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Me torna tu voz

Luis Ricardo Guerrero Romero

Dinnika era la mejor de las mujeres eslovacas que había conocido en esa página “tuparejarusa.com”, no entendí por qué se consiguió ese trabajo siendo una mujer tan lista. Cierta ocasión, recién la conocía, me invitó a la pijamada que organizaba para los niños de los suburbios, para ella, era una actividad que ayudaba tanto a los papás, como a los niños. No sé de dónde sacó los permisos o cómo logró convencer al dueño del mercado popular para que le prestase el establecimiento y llevar a cabo su iniciativa altruista, en donde se podían ver mensajes extraños colocados en la pared: Utinam veniat. Tibi dicam ubi venero. Dedi ei gladium ut pugnaret. Vulneratus dux. Sinceramente, para mí, era tan extraño leer esos mensajes que, lo primero que asoció mi mente era cosa del diablo, aunque Dinnika siempre llevaba consigo un dije de mandorla, por mi mente jamás había pasado la suposición de que tan linda mujer obrara con esas cosas de poca monta. –Entonces, ¿usted no vio a dónde se fue al amanecer? No, ya se lo dije, yo decidí salir de allí porque el establecimiento carecía de WiFi, y mi intriga por traducir esos mensajes fue mayor, y sólo recuerdo que Dinnika, contaba historias extrañas y acariciaba con sincera ternura a los niños, con especial interés mostraba su cariño con el niño que lleva un tatuaje en el brazo izquierdo, que según cuentan fue una promesa de un guadalupano al saber que su niño no venía sanito. –¿Dinnika, le mencionó algo sobre este último mensaje destinado para usted? Tomé el papel estraza: Magna me spes tenet, iudices, bene mihi evenire quod mittar ad mortem (creo con grande esperanza, jueces, que es para mí un bien el ser enviado a la muerte). Dinnika con su mano cerró mis ojos, que ya se tornaban blancos hacia a mi interior.

Quizá el plan de Dinnika era envolver a este sujeto que pudo localizarla por medio de la página electrónica ya mencionada, quizá y sólo quizá, todo lo que sucedió a nuestro ya finado personaje era para explicar que, la palabra torno, tiene varias acepciones, y una de las más usadas es la que refiere al sentido de volver, y bien se puede volver a la nada, de donde estuvimos siendo parte de nada, o bien volver al origen, en donde no hay más que origen. La voz torno, ha construido palabras tan comunes como: contorno, retorno, torneo, entorno, tornasol, entre otras; pero aquí hacemos mención que dicho verbo ya castellanizado es fruto, como muchas de nuestras palabras, de los actos bélicos, al parecer a nuestro idioma en gran medida lo parió la reyerta. Con lo anterior pretendemos explicar que la palabra torno, según Teófanes de Mitilene, obedece a las órdenes que se daban en el combate, ya que, cuando los soldados parecían perder provisiones se gritaba: τορνα; ρετορνα (torna); pero con el sentido de media vuelta, así como nos enseñaron en la primaria en la escasa instrucción de orden cerrado: ¡media vuelta, ya! Es decir que tornar, es un sentido de media vuelta, medio círculo, suerte de la figura que llevaba Dinnika en su cuello, la mandorla. En suma a lo dicho, se conoce que en el antiguo griego la voz τορνος (tornos), asimismo indicaba compás o movimiento circular, es decir que, esta noción es un semejante de la idea de lo circular. Dibujar el contorno de una figura, no es la silueta, sino cerrar la figura desde donde se inició, es un ciclo. Hay sin duda por divagar aún más sobre esta palabra, pero sirva esta La Jornada San Luis como tornavoz de la pesquisa literaria y filológica, y tornavoz de mucha y más genuina información.