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México SA: Conasami: 2-3 pesitos

reforma energética

Cercano está el anuncio del consejo de representantes de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (Conasami) en torno al “aumento” porcentual al mini ingreso para 2016, el cual –obvio es– ni lejanamente alcanzará el nivel menor necesario para comenzar la recuperación paulatina del poder adquisitivo, algo a lo que el organismo se “comprometió” desde octubre de 2014. De hecho, todo apunta a que tal “incremento” será de entre dos y tres pesitos, como máximo.

A estas alturas, y con una lentitud digna de la burocracia más plantada, la “Comisión Consultiva para la Recuperación Gradual y Sostenida de los Salarios Mínimos Generales y Profesionales” de la Conasami (creada en octubre de 2014) de nueva cuenta “pospuso” (ahora para junio de 2016) la entrega de un informe al consejo de representantes de la propia comisión (que originalmente se comprometió a entregar en abril del presente año) el cual contendría “los mecanismos viables y sostenidos” para tal “recuperación”.

De hecho, más que perversa fue la decisión gubernamental de encargarle a la propia Conasami la “recuperación gradual y sostenida” del salario mínimo, pues a lo largo de los años ha sido precisamente este organismo el encargado de borrar del mapa el poder adquisitivo del mini ingreso, mediante “aumentos” verdaderamente raquíticos que han dejado en el olvido el mandato constitucional en la materia.

Al posponer, de nueva cuenta, la entrega del citado informe, la Conasami no sólo se apresta a oficializar el microscópico “aumento” para el próximo año, sino que descaradamente avienta la papa caliente para 2016, a lo largo del cual ya encontrará otro pretexto para, una vez más, diferir “los mecanismos viables y sostenidos” que permitan la “recuperación” del poder adquisitivo del salario mínimo, cuya merma acumulada ronda el 80 por ciento.

En vía de mientras, desde el pasado primero de diciembre el consejo de representantes de la Conasami se declaró en “sesión permanente” para, según su propia información, “fijar los nuevos salarios mínimos generales y profesionales que entrarán en vigor el día primero de enero de 2016, así como para ratificar o modificar, en su caso, el listado de profesiones, oficios y trabajos especiales a los que se les fija un salario mínimo profesional, de considerarlo pertinente”.

Ya sin la “presión” del informe de la citada “comisión consultiva”, los representantes del gobierno, los patrones y los “obreros” fijarán el “incremento” al salario mínimo para 2016 de acuerdo con su fórmula mágica: la inflación oficial y, si bien va, un piquito, es decir, entre dos y tres pesitos. Luego de anunciar su decisión, la Conasami sale a decir que el “aumento” resulta más que suficiente para que una familia viva dignamente, y sus funcionarios se quedan tan frescos como el rocío de la mañana.

Para 2013, el consejo de representantes aprobó un “aumento” al salario mínimo general de 2.43 pesos; para 2014 fue de 2.53 pesos y para 2015 de 2.81 pesos. En la primera mitad del gobierno peñanietista el “incremento” acumulado fue de 7.77 pesos. A ese ritmo, la “recuperación” del poder adquisitivo se daría por allá del siglo 40, siempre y cuando la inflación se mantuviera en cero y la Conasami “elevando el nivel de vida del trabajador y su familia, y propiciando la equidad y la justicia entre los factores de la producción que reconozcan y validen el respeto a la dignidad del trabajador y de su familia”.

Mientras el citado organismo se mantiene inamovible, el Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la UNAM ofrece un indicador real para medir qué tanto poder adquisitivo ha perdido el salario mínimo. “¿Cuántas horas tiene que laborar diariamente un trabajador para adquirir una Canasta Alimenticia Recomendable?”, plantea la institución académica, no sin antes precisar que “el tiempo de trabajo necesario para adquirir la CAR depende de tres factores: el precio de la canasta, el monto del salario mínimo y el número de horas de una jornada laboral”.

Así, en 1987 un trabajador destinaba el ingreso de media jornada laboral (cuatro horas y tres minutos) para poder adquirir una CAR completa, “pero en la medida en que se ha dado el incremento en la pérdida del poder adquisitivo, a lo largo de los años, para el 13 de octubre del 2015 el trabajador necesitaba el ingreso de tres jornadas laborales (23 horas con 29 minutos) para poder acceder a dicha canasta”.

Para cubrir el costo de acceder a los alimentos, detalla el CAM, “las personas actualmente se ven obligadas a considerar otras alternativas para tener acceso a una canasta básica: buscar un doble empleo, aunque sea en condiciones precarias; que más miembros de la familia trabajen y tengan un ingreso para contribuir al gasto de la familia; recurrir al mercado informal; emigrar a otra región del país o al extranjero”.

De 1982 a la fecha el poder adquisitivo del mini ingreso se ha pulverizado. Con un salario mínimo en 1982 se adquirían cerca de 19 litros de leche; al 13 de octubre de 2015, con el mismo salario mínimo apenas se compraban 4.6 litros, y descontando. El mismo ejercicio se puede realizar con otros productos básicos: 51 kilogramos de tortilla en aquel entonces, contra 6.3 kilogramos ahora; 7 litros de aceite contra 2.6 litros; 280 piezas de pan blanco contra 42; 8.5 kilogramos contra dos; 12 kilogramos de frijol contra tres, y así por el estilo.

A estas alturas se requieren dos salarios mínimos diarios para adquirir un kilogramo de bistec de res (no de la mejor calidad), por lo que, subraya el Centro de Análisis Multidisciplinario, “es inalcanzable para la gran mayoría de la población mexicana, pues se ha convertido en un artículo de lujo, como muchos otros, para las familias trabajadoras. Ello muestra el incremento y profundización de la pobreza en México”.

Por último, el CAM señala que “en el proceso histórico de la canasta básica y el salario mínimo observamos que en 1982 con un mini ingreso se podían adquirir cantidades mayores de una diversidad de productos necesarios; en contraste, con el salario actual se puede comprar una menor cantidad de estos productos, sacrificando así parte del consumo y la salud de las familias. Por ejemplo, el consumo de tortilla (alimento tradicional y primordial en la nutrición del mexicano) ha disminuido considerablemente, es decir, con el mayor incremento de su precio en relación con el aumento del salario ha disminuido la posibilidad de adquirir 44 kilos con 730 gramos desde 1982 a la fecha. ¿Hasta dónde continuará esta historia?”

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Pero tranquilos, que ya vienen los dos o tres pesitos de aumento para “recuperar” el poder adquisitivo.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.