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México: estado de indefensión

Renata Terrazas

E n este país ser joven es peligroso; ser mujer, también. Ser pobre es delito; opinar distinto, un crimen. México es un país en donde solamente un minúsculo grupo de personas tienen cabida, los demás sobramos.

Las personas en este país somos vulnerables, ya sea frente al crimen organizado o frente al Estado. Las probabilidades de ser víctima de uno u otro se incrementan si se es joven, mujer, indígena, pobre o migrante. Últimamente la saña se ha dirigido a aquellas personas que denuncian los abusos de autoridad, que se enfrentan a las injusticias o que protestan contra acciones del gobierno dirigidas a beneficiar a los menos.

Hoy observamos a un México muy distinto al que mi generación creyó ayudar a construir cuando recién cumplíamos la mayoría de edad. Quince años después de la primera ocasión en la que ejercí mi derecho al voto, veo a un país muy lejos de la democracia prometida. Más allá de una aparente apertura de los gobiernos, lo notorio es un Estado débil; tan débil que se sostiene con gobiernos autoritarios.

¿Cómo pensar que lo que en Veracruz se vive es democracia? cuando es uno de los estados más peligrosos para ejercer el oficio del periodismo o ser defensor de derechos humanos. Las condiciones para ejercer la crítica en aquel estado son ínfimas; en Veracruz el poder se ejerce a costa de sus ciudadanos.

Desde el año 2000 en este estado han asesinado a 16 periodistas; cuatro se encuentran desaparecidos y al menos 37 han tenido que exiliarse para proteger su vida. Sin poder identificar a los culpables detrás de este clima de persecución a la prensa y a la protesta social, queda clara la responsabilidad de sus gobernadores.

El clima de impunidad en la entidad hace permisible que se mate con libertad, sin miedo a la autoridad ni a lo que pueda pasar. Las propias declaraciones del actual gobernador, Javier Duarte, no sólo incrementan el clima de impunidad hacia los crímenes contra los reporteros, sino que parecen invitar a que éstos sean cometidos.

En junio de este año Duarte dijo de manera pública que los reporteros en malos pasos son a los que se asesina. Con estas declaraciones intenta lavarse las manos y que la culpa de los homicidios recaiga en las propias víctimas. Esta estrategia de vincular a las víctimas con el narco ha sido un intento desde el sexenio de Calderón para evadir la responsabilidad de los gobiernos de proteger a su gente.

En el caso de los asesinatos ocurridos en la colonia Narvarte en la Ciudad de México, la estrategia parece ser la misma. Tanto autoridades como propios medios de comunicación han buscado crear una historia que apunte hacia cualquier pista excepto a aquella que sitúa a Duarte como principal responsable.

Tanto Rubén como Nadia, dos de las cinco personas asesinadas, habían denunciado amenazas contra su vida que derivaron en el autoexilio de Rubén en la Ciudad de México.

Por años, especialmente a raíz de la declarada guerra contra el narco de Calderón, en 2009, la Ciudad de México fungió como refugio para aquellos periodistas, defensores de derechos humanos y líderes sociales que eran perseguidos por sus gobiernos o por el crimen organizado. Bajo la protección de la capital del país, en la ciudad de los derechos, varias personas buscaban rehacer su vida o tomarse una pausa en lo que el contexto cambiaba.

Los asesinatos de Rubén, Nadia, Yesenia, Alejandra y una mujer aún sin identificar sorprendieron a la Ciudad de México y su gente; por la saña, por el número de involucrados, por tratarse de dos personas amenazadas que huían del estado de Veracruz; por haber sucedido en la Benito Juárez. Es la primera ocasión en la que un periodista que huye de un estado es asesinado en la Ciudad de México.

Lamentable ha sido leer notas de algunos periódicos en donde han intentado criminalizar a las víctimas, ya sea vinculándolas con los victimarios, responsabilizándolos de su propia muerte por características de su personalidad o incluso desviando la atención con prejuicios de nacionalidad o género.

En un momento en donde se esperaba que la prensa fuera solidaria, ésta se ha dividido entre los que tienen respeto por el gremio y la vida de las personas, y quienes prefieren seguirse mostrando cercanos a los ámbitos del poder que los alimenta. Notas de Reforma y La Razón publicaron información falsa y se enfocaron en supuestos hábitos de las víctimas, cómo si ello justificara el ser asesinado.

¿Qué tan fuerte es la sospecha del vínculo de los homicidios con las amenazas recibidas a Rubén y Nadia que ha movilizado a autoridades y prensa a señalar de manera tan rápida hacia otras posibles sospechas? Las autoridades tendrán que investigar con diligencia y encontrar a los responsables, aunque de manera desafortunada sabemos que si Duarte tuviera algún tipo de responsabilidad, jamás sucedería algo.

En México vivimos en un estado de indefensión, ya sea que seas periodista, mujer, joven, defensor de derechos humanos o un simple estudiante que volaba a México. La justicia parece estar diseñada para fabricar líneas de investigación, ya sea exculpando a criminales o inculpando a gente inocente como es el caso de Óscar Montes, acusado de transportar droga hacia México, sin evidencia clara de su responsabilidad.