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México SA: Salario mínimo a Basilio

reforma energética

Año tras año la exigencia de los trabajadores es que al inamovible presidente de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (Conasami), Basilio González Núñez, se le pague un mini ingreso de sueldo –de esos que él aprueba– para que sepa lo que se siente y viva en carne propia el alcance real que tiene lo que él llama “recuperación del poder adquisitivo”. El reclamo abarca a toda la clase política, pero el susodicho sería un buen comienzo.

Pero como en este país nadie hace caso de las exigencias de los presuntos gobernados, este “servidor público”, que lleva un cuarto de siglo abrazado al hueso y destrozando el ingreso de los trabajadores, mensualmente obtiene un sueldo equivalente a 82 salarios mínimos, más prestaciones, sin que alguien meta la mano por violar permanentemente el mandato constitucional y para removerlo del puesto.

Y no hay quien se anime, porque gobierno, patrones y “líderes obreros” están felices con su desempeño pues, en ese orden, salarios bajos garantizan menor inflación, mayores ganancias y mejores mordidas. Por todo ello consideran que en 2016 con un salario mínimo diario de 73.04 pesos “se tendrá nuevamente una recuperación en el poder adquisitivo de los trabajadores”.

Pues bien, el Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la Universidad Nacional Autónoma de México facilitó a México SA una de sus encuestas “para determinar la canasta de bienes de uso y consumo de la clase obrera”, fechada en agosto de 1978, año en el que el salario mínimo diario era de 103.49 pesos, o si se prefiere 3 mil 105 pesos mensuales.

Tal mini ingreso equivalía, al tipo de cambio de esa fecha, a 5 dólares con 31 centavos. En 2015 ese mismo mini ingreso, medido en dólares, es de 3.96 billetes verdes, monto 35 por ciento inferior al prevaleciente casi cuatro décadas atrás. Sólo como referencia, el salario mínimo diario en Estados Unidos (con el que el gobierno mexicano y los empresarios nacionales “equiparan” todos los precios internos, menos el de la mano de obra) es de 58 dólares, casi 15 veces más que en el país en el que se “recupera el poder adquisitivo” (Basilio González dixit).

Pero bueno, la citada encuesta del CAM aporta elementos significativos para saber qué tanto se ha “recuperado” el poder adquisitivo del salario. En agosto de 1978 el obrero encuestado reconoció obtener un ingreso semanal de mil 200 pesos, es decir 171.43 pesos por jornada. Su área laboral era la de mantenimiento industrial en una empresa que años después se “comió” la crisis económica.

Ese obrero mantenía una familia de cuatro integrantes. Sólo él trabajaba, la señora se dedicaba a las tareas del hogar y los dos hijos estudiaban, y declaraba cierta holgura a la hora de adquirir lo principal: alimentos. Obtenía un ingreso equivalente a 1.66 veces el salario mínimo de entonces (para 2016 por esa misma chamba nominalmente obtendría 102.01 pesos, pero su poder adquisitivo real equivaldría, si bien va, a cerca de 20 pesos de 1978).

En agosto de tal año, con un ingreso de mil 200 pesos semanales, ese obrero adquiría un kilogramo y medio de tortilla a 5 pesos (poco menos de 3 por ciento de su ingreso diario; hoy ese mismo producto, con idéntico volumen, representa 26 por ciento del salario mínimo); un kilogramo de bistec a 60 pesos (hoy cuesta entre 140 y 150 pesos, y no de la mejor calidad); un par de camisas costaba cien pesos, una pluma para la escuela 3 pesos y un lápiz 1.20, y así por el estilo.

Ese mismo obrero declaraba que la casa donde vivía era propia, con dos recámaras, un baño, sin cocina construida para ese uso específico, con agua entubada y servicio de energía eléctrica (50 pesos bimestrales por el consumo, mismo precio que cubría por un tanque de gas de 20 kilogramos). Llevar a su familia al cine le representaba un gasto de 25 pesos por los cuatro integrantes (incluidas palomitas y refresco), y declaraba que su ingreso “ya no alcanza para nada”.

Declaraba que su gasto semanal, para mantener la casa en funcionamiento y su familia con el estómago medio lleno, sumaba 873 pesos (la mitad sólo para alimentos), sin considerar “los gastos de la luz, el gas, el abono y todo lo demás”. En ese entonces, el CAM apuntaba a pie de página que el multicitado obrero “prácticamente obtiene un ingreso para lo más indispensable y no es posible prever un progreso inmediato”.

En 1978 el poder adquisitivo del salario mínimo diario (103.49 pesos) era infinitamente superior al de hoy (70.10 pesos), y aun así el nivel de vida de los mexicanos con ese nivel de ingreso dejaba muchísimo que desear. Pero casi 40 años después, con una inflación acumulada desde entonces de 227 mil por ciento, Basilio González, el Consejo de Representantes (integrado por gobierno, patrones y “líderes obreros”) y la Conasami en su conjunto aseguran que con el “aumento” de 2.94 por ciento “el poder adquisitivo del salario mínimo se sigue recuperando”.

Y para dar una idea de cómo “se ha recuperado”, el comparativo es de terror: de 1978 a la fecha la inflación oficial ha sido (información del Inegi) de 226 mil 666.44 por ciento, mientras en igual periodo el “aumento” acumulado al salario mínimo (incluido el de 2016) ha sido de 70 mil 476.86 por ciento. Es decir, la inflación se ha incrementado a un ritmo 3.22 veces mayor al del salario mínimo. De ese tamaño es la “recuperación”.

El propio CAM lo ha documentado: con un salario mínimo en 1982 se adquirían cerca de 19 litros de leche; al 13 de octubre de 2015, con el mismo salario mínimo, apenas se compraban 4.6 litros. El mismo ejercicio se puede realizar con otros productos básicos: 51 kilogramos de tortilla en aquel entonces, contra 6.3 kilogramos ahora; 7 litros de aceite contra 2.6 litros; 280 piezas de pan blanco contra 42; 8.5 kilogramos contra 2; 12 kilogramos de frijol contra 3, y así por el estilo.

A estas alturas se requieren dos salarios mínimos diarios para adquirir un kilogramo de bistec de res (no de la mejor calidad), por lo que “es inalcanzable para la gran mayoría de la población mexicana, pues se ha convertido en un artículo de lujo, como muchos otros, para las familias trabajadoras. Ello muestra el incremento y profundización de la pobreza en México. Con el salario actual se compra una menor cantidad de estos productos, sacrificando así parte del consumo y la salud de las familias”.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Dice Aurelio Nuño: “no me prestaré al show político de la CNTE”. Pues sí, porque él sólo se presta al “show político” de EPN… Y en otro “show”, el de la “volatilidad pasajera” (Videgaray-Carstens dixit), el dólar a 17.65 pesitos.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.