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México SA: Videgaray: 3-0; dólar: 15.30

reforma energética

S erá porque nuestros genios financieros no sienten lo duro ni lo tupido que le han pegado a los mexicanos a lo largo de las últimas tres décadas; será porque les valen una pura y dos con sal los devastadores efectos sociales de su política económica, mientras atienden su enferma fijación por la “salud” macroeconómica; será el sereno, pues, pero es un hecho que un día toman el micrófono para ofrecer el paraíso, y el siguiente para anunciar recortes, caídas, despidos y menor bienestar.

Para no ir más lejos, en el primer bienio de Enrique Peña Nieto prometieron un crecimiento económico cercano a 4 por ciento anual; en los hechos, a duras penas llegó a 1.5 por ciento, y descontando. Cacarearon “históricos” presupuestos de egresos, para que a la vuelta de la esquina sacaran las tijeras y comenzaran los recortes. Juraron que el desplome del precio petrolero les hacía los mandados, y las consecuencias están a la vista. Ofrecieron un Pemex “fuerte y modernizado”, y la ahora empresa productiva del Estado respira de milagro. Eso y mucho más, como los “premios” por ser “ministro del año” y “pensador global” (la casa en Malinalco es aparte).

Si los genios de la sagrada familia financiera el sector público hubieran cumplido sus promesas, sexenio tras sexenio desde el de Miguel de la Madrid, a estas alturas la economía mexicana registraría una tasa promedio anual de crecimiento de 5.7 por ciento, y tal vez otra sería la historia. Pero incumplieron, desde luego, y en los hechos dicha tasa milagrosamente ha sido de 2.3 por ciento (dos tantos y medio menor a lo ofrecido). Ese es el tamaño y la capacidad reales de aquel “navío de gran calado” (la economía mexicana) que presumían Fox y Calderón, y que Peña Nieto, de una u otra suerte, ha reivindicado.

Sirva lo anterior para dar contexto a las recientes declaraciones del gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, de que la economía mexicana se encuentra “en un entorno menos favorable”, y que, por lo mismo, el organismo a su cargo recortó medio punto porcentual su estimación de crecimiento para 2015.

Si a lo largo de las últimas tres décadas la economía nacional registró una tasa promedio anual de crecimiento de apenas 2.3 por ciento, y por lo mismo esta República de discursos se mantiene en el hoyo, entonces ¿qué deben entender los mexicanos por “entorno menos favorable”?, porque si ese raquítico 2.3 por ciento ya es un factor de altísimo riesgo económico y social, ¿qué pasará en un “entorno menos favorable”?

A menos de que los genios de la sagrada familia consideren que en esos cinco sexenios al hilo el resultado económico ha sido “favorable, y de allí su reiterada promesa de un “futuro promisorio” para los habitantes de este país (Videgaray dixit).

No concluye el segundo mes de 2015 cuando ya es un deporte –interno y externo– el recortar la estimación oficial sobre crecimiento económico en el año. Lo han hecho el FMI, el Banco Mundial, la Cepal y el BID, más la banca que opera en el país, el ámbito académico y los especialistas del sector privado. Ahora, el Banco de México se sube al camión y recorta medio punto porcentual, en vías de empeorar el pronóstico.

Cierto es que ya no sorprende a nadie, porque en los tres arranques de año que les ha tocado (2013, 2014 y 2015), Luis Videgaray y sus guajiros no han dado una: de hecho, el Congreso tarda más en aprobar el paquete económico y la estimación sobre el crecimiento económico, que en mostrarse las tijeras para actuar en consecuencia. Y los genios, lerdos pero seguros, tarde que temprano salen a recortar el presupuesto y “ajustar” sus cálculos, y en esa dinámica el país retrocede sexenio tras sexenio.

El afamado doctor “catarrito” también encendió los focos rojos, porque “el deterioro social en algunos puntos del país afecta el crecimiento de la economía”, y ello queda de manifiesto, dijo, por ejemplo en Acapulco y Oaxaca. Aquí el gobernador del Banco de México tendría que hacer un ejercicio filosófico para determinar qué fue primero: el estallido del huevo social o la fallida gallina económica.

Es decir, el descontento social afecta a la economía, pero el raquítico comportamiento de ésta y el modelo de apartheid económico incrementan sostenidamente el descontento social. Si una no crece el otro se dispara, y si éste avanza sostenidamente porque la primera no lo hace. Ello aderezado con gobiernos al servicio del gran capital, igual de ineficientes que de voraces, corrupción galopante, concentración del ingreso y la riqueza, miseria creciente y lo que se quede en el tintero.

Nadie sabe si en la Secretaría de Hacienda se han enterado (están muy ocupados cacareando las “coberturas” petroleros, recuperando la imagen del “ministro” y localizando la “confianza” perdida, algo imposible, por lo demás), pero en el Banco de México parece que sí.

Dijo Carstens que en parte el “entorno menos favorable” es consecuencia (casi la mitad del paquete) del desplome de los precios petroleros, actividad que provee un tercio de los ingresos públicos, y de la caída sostenida en el volumen de producción de crudo. Además, lejana está la recuperación del mercado interno, mientras la generación de empleo formal también será afectada, de tal suerte que una vez más no podrá satisfacerse la demanda de nuevas plazas (La Jornada, Roberto González Amador).

Pero en la Secretaría de Hacienda no sólo les falla la bola de cristal y no encuentran la brújula en la estimación de crecimiento y el precio petrolero, sino que no dejan de “perdonar” impuestos a los amigos, como todos los años.

Resulta que la Auditoría Superior de la Federación documentó la “indebida condonación” de impuestos que el Servicio de Administración Tributaria, el SAT, hiciera en favor de un banco y cuatro empresas por la friolera de mil 123 millones de pesos, monto, por ejemplo, tres veces superior al presupuesto de la recientemente creada Comisión Nacional de Hidrocarburos.

En el informe de la Cuenta Pública 2013, el órgano fiscalizador explica que para dicha condonación el SAT aplicó la ley “de manera incorrecta. ¿Quiénes fueron las afortunadas? Sabritas, subsidiaria de Pepsicola (929.5 millones de pesos); Gamesa, también subsidiaria de esa misma trasnacional (150.5 millones); Scotiabank (29 millones); ProLogis (9.34 millones 342 mil 849 pesos) y otra empresa de este último consorcio (5.5millones). Eso sí, a Pemex le recortaron el presupuesto, porque “no hay dinero”.

LAS REBANADAS DEL PASTEL:

Con el dólar a 15.30 bilimbiques, hoy el Inegi divulga el resultado oficial de la economía en 2014, muy lejano del “futuro promisorio” ofrecido por el ministro no doy una.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.