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Matrimonios igualitarios

“Agustín Lazo comenzó a morir 21 años antes, en el momento

que dejó de latir el corazón de Xavier Villaurrutia”

Óscar G. Chávez

P retender ignorar las realidades sociales y las necesidades humanas de adaptación imponiendo sobre ellas criterios emanados de posturas irracionales, y de una falsa moral, vertidos por modelos absolutistas y verticales en los que no tiene cabida la tolerancia y antes bien contribuyen a incrementar el retraso en el que entornos como el nuestro se encuentran inmersos, es una realidad que debe ser desterrada de una forma total.

La doble moral y el retroceso ideológico imperantes, al amparo de ciertos sectores conservadores de las iglesias, han impedido la evolución natural del ser humano, así como contribuido en fomentar la intolerancia hacia cualquier sector social que se considera distinto en costumbres observadas y practicadas por una mayoría.

Ser, practicar y pertenecer a sectores minoritarios, e incluso integrarse de una manera armónica –sin tomar necesariamente partido de integración plena a ellos–, en la actualidad puede representar un alto riesgo para quienes por apertura, simpatía y calidad humana participan dentro de esos sectores sin mayores atavismos y barreras culturales.

El rechazo social practicado de una forma permanente contra lo que a los ojos de los normales, representa la otredad, entendiendo por ésta cualquier prácticas distintas a las nuestras y realizadas por el o los otros, es uno de los obstáculos sociales que imperan dentro de nuestros modelos de construcción de sociedades armónicas y con cierto grado de progresismo y civilidad.

Las iglesias cristianas, que de una manera tradicional y lógica debieran ser consideradas como entes que emanan armonía, comprensión, y tolerancia a partir de la premisa ama a tu prójimo como a ti mismo, contribuyen de una forma notable e impresionante a incrementar los rechazos por materia de creencias, o prácticas públicas y privadas, hacia quienes observan un actuar distinto al por ellas predicado.

Intolerancia del viejo cuño, ahora radicalizada, ha sido dirigida de una forma constante hacia todos aquellos que o se han caracterizado por defender sus derechos a partir de sus prácticas o preferencias particulares y/o convicciones encaminadas a participar de una manera activa o discreta en la simpatía abierta y manifiesta hacia estos sectores. No hay por tanto apertura de costumbres, ni se garantiza el elemental respeto a la dignidad humana.

* * * * * *

En este sentido estigmatizar a priori la diversidad sexual, constituye por sí sola una forma de discriminación, y atenta contra las libertades básicas de los individuos; y partiendo de los postulados en que se fundamenta el sistema de creencias de la Iglesia católica, se atenta contra ellos al no ser incluyente sino además rechazar a quienes forman parte de esa diversidad.

La estructura del matrimonio en la actualidad, lejos de incorporar individuos al adecuarse a un sistema incluyente, se ha convertido en una de las formas de exclusión por excelencia que en definitiva debe ser modificada, aceptada e incorporada con carácter de ley a las estructuras sociales de nuestro estado.

El trasfondo de estos matrimonios es la protección jurídica que se otorga a los que participan en ellos como: seguridad social, decisiones mercantiles, beneficios tributarios, y otros.

Nuestra sociedad, sin embargo, con tan poca madurez y carencia absoluta de tacto, se ha cerrado mental y moralmente a lo que desde hace años es una realidad, la formación de sociedades de convivencia entre personas del mismo sexo; bien sabido eran muchas de las relaciones de pareja, existentes dentro de ella. Era preferible callar, ignorar, disimular; vergonzoso por real resultaba ante aquellos que directa o indirectamente se encontraban relacionados con ellas. Pero al parecer el condenar, despojar, y lastimar, no lo es por estar dirigidos contra aquellos que participan de ellas.

Pareciera que la legislatura local de San Luis Potosí, se atreverá a dar un gran paso al aprobar estos matrimonios igualitarios y otorgarles carácter de ley; me atrevo a plantear, que de lograrse, este mismo grupo de diputados que se ha caracterizado por un actuar consecutivo de desaciertos y desacreditaciones, pudiera reivindicarse frente a un amplio sector de la población del estado. Esperemos que diputados como Marianela Villanueva, –lejos de la pataleta que le implicó la no aprobación de su iniciativa de ley mal sustentada–, no hagan actos revanchismo absurdo y demuestren su conciencia social y compromiso con los derechos humanos, votando a favor de esta iniciativa.

Habrá desde luego un número considerable de detractores; ayer mismo fuimos testigos de las protestas efectuadas frente a una de las sedes legislativas por un grupo de ciudadanos virtuosos y guardianes de la moralidad y buenas costumbres. Desafortunadamente su cortedad de criterio les obliga a implementar a los niños como una de las principales armas para señalar lo aberrante de su autorización.

Sabrán que existen niños que han crecido, sido criados y educados dentro de hogares donde la igualdad del sexo en los integrantes de la pareja no ha causado ningún trastorno, y antes bien lo asimilan y observan con la mayor naturalidad. Señalar como remedo de excusa lo contrario es aberrante; sólo la mente torcida y perversa del adulto es capaz de percibir maldad y anormalidad en aquello que percibe ajeno y extraño a sus limitantes culturales.

Es también la misma Iglesia la que contribuye a avivar estos señalamientos de maldad y pecado, al condenar y excluir de los sacramentos –como ya el domingo lo dijo durante la homilía en catedral el señor presbítero–; ¿no sabrán que existe una gran cantidad de sacerdotes pederastas que ocultando sus desviados actuares consagran y ejercen su ministerio? Evidentemente esto no constituye ningún atentado contra su doctrina, ni representa ningún peligro para los virtuosos creyentes que protestaban ayer, por realizarse bajo el amparo y protección de la santa madre iglesia.

Estos ciudadanos que preocupados por la integridad física y mental de los infantes, supongo que son los mismos que protestaron frente al arzobispado cuando se hizo público que el más grande caso de pederastia clerical en México tuvo aquí su origen.

Dejémonos de falsas poses y de moralismos absurdos, a los que somos tan afectos los potosinos, los matrimonios igualitarios son una necesidad derivada de una realidad a la que no podemos ser ajenos. Inclusión, respeto y tolerancia.