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México: PIB: cuesta abajo

reforma energética

Y a no sorprende a nadie, pero sí  preocupa a todos, porque la expectativa económica nacional se mantiene cuesta abajo, con lo que 2014 pasaría a formar parte del de por sí grueso inventario de años y años con resultados raquíticos, por no decir inexistentes.

Por muchos discursos churriguerescos que, un día sí y el siguiente también, pronuncian los integrantes del gabinetazo peñanietista, la cruel realidad no deja de pasar la factura, pagada, íntegramente, por la población, no por el gobierno.

En este 2014, tal cual sucedió en 2013, la norma ha sido, mes tras mes, el recorte a la estimación oficial de “crecimiento” económico, y los tijeretazos han sido practicados por organismo financieros internacionales, instituciones empresariales y académicas, sin olvidar la poda en el nivel de bienestar de la población.

Entre lo más reciente destaca el nuevo recorte (el número diez en igual número de meses del año, hasta octubre) practicado por los 38 grupos de análisis y consultoría económica del sector privado nacional y extranjero consultados permanentemente por el Banco de México, los que a la tradicional debilidad por ellos registrada en el ámbito meramente económico, ahora añaden el tenebroso ingrediente de la inseguridad en el país

Este último elemento nunca fue descartado por dichos grupos de análisis y consultoría, pero sí relegado a un tercer plano en el cierre de 2013. Diez meses después lo ubican en primerísimo lugar como obstáculo para el crecimiento económico del país, toda vez que en ese periodo los problemas de inseguridad registraron un crecimiento cercano a 100 por ciento, y más de 300 por ciento si se compara octubre del año pasado con igual mes de 2014.

Lo que a lo largo de los meses y de los años los especialistas no han apagado son los focos rojos que, como obstáculo para el crecimiento económico, significan la debilidad del mercado interno, la política fiscal que aplica el gobierno federal y la debilidad del mercado externo y la economía mundial, factores que ocupan la segunda, tercera y cuarta posiciones como elementos negativos para el avance del país.

Por primera vez en cuando menos un año y medio, los grupos consultados por el Banco de México advierten sobre el problema que para las finanzas públicas representa la debilidad en el precio del crudo de exportación, el cual, dicho sea de paso, ayer cerró en 74.42 dólares por barril, 15 por ciento menos con respecto al inicio de octubre de 2014.

Llama la atención que los multicitados grupos de especialistas releguen a un muy lejano plano la que denominan ‘‘incertidumbre política interna’’. Para efectos de su análisis, todo indica que los terribles acontecimientos en Ayotzinapa y Tlatlaya, más el movimiento estudiantil en el IPN y lo que se acumule no son factores preocupantes en el tema económico, aunque a estas alturas hasta los eternamente insensibles genios de la sagrada familia financiera del sector público ya sienten los pasos y el peso de la circunstancia.

El hecho es que la combinación de factores negativos, con acento en los problemas de inseguridad en el país, motivaron a los referidos grupos de especialistas a sacar la tijera y aplicar un nuevo recorte a la estimación sobre el crecimiento económico en el presente año: de 2.47 por ciento en septiembre la redujeron a 2.3 por ciento en octubre, y dada la dinámica nada raro sería que al cierre del año tal proporción se ubique en 2 por ciento o incluso por debajo de esa cota.

De enero a octubre de 2014 su estimación sobre el crecimiento económico del país se desplomó de 3.41 a 2.3 por ciento, y descontando, un recorte equivalente a 32.5 por ciento en el periodo. Si su más reciente cálculo fuera correcto (y todo apunta a que no lo es, porque aún restan dos meses de tijeretazos), en el primer bienio del gobierno de Peña Nieto la tasa promedio anual de “crecimiento” sería de 1.7 por ciento, aunque es previsible que no pase de 1.5, es decir, por debajo de la raquítica proporción registrada durante el calderonato.

De la “sólida” perspectiva económica mexicana (con todo y “reformas históricas”) da cuenta el pronóstico de los propios grupos de especialistas consultados por el Banco de México, toda vez que para 2015 ya utilizaron las tijeras. Al cierre de 2013 estimaron un crecimiento de 3.97 para 2015, pero en su más reciente análisis redujeron tal proporción a 3.72.

Los grupos de especialistas consultados por el Banco de México revisaron hacia arriba sus expectativas sobre la inflación general para el cierre de 2014, y lo propio hicieron la correspondiente a 2015. Así, para el presente año el Banco de México incumpliría su meta en esa materia, aunque esperan que en el próximo el crecimiento de precios se mantenga en un rango “aceptable”.

Por lo que toca al mercado laboral, en octubre pasado la variación prevista por los citados grupos en cuanto al número de trabajadores asegurados en el IMSS (permanentes y eventuales urbanos) para los cierres de 2014 y 2015 aumentó con respecto al mes previo (617 y 691 mil plazas, respectivamente). La expectativa sobre la tasa de desocupación nacional para el cierre de 2014 permaneció en un nivel cercano a los de la encuesta de septiembre (4.61 por ciento de la población económicamente activa), y para el cierre de 2015 aumentó (4.38 por ciento).

En fin, desde que a los mexicanos les prometieron el ingreso al primer mundo, la economía mexicana ha ido de mal en peor. Hace dos décadas crecía a una tasa promedio anual de 3.9 por ciento; el siguiente sexenio, el de Zedillo, tal proporción bajo a 3.5, con Fox a 2.3 y con Calderón a 1.8. Ahora, más “moderna” y “reformada” que nunca, presumen 1.5 por ciento de promedio. El problema se agudiza cuando es conocido que hace poco más de tres décadas –antes del prometedor cambio de modelo– la citada tasa sobrepasaba el 6 por ciento anual, que es la proporción mínima que el país requiere para comenzar a salir del hoyo en el que cayó 32 años atrás.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

¿Hacia dónde va la economía nacional, y junto a ella el de por sí deteriorado bienestar de los mexicanos? No es difícil suponerlo, porque desde que en Los Pinos se instaló el México “moderno y reformador” todo se ha manejado con el mismo manual, la misma destartalada bola de cristal y con idéntica famiglia, y el declive ha sido permanente y el resultado desastroso. Pero insisten, como si el horno estuviera para bollos.