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México SA: Conasami atraca de nuevo

reforma energética

Con la cara más dura que el concreto, la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos reivindica su decisión de “aumentar” 2.94 pesos el mini ingreso, porque “se tendrá nuevamente una recuperación en el poder adquisitivo de los trabajadores de más de un tercio de la inflación esperada”. Dicho poder adquisitivo acumula una pérdida cercana a 80 por ciento, pero tal organismo celebra que “nuevamente” se “recupera”. ¿En serio?

A partir del primer día de 2016 el salario mínimo general será de 73.04 pesos por jornada laboral, es decir dos pesotes con 94 centavos más que en el presente año. Y la Conasami lo decidió así, porque, dice, “el consejo de representantes resolvió este incremento (por unanimidad) considerando que en 2015 la inflación será de alrededor de 2 por ciento, de acuerdo con la información que el día de hoy (viernes pasado) nos diera a conocer el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, con lo cual el poder adquisitivo del salario mínimo tendrá una recuperación de 4.8 por ciento, más del doble de la inflación señalada” (dicho sea de paso, el organismo que por ley “mide” la inflación es el Inegi, no el Banco de México).

Eso sí, “la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos continuará estudiando la forma de avanzar en la recuperación del poder adquisitivo del salario mínimo tomando en consideración la productividad, y sin que se afecten el empleo y las demás variables económicas fundamentales”.

Por “estudios” no para, pues desde octubre de 2014 se comprometió (mediante la creación de la “Comisión Consultiva para la Recuperación Gradual y Sostenida de los Salarios Mínimos Generales y Profesionales”) a encontrar la “forma de avanzar” en tal sentido y “encontrar los mecanismos viables y sostenidos” con ese objetivo, para lo cual presentaría su informe en abril de 2015. Antes de esa fecha anunció que posponía la entrega para octubre del mismo año, y recientemente la recalendarizó a junio de 2016.

Largas y más largas públicamente, aunque en los hechos la tarea de la Conasami es mantener a los salarios mínimos en el suelo, con la complicidad de gobierno, patrones y “líderes obreros”, en el entendido de que la baja inflación que registra el país se ha logrado a costillas del hambre de millones de mexicanos.

¿Qué podrán comprar los trabajadores con un “aumento” de dos pesotes con 94 centavos, en el entendido de que prácticamente la totalidad de ese ingreso se destina a la adquisición de comida? Pues bien, de acuerdo con las cifras más recientes de la Central de Abasto (el gran “estómago” de la nación), con ese “incremento” podrán adquirir menos de la mitad de un plátano macho, una naranja mediana, el 10 por ciento de una piña, 80 gramos de cacahuate, 29 gramos de chile ancho, 200 gramos de frijol, 20 gramos de bistec de la mejor calidad y así por el estilo, siempre y cuando compren al mayoreo.

Como bien ha documentado el Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM, de 1982 a la fecha el poder adquisitivo del mini ingreso se ha pulverizado. Con un salario mínimo en 1982 se adquirían cerca de 19 litros de leche; al 13 de octubre de 2015, con el mismo salario mínimo, apenas se compraban 4.6 litros, y descontando. El mismo ejercicio se puede realizar con otros productos básicos: 51 kilogramos de tortilla en aquel entonces, contra 6.3 de ahora; 7 litros de aceite contra 2.6; 280 piezas de pan blanco contra 42; 12 kilogramos de frijol contra 3, y así por el estilo. Entonces, con el “aumento” para 2016, ¿en serio se “recupera” el poder adquisitivo del mini ingreso?

En la primera mitad de la actual administración, el “incremento” al mini ingreso suma 7.77 pesos y 10.71 pesos si se considera el “aumento” para 2016, pero a Basilio González, presidente de la Conasami, lo anterior le tiene sin cuidado, porque su ingreso bruto oficial es de 173 mil 436 pesos mensuales (más prestaciones), o lo que es lo mismo, el equivalente a poco más de 82 salarios mínimos, amén de gozar de presupuesto para pagar sus comilonas y del pleno reconocimiento de gobierno, patrones y “líderes obreros” por mantener al salario mínimo en el congelador y a los trabajadores muertos de hambre.

Para 2016, pues, un salario mínimo diario de 73.04 nuevos pesos, o si se prefiere 73 mil 40 viejos pesos, tiempos aquellos en los que todos en este país eran millonarios, y unos pocos multimillonarios, como ahora.

Lo anterior viene a colación porque en la entrega del viernes pasado en México SA se comentó que el precio del dólar alcanzó nuevo máximo histórico al venderse a 17.70 pesos, que en realidad son 17 mil 700 pesos. Aquí cabe una precisión, porque la generación nacida en 1993 de plano no tiene ni idea de qué se trata. Entonces, va un recuento para su mejor comprensión.

El 22 de junio de 1992, el Diario Oficial de la Federación publicó un decreto presidencial (Carlos Salinas de Gortari, con Pedro Aspe a la diestra), por medio del cual a sus súbditos notificaba que “se crea una nueva unidad del sistema monetario” mexicano, la cual, en realidad, sólo consistió en “borrar” tres ceros de un plumazo, es decir, a partir del primero de enero de 1993 mil pesos mágicamente se convertían en un peso.

Por decreto, pues, se creó el “nuevo peso” que sustituiría al “viejo peso”. Nada cambió, salvo la “desaparición” de tres ceros a la derecha. Así, el tipo de cambio de aquellas fecha (más o menos) terminó 1992 en 3 mil 400 viejos pesos por dólar, y como por arte de magia amaneció el primero de enero de 1993 en 3.4 nuevos pesos.

Se trataba, según la propaganda de entonces, de “un nuevo peso más práctico y más sencillo… con tres ceros menos”. En efecto, simple golpe mediático, porque nada cambió, salvo los precios y el tipo de cambio (al alza, desde luego). A partir del primero de enero de 1996, se enterraron el “viejo” y el “nuevo” pesos, para simplemente quedar de nueva cuenta en peso a secas.

En la vieja fórmula de cambiar todo para no cambiar nada, Salinas lo “explicó” así: “los avances alcanzados en la recuperación económica con estabilidad de precios son la base para introducir, a partir del primer día de 1993, una nueva unidad monetaria que se llamará nuevo peso, y será equivalente a mil pesos actuales. Esta medida, que no altera en nada las decisiones económicas, permitirá simplificar procedimientos y facilitar transacciones (…) y una mejor expresión del valor real de los bienes y servicios”.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Desde aquel decreto, el precio del dólar se ha incrementado más de 500 por ciento, lo que de cualquier suerte (“nuevo” o “viejo”) es una mentada para nuestra famélico peso. Entonces, 17 mil 700 es la cantidad correcta.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.