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Me lo insinuó

Luis Ricardo Guerrero Romero

De esas veces en que uno imagina que le dicen y no le dicen, de esos días en que lo que parece obnubilado se esclarece por la insinuación, quiero decir, de cuando a pesar de las cosas buscamos en lo rebuscado y torcido un aspecto grácil, recto. Esos días en que la insinuación se posa coronando todo delito.

Como ya es de obviarse estar insinuándose a alguien exige de bastante abstergía, es decir es propio limpiar el escenario. De allí que desde esta misma acción que se perpetúa en su infinitivo insinuar no se entenderá antes de lo sinuoso. Es por eso por lo que estoy aquí como uno de los más prolijos peritos del Estado, filólogo y lingüista por convicción.

Comúnmente entendemos por sinuoso aquello torcido, o lleno de pliegues, pero también lo lleno de senos, algo que se trata de ocultar. La misma palabra seno alude a esto. Desde las culturas de Grecia y Roma algunas túnicas llevaban descubierto el costado izquierdo, los pliegues de la tela estaban sinuosos, esto causó también lo siniestro, es decir lo opuesto a lo diestro.

Elemental, los vestidos hacían que mostraran un pecho, el izquierdo, un seno. A la fecha hay vestidos sensuales y elegantes que conservan este corte sinestro, aunque para algunas mujeres el querer ocultar (lo sinuoso) no es preocupación sino necesidad, gusto, provocación maquillada.

Ahora bien, si alguien se insinúa a alguien lo primero que debemos notar es el desmembrar la palabra insinuar. Sinuo en latín quiere decir doblar o ver algo en forma de arco, figura de montaña; e in, como prefijación significa dentro, lo que está adentro de lo torcido, dar a entender algo sería insinuar.

Lo que se insinúa no está del todo claro, pero allí está esperando para que alguien lo revele, ese es mi trabajo como perito forense, soy el intérprete de las insinuaciones.

En un poema de Miguel Hernández leemos la insinuación: “Me tiraste un limón, y tan amargo, con una mano cálida, y tan pura, que no menoscabó su arquitectura y probé su amargura sin embargo”.

(Nota: La forma del limón de España difiere en tamaño y color al limón típico de México). Miguel Hernández con seguridad lamenta y anhela la experiencia de cuando alguna mujer le mostró un pecho prominente ante sus ojos, pero ésta, no le permitió más que el placer del sentido visual.