Móvil político, en el asesinato de Alfonso Ordaz, asegura el PAN
14 abril, 2015
Semejanzas
14 abril, 2015

Memorial del fuego

Óscar G. Chávez

Q ué es la vida sino una efímera transición de actos que discurren entre lo aprendido y lo practicado. Qué es la vida sino un constante ejercicio memorístico en que el actor principal –el ser humano– sostendrá una lucha paulatina entre pasado y presente; búsqueda inagotable de respuestas surgidas frente a la andanada inmisericorde de interrogantes derivadas de una mayor que es la vida.

La vida como la tradición oral se adecúa a la memoria; se modifica, se altera, se construye, se adapta, se acrecienta, se mutila, se elimina, se rescata, se difunde. Proceso que permitirá que el hombre tome consciencia de su rol dentro de la sociedad en la que vive inmerso. Proceso que lacera, porque engendra; proceso que destruye, porque edifica; proceso que quema porque es un fuego que implica un inmutable recuento de actos que se suceden inexorablemente. Memorial del fuego.

Es el fuego el elemento que semiológicamente se encuentra vinculado a procesos creativos y destructivos. El fuego como elemento purificador; el fuego como elemento de origen; el fuego como elemento de libertad, que paradójicamente retiene, hipnotiza, embelesa, cautiva, atrapa, por tanto es también elemento de esclavitud. Esclavitud que sin embrago carece de limitantes por ser dinámica, por ser voluntaria, por ser liberadora.

Qué sería de las arcaicas mitologías sin la figura del fuego. Qué sería del hombre sin este elemento al que desde tiempos inmemoriales rinde culto por ser un reflejo exponencial de la vida misma. Qué es la vida sino chispa, llamarada, brasa, cenizas.

Hoy la flama del escritor Eduardo Galeano se ha extinguido. Su obra, sin embargo, como en otras ocasiones, permanecerá en la memoria escrita de la humanidad; testimonio invaluable de la evolución histórica de los pueblos americanos.

La vida de Galeano, a diferencia de muchos escritores de izquierda, transcurre entre el desempeño de oficios vinculados históricamente con las clases trabajadoras; fue pues un escritor formado en la consciencia de las necesidades básicas de subsistencia. La protección del hogar de clase alta, en el que nace, no le representó obstáculo para involucrarse de manera directa con la problemática abordada en su obra.

Sensible a la situación por la que atravesaron los países de América Latina, convirtió sus textos en un arma de denuncia que incomodó a las dictaduras militares sudamericanas. La situación mexicana tampoco escapó a su crítica; su último texto sobre México fue publicado en el diario La Jornada el cuatro de diciembre de 2014.

Leo y comparto, título del texto, aborda los sucesos de Ayotzinapa y resume la situación por la que atraviesa el país.

En él, al tiempo que habla de la indignación y solidaridad producida en la sociedad mexicana, que debieron ser interpretadas como una indignación solidaria y una solidaridad indignada, hace evidente el rechazo que este tipo de manifestaciones genera en los primeros actores políticos: El presidente y su esposa, la Gaviota por su nombre artístico, practican la sordera de lo que no les gusta escuchar y disfrutan la soledad del poder.

No escapó a la percepción del uruguayo la elaboración de discursos intimidatorios en la retórica oficial: Además el presidente condenó “la violencia y otros actos abominables cometidos por los que no respetan la ley ni el orden”, aunque no aclaró que esos maleducados podrían ser útiles en la fabricación de discursos amenazantes.

Sobre el mismo tema, la dosificación de la violencia generada por el estado, rescató una cita del Tribunal Permanente de los Pueblos: Los gobernantes han perdido el control del miedo; la furia que han desencadenado se está volviendo contra ellos.

Considero que uno de los puntos que no hemos alcanzado a comprender y asimilar en México, como sociedad, es la administración de la violencia propiciada por el Estado; ya que ni él mismo como ente generador ha logrado analizarse de una manera total.

La violencia estatal, como recurso de inestabilidad, represor y arma política, instrumento de uso permanente dentro de las dictaduras de derecha experimentadas en el hemisferio sur en décadas anteriores, es una faceta no conocida en nuestro país que no ha sufrido el embate de estos modelos políticos. Sin embargo, la instauración de la derecha aplaudida por muchos que paralelamente claman por su instauración, es una realidad nada lejana y totalmente factible en nuestro país.

La torpeza de las directrices políticas instauradas y desarrolladas por el aparato oficial, sumadas a la división constante de una falsa izquierda sin bases ideológicas sólidas, generan un ambiente propicio para el ascenso de modelos de derecha vinculados enteramente con propuestas neoliberales que no hacen otra cosa que empobrecer al país a partir de sus inherentes métodos de explotación a las clases bajas.

Las venas abiertas de América Latina, es una realidad que no pierde vigencia, es el más claro y diverso ejemplo de los constantes métodos de explotación experimentados en América durante su evolución histórica.

Sin detenernos en la fiabilidad del respaldo sólido, que ha sido la crítica repetitiva a la obra de Galeano, la metodología propuesta puede ser aplicada a cualquier espacio geográfico y político existente en el continente; México no es la excepción; antes bien representa uno de los modelos que puede ser utilizado de forma recurrente.

Al recordar a Galeano y su obra, no podemos pasar por alto al autor que tuvo las suficientes ética y honestidad para reconocer que los datos utilizados para la elaboración de su obra eran equívocos, y por consiguiente parte de su obra –a la que además calificó como pesadísima–, lo era. En el mismo sentido nos encontramos a un escritor que ubicó a la misma como producto de un discurrir cronológico en el que él se encontró inmerso al escribirla; sin embargo lejos de mostrar arrepentimiento mencionaba una superación –y alejamiento– de ese proceso creativo en medio del que surgió la obra.

Importante lección la de un autor que aprendió –a partir de los errores– a analizar su pasado y elaborar una serie de propuestas para nuevas obras, sobre las que formuló diversas expectativas; propuesta que no le vendría mal al modelo político que conduce a la sociedad mexicana.

La ausencia física de Eduardo Galeano, y el nuevo auge de la obra –derivado de su óbito–, más que una invitación a releerla, constituye un momento para reflexionar sobre el entorno pasivo e indiferente que impera en un país cuyas venas expuestas sus políticos desangran a borbotones, amenazando con vaciarlas y dejarlo convertido en un cadáver.