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México SA: ‘‘Soy totalmente tóxico’’

reforma energética

Pues nada, que Alberto Bailleres, el empresario “totalmente Belisario Domínguez’’ por cortesía del Senado de la República, sigue derramando sus tóxicas “virtudes en grado eminente” (ídem) por toda la República. Una raya más al tigre que generosamente se ha enriquecido gracias al régimen político vía gruesas concesiones mineras que lo han convertido en el zar de la plata.

Resulta que apenas el martes pasado “unos 100 trabajadores de la mina Saucito terminaron de sacar aproximadamente 600 toneladas de jales contaminados con metales pesados y químicos peligrosos que derramó ese yacimiento, administrado por el consorcio Fresnillo PLC, propiedad de Alberto Bailleres, informó Jesús Dávila, supervisor de la planta de residuos” (La Jornada, Alfredo Valadez Rodríguez).

De acuerdo con información del Grupo Peñoles, del citado empresario, la mina Saucito contribuye generosamente a engrosar la cartera de Bailleres, pues representa 9 por ciento del oro, 28.3 por ciento de la plata, 12.5 por ciento del plomo y 4 por ciento del zinc que extrae dicho corporativo.

Parece que, en eso de los derrames tóxicos, diciembre es un mes atractivo para el barón, pues en dicho mes, pero de 2014, otra de sus empresas –Minera Penmont, específicamente la Unidad Noche Buena, cerca de Caborca, Sonora– derramó 82 mil litros de solución rica en cianuro, y como sucedió en agosto de ese mismo año en Cananea, con Grupo México (de Germán Larrea, otro magnate Forbes) fue la población afectada y no el consorcio quien dio cuenta del venenoso suceso a la autoridad ambiental, la cual, de nueva cuenta, tardó en reaccionar.

De todos es conocido que Bailleres y Larrea mantienen una férrea competencia para ocupar la segunda posición dentro de los ricos entre los ricos mexicanos marca Forbes, pero parece que ella incluye una pelea abierta por obtener el galardón al empresario minero más tóxico de México.

La información de Valadez detalla que el derrame en el yacimiento de oro, plata y plomo en la mina Saucito “ocurrió la madrugada del domingo pasado, cuando el ducto de 10 pulgadas que traslada materiales de desecho a la presa de jales se fracturó y derramó una mezcla de agua, arcillas y residuos durante aproximadamente tres horas”. Seiscientas toneladas, que fueron “reducidas” a 450 por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente y, ya entrados en descuentos, a 350 por Gerónimo Medina, superintendente de relaciones con la comunidad de la compañía Fresnillo PLC (subsidiaria de Grupo Peñoles, propietario de Saucito), es decir, 100 menos que lo calculado por la Profepa y 250 por debajo de lo informado por Jesús Dávila, supervisor de la planta de jales.

En eso de minimizar los derrames tóxicos e intentar cubrir toda evidencia que afecte a los corporativos mineros, la presunta autoridad ambiental se pinta sola. Así, de acuerdo a la versión de ésta, 600 toneladas de desechos tóxicos “sólo” afectaron un terreno industrial de 8 mil metros cuadrados y mil 600 metros cuadrados de una parcela aledaña, propiedad de un particular. Eso sí, “la dependencia adelantó que continuará dando seguimiento a este caso hasta haberse garantizado que se restauren las condiciones ambientales existentes antes del evento, de acuerdo con lo estipulado en la ley ambiental”.

Sin embargo, la información de Valadez detalla que el derrame tóxico “corrió por tres arroyos y en el más grande contaminó kilómetro y medio aguas abajo hasta llegar muy cerca de un pequeño estanque privado, donde había una veintena de patos y gansos y una garceta blanca”. Lo mejor del caso es que el propio Bailleres ha dicho que “cuando la riqueza material se invierte en el país, se transforma en un instrumento social que beneficia a todos”.

Y el propio reportero subraya que “un funcionario de la Profepa informó que este es el tercer derrame de jales que ocurre en 2015 en alguna de las minas de Alberto Bailleres González, en Zacatecas. El primero ocurrió en Minera Sabinas, municipio de Sombrerete; seis meses después ocurrió otro en la mina Francisco I. Madero, municipio de Morelos. Ambas son operadas por Peñoles”.

Eso a lo largo de 2015, pero, como se refiere líneas arriba, el 23 de diciembre de 2014 la Unidad Noche Buena de la Minera Penmont derramó 82 mil litros de solución rica en cianuro, y fueron los trabajadores del consorcio quienes lo denunciaron, pues la autoridad “responsable” entró en acción tardíamente, con un patrón similar al utilizado con Grupo México en el derrame de Cananea, cuando la Semarnat y la Profepa, más el entonces gobernador panista Guillermo Padrés, se apuraron a dar cobertura al consorcio de Germán Larrea (el de Pasta de Conchos) y anunciar ridículas “multas” por el suceso.

En ese entonces la presidenta de la Comisión de Minería del Congreso de Sonora, la diputada Karina García Gutiérrez, detalló que ‘‘el hecho fue denunciado por trabajadores de la empresa perteneciente al Grupo Minero Fresnillo’’ (propiedad de Peñoles), y apuntó que “la situación alerta a los productores agrícolas y a los mismos habitantes, pues de acreditarse el derrame representaría una severa contaminación a los mantos acuíferos que alimentan los pozos de la costa agrícola, con todo lo que ello negativamente representa”.

A su vez, la Asociación Civil El Noroeste Cumple con las Necesidades de México, con sede en Caborca, y presidida por Mónico Castillo Rodríguez, exigió “una verdadera y real investigación del caso, toda vez que estaríamos en peligro de una devastadora contaminación ecológica que vendría a perjudicar el entorno de las comunidades rurales y urbanas de nuestro municipio”, en el entendido de que no es la primera vez que sucede. “El derrame dentro de la empresa minera inició la tarde del 23 de diciembre y fue detenida hasta el lunes 29 de diciembre, sin dar parte a las autoridades competentes”.

Sólo hasta el 9 de enero de 2015 la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente dio a conocer que “atiende el derrame de aproximadamente 82 metros cúbicos de solución cianurada agotada, en una mina ubicada en el ejido Juan Álvarez, municipio de Caborca, Sonora, tras la denuncia ciudadana presentada el pasado día 7 de enero”. Pero al barón “totalmente tóxico” ni un pelo le tocaron, salvo a la hora de colgarle la Medalla Belisario Domínguez, mientras los senadores aplaudían sus “virtudes en grado eminente”.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Mientras los senadores encuentran qué otra medallita colgarle al barón, al tiempo que rescatan al verde putrefacto, el dólar se vendió a 17.36 pesos y el barril petrolero de exportación a 29.37 billetes verdes.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.