto, dicen, habrá 15 mil 270 supervisores que “deberán tener una descarga administrativa” al mismo tiempo que otros 7 mil supervisores deberán propiciar mejoras en la infraestructura escolar. Lo inaudito consiste no en aspirar a objetivos imposibles, sino en que nadie tenga la menor idea de cómo se obtendrán los recursos económicos para tal hazaña.

Por lo pronto ya se señala en diversas instancias que el modelo educativo propuesto no es más que el discurso mediático al que “el gobierno federal y sus instituciones están tan habituados”. De inmediato brotan preguntas acerca de por qué si tanto  importa al gobierno la mal llamada “reforma educativa”, no se comenzó por reformar el aspecto académico y los contenidos, que hubiera sido lo más obvio, sin embargo, lo presentado por el sargento Nuño sólo es un refrito de muchas propuestas del pasado. En el Congreso, el presidente de la Junta de Coordinación Política declaró: “Nos llama muchísimo la atención que ante la terminación, propiamente, del ciclo gubernamental del presidente Peña Nieto, pueda haber logros importantes en materia educativa (…) me parece que está en una etapa en la cual la demagogia pudiera estar gravitando en el manejo del tema”. Por otro lado, al terminar una reunión del denominado Consejo Nacional de Autoridades Educativas algunos de los participantes señalaron: “No sabemos aún qué va a pasar porque no nos han dado específicamente la ruta de acción de lo que va a ocurrir en los siguientes años, pero una vez que la tengamos podremos conocer los desafíos reales”. Otro participante en dicha reunión, el secretario de Educación del estado de Guerrero, declaró: “no contar con los recursos para pagar las promociones asignadas por concurso de oposición para los cargos directivos”. Ante panorama tan borrascoso lo único cierto son las mentiras gubernamentales para justificar la encubierta entrega de la educación del país a la voracidad de los grandes empresarios, para quienes lo único importante es la obtención de mano de obra barata y además calificada, y nunca las condiciones en que se encuentre la educación pública.

Del poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, nacido en 1925, va su poema Salmo 5: Escucha mis palabras oh señor oye mis gemidos/ escucha mi protesta/ Porque no eres tú un Dios amigo de los dictadores/ ni partidario de su política/ ni te influencia la propaganda/ ni estás en sociedad con el gangster // No existe sinceridad en sus discursos/ ni en sus declaraciones de prensa// Hablan de paz en sus discursos/ mientras aumentan su producción de guerra// hablan de paz en las Conferencias de Paz/ y en secreto se preparan para la guerra// Sus radios mentirosos rugen toda la noche// Sus escritorios están llenos de planes criminales y expedientes siniestros/ pero tú me salvarás de sus planes/ Hablan con la boca de las ametralladoras/ sus lenguas relucientes son las bayonetas…// castígalos oh Dios malogra su política/ confunde sus memorándums impide sus programas// A la hora de la Sirena de Alarma/ tú estarás conmigo/ tú serás mi refugio el día de la Bomba// Al que no cree en la mentira de sus anuncios comerciales/ ni en sus campañas publicitarias ni en sus campañas políticas/ Tú lo bendices// Lo rodeas con tu amor/ como con tanques blindados.