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Me cogió, al estilo de quien sujeta un lápiz

Luis Ricardo Guerrero Romero

L o tengo, Ángel y cuerpo, Pienso en él como en mí. Inyecta las grafías, Zozobra de sombras. El lápiz.

Es complicado intentar escribir sobre el lápiz o quizá debo decir, escribir acerca del lápiz, aunque sea éste el que ha escrito de todo, –dotándolo de cualidades antropomórficas. Sabemos indudablemente que con un lápiz centenas de genios han plasmado, ya en letras, ya en dibujos ilusiones de millones de mortales. No de manera tan genial pero sí creativa imaginemos las escenas de una niña que cogió lápiz y recreó el estilo de Julio Ruelas en la sala familiar, o aquella otra en donde un adolescente alterado mordió la decepción al mirar que una vez más reprobó laboratorio de la miss Dulce. Hay muchas especies de lápices: el lápiz que duerme en el cajón de una papelería, el que espera el aroma del café en la oficina, o quizá aquel coronado de goma rosa, accesorio en la oreja del carpintero. Delgadas estacas amarillas, azules, negras o bien desnudas, que punteadas se desgastan para dar vida sustanciosamente oscura, siendo la sombra de la voz.

La relación entre un lápiz y un papel es semejante al cine en sus primeras épocas a blanco y negro, estampas mudas que dicen todo en forma silenciosa. Todos sabemos que su contenido es un mineral: grafito, y esta alma negra es la que da tanta pureza y catarsis al hombre, que paradoja una piedra que ha hecho temblar a toda la humidad, a todo aquel que deseó hacerlo. Una piedra, un guijarro que de la tierra surge. Es semejante a esa experiencia sartreana que se describe en La Náusea: “Y procedía de un guijarro, […] pasaba el guijarro en mis manos. Sí, es eso, es eso; una especie de náusea en las manos”. Madera y carboncillo que a la tecnología soslaya –el de puntillas nunca será lo mismo.

Este sustantivo lápiz no ha variado mucho en la forma de escribirlo, ya desde la antigua Roma conocemos que la voz latina lapis, generó lápiz. Es de obviar que esto significa piedra, así como, lápida o lapidar, es un guijarro, una náusea en las manos, pero lapis es también escultura, por ejemplo: Iuppiter lapis, estatua de Júpiter. El lápiz es una estatua a la escritura, es más bien un monumento a la creación humana. La idea del lápiz como piedra puede al igual venir del sustantivo griego: λεπας (lepas), roca o monte. Aunque el cambio de vocales resulta demasiado complejo de entender. No obstante el cambio en la palabra latina y español de las consonantes: /s/ a /z/ al final de la palabra, puede interpretarse ya por su enunciación en plural (lápices) y la regla de la z, ya por el traslado al sonido castellano de la fonética española.

Pienso que el uso del lápiz es ineluctable para cualquier persona que tenga el apetito por crear algo, para el arquitecto, o la costurera, para el médico, el albañil, para los novios que desean crear vida y que iniciaron su romance con un recadito o una carta.

El lápiz no enseña a ser verdaderos seres humanos, éste se inclina para crear, se deja manejar con humildad y con esa misma sencillez se va desbastando para ser más fino y cumplir su misión en la vida, pero también es consciente de que hay errores los cuales borra suavemente con la cabeza, y si llega a quebrarse se hace más fuerte, se duplica.