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México SA: Pemex: premios y realidades

reforma energética

En este México lindo y querido todo funciona al revés: por un lado, la ahora empresa productiva del Estado festeja a sus director general, Emilio Lozoya, por obtener galardones internacionales como “ejecutivo petrolero del año” y a su área financiera por “mejor emisor corporativo” de deuda. Por otro, Petróleos Mexicanos está a punto de ser “degradada” en su calificación crediticia por segunda ocasión en apenas un par de meses, por el “riesgo sustancial” que para sus finanzas –“mucho más débiles”– implican el desplome de los petroprecios y el recorte de la inversión productiva.

Así es: mientras premian al director general de la empresa y la emisión de deuda de la ex paraestatal (endeudada hasta la coronilla), ésta se desmorona productiva y financieramente. Parece que esta práctica ha hecho escuela, en el entendido de que si Luis Videgaray recibió doble premio como “ministro del (d) año”, por qué no obtendría Lozoya el de “ejecutivo petrolero del año”, por mucho que el corporativo esté más débil que nunca. Es algo así como la lógica política de moda, en el sentido de que si Fox, Calderón y Peña Nieto llegaron a Los Pinos, entonces cualquiera puede hacerlo sin importar las consecuencias.

Resulta que a finales de noviembre pasado la calificadora Moody’s, una de las tres más importantes del mundo, degradó la calidad crediticia de Pemex, dado “el incierto panorama de los precios internacionales del petróleo, la caída en la producción de crudo de Petróleos Mexicanos y los elevados impuestos que paga”. Ello, de acuerdo con dicha calificadora, porque Pemex “muestra indicadores crediticios débiles y se deteriorarán aún más en el corto y mediano plazos. La perspectiva de todas las calificaciones cambió a negativa… Los indicadores crediticios de Pemex se deteriorarán aún más a corto y medio plazos, ya que los precios del petróleo siguen siendo bajos, la producción continúa disminuyendo, los impuestos siguen siendo elevados y las necesidades de gasto de capital de la empresa son financiadas con deuda” (La Jornada, Víctor Cardoso), la cual, dicho sea de paso, se encuentra en máximo histórico.

Dos meses después, Petróleos Mexicanos y su director general –“ejecutivo petrolero del año”– recibieron dos noticias: la primera, que su área financiera obtuvo el galardón como “mejor emisor corporativo” de deuda; la segunda, que ahora la misma Moody’s de nueva cuenta ha puesto en “revisión a la baja” a la otrora paraestatal, por considerar que sus indicadores son “mucho más débiles”. Eso sí, en Pemex pueden presumir que no son los únicos, porque la calificadora “colocó a decenas de compañías de gas y petróleo en revisión para una rebaja de calificación” crediticia.

Cómo estará el horno, que hasta la propia autoridad reconoce el color de hormiga: “En los próximos 15 años los montos de inversión destinada a Petróleos Mexicanos registrarán una caída constante, con una contracción hasta de dos tercios, con lo cual la participación de la ahora empresa productiva del Estado se reducirá al mínimo en las actividades de exploración y extracción de hidrocarburos. De acuerdo con la Prospectiva de petróleo crudo y petrolíferos 2015-2029, elaborada por la Secretaría de Energía, el desplome en los montos de inversión requeridos para la cartera de proyectos de Pemex descenderá de 318 mil millones de pesos, calculados para 2017, a sólo 108 mil millones al concluir 2029. Además, el documento, que es referente de la situación actual y futura del subsector petrolero en México, estima que hacia el final de ese periodo la petrolera mexicana sólo aportará 10 por ciento de la producción total de crudo. De esta manera, extrapolando las tendencias, se puede esperar que la extinción de Pemex podría darse poco después de 2034” (La Jornada, Israel Rodríguez).

Por otra parte, el Centro de Investigación en Economía y Negocios (CIEN), del Instituto Tecnológico de Monterrey, campus estado de México, advierte: “La depreciación del tipo de cambio en meses recientes ejercerá presión en el nivel de precios de nuestro país, que en conjunto con las decisiones de política monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos se traducirá en tasas de interés más elevadas”.

En una economía abierta, detalla, “el aumento de tasas de interés puede provocar un mayor flujo de capitales que, a su vez, se traduzca en el incremento de las reservas internacionales y esto en una probable apreciación del tipo de cambio; no obstante, lo anterior trae consigo efectos negativos sobre la inversión privada, al elevarse los costos de financiamiento. Aunado a lo anterior, si consideramos una política fiscal restrictiva, donde el gasto del gobierno se verá limitado ante posibles recortes en el presupuesto de egresos derivados de la caída del precio del petróleo, es de esperar que tanto el sector público como el privado poco podrán contribuir en la generación de empleo y el crecimiento económico”.

Así, puntualiza el CIEN, algunas variables de la economía nacional han reflejado desaceleración en su desempeño, incluso desde el tercer trimestre del año pasado. “Ejemplo de ello es la inversión fija bruta, que si bien en octubre exhibió una tasa de crecimiento de uno por ciento en términos anuales, al comparar su evolución mensual se observa una caída de 1.1 por ciento con respecto a septiembre. Lo anterior se dio como resultado de los retrocesos tanto en la inversión en maquinaria y equipo (-0.9) como en construcción (-0.7). Incluso, esta última exhibe una tendencia negativa”.

Las inversiones de la iniciativa privada se verán limitadas por el incremento de las tasas de interés, factor que también influye en el accionar de la inversión pública, que deberá enfrentar una política fiscal restrictiva para mantener sanas las finanzas públicas. Por otro lado, la actividad industrial estatal registró resultados mixtos durante septiembre pasado, pues 14 de las 32 entidades federativas se ubicaron en terreno negativo. Las más afectadas fueron Guerrero (-19.7 por ciento), Campeche (-9.4) y Puebla (-8.7).

LAS REBANADAS DEL PASTEL

En espera de nuevas medallas para Lozoya y tantas otras joyas del equipo peñanietista, hay que estar atentos al comportamiento del zarandeado mercado cambiario nacional (de todas el peso ha perdido todas, por mucho que en el Olimpo tecnocrático quieran convencer de que se trata de la apreciación del dólar y no de la devaluación de la moneda mexicana), en el que ya se vislumbra un billete verde a 20 bilimbiques… Ya entrados en gastos, ¿qué tal un premio internacional para la dupla Videgaray-Carstens como “ejecutivos cambiarios del año”?

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.