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México SA: Al caño peso y petróleo

reforma energética

Se complica lo que de por sí estaba complicado, y el año que recién se estrena huele a “catarrito” (Carstens dixit en 2008). Como sucedió ocho años atrás, a pesar del creciente zarandeo en la economía mundial, sus inocultables repercusiones en la mexicana (que se suman a las propias) y la alerta generalizada de que el ambiente tiende a empeorar, los fabulosos funcionarios financieros del sector público mexicano ni se despeinan y de nueva cuenta sacan el librito de las frases de ocasión para repetir que aquí no pasa nada, que estamos “blindados”, que “hemos hecho la tarea” y que –total– los problemas son externos, no domésticos.

Así arrancó 2008, con un secretario de Hacienda (ahora al frente del Banco de México) que rechazaba cualquier posibilidad de una nueva crisis interna en materia económica y que en el peor de los casos, y sólo en él, a México le daría “un catarrito y no la tradicional pulmonía cuando Estados Unidos estornudaba”, porque (¡sorpresa!) “hemos hecho la tarea”, “estamos blindados”, “la economía es sólida” y los problemas “son externos”.

¿Resultado? Todo se desplomó y la economía mexicana fue una de las más afectadas en el mundo, de tal suerte que el “catarrito” devino en neumonía, de la que aún no sale airoso. El “catarrito” ataca de nuevo, pero ahora le echan la culpa a los chinos, como si en el resto de la economía global la situación fuera paradisiaca, casi tan buena como la mexicana (versión oficial).

En el primer abrir y cerrar de ojos de 2016, a la economía mexicana ya le recortaron su perspectiva de crecimiento, el precio del barril de exportación se desplomó a niveles no registrados en 12 años (ayer se vendió a 24.11 dólares), el principal indicador del mercado bursátil retrocedió el equivalente a un año de ganancias y el tipo de cambio del peso con el dólar rompió récord tras récord hasta alcanzar ayer su peor nivel histórico: 18.13 bilimbiques por billete verde, con ganas de que hoy de nueva cuenta se rompa la marca.

¿Cuál es la respuesta de los fabulosos? Pues nada, que hay “solidez”, que hay “fortaleza”, que “estamos preparados” y que “está funcionando el mecanismo de subastas (de dólares) que asegura orden y liquidez en el tipo de cambio, y no se piensa modificar” (“ministro del –d–año” dixit, obvio es), o lo que es lo mismo el peso se devalúa “ordenadamente” (apenas 40 por ciento en lo que va del gobierno peñanietista al que aún le restan tres años para continuar por esa ruta, sin olvidar que el actual inquilino de Los Pinos reconoce que la devaluación de la moneda nacional “genera “cierto escozor, y a veces asociamos mucho que el tipo de cambio se mueva con que estamos mal”).

La buena nueva es que en 2015 la inflación oficial reportó su nivel más bajo desde que el gobierno comenzó a “medir” el comportamiento de los precios al consumidor. Sin embargo, la devaluación del peso puede revertir la tendencia y presionar una escalada, pues buena parte de lo que aquí se consume (alimentos, por ejemplo) son de importación, y todo se compra en billetes verdes.

Dado el optimismo de Luis Videgaray y la lectura color de rosa que acostumbra hacer, vale recordar las sabias palabras de un legislador tricolor tras conocer que el entonces presidente Miguel Alemán Valdés devaluó el peso: “La representación nacional siente que todo el pueblo de México desea decirle que este es como un día de consagración al llamado que usted le hace, pues la devaluación del peso no ha significado ni significará la devaluación de la calidad del pueblo de México” (Jesús Aguirre Delgado, presidente de la Cámara de Diputados en la 40 legislatura, durante su contestación del tercer Informe de Gobierno, 1° de septiembre de 1948).

Parafraseando al susodicho, son ya muchos los sexenios “consagrados”, y como cápsula de memoria va el siguiente recuento: Lázaro Cárdenas devaluó de 3.6 a 4.85 pesos por dólar (34 por ciento en el sexenio), pero, con todo y boicot por la expropiación de 1938, la economía mexicana creció a un ritmo anual promedio de 4.54 por ciento y sumó el petróleo a la riqueza nacional.

Manuel Ávila Camacho mantuvo esa paridad, y la economía nacional creció a una tasa anual promedio de 6.15 por ciento. Con Miguel Alemán Valdés el tipo de cambio prácticamente se duplicó, pues devaluó de 4.85 a 8.65 pesos por dólar (78 por ciento). A pesar de ello, entre 1948 y 1952 la economía mexicana registró una tasa anual promedio de crecimiento de 5.79 por ciento.

Adolfo Ruiz Cortines devaluó dos años después de su arribo a Los Pinos: en pleno Sábado de Gloria de 1954 incrementó el tipo de cambio de 8.65 a 12.50 pesos por dólar, una devaluación de 44.5 por ciento. Aun así, la economía mexicana creció a una tasa anual promedio de 6.41 por ciento. El otro Adolfo (López Mateos) mantuvo la estabilidad cambiaria (12.50 por dólar) y la economía creció a tasa anual promedio de 6.41 por ciento (igual a la de los tiempos de Ruiz Cortines). En Los Pinos lo sucedió el asesino Gustavo Díaz Ordaz, quien no modificó la paridad y registró una tasa anual promedio de crecimiento de 6.24 por ciento. Luis Echeverría devaluó a tres meses de su cierre sexenal, tras 24 años de estabilidad cambiaria. De 12.50 el tipo de cambio se incrementó a 19 pesos por dólar (52 por ciento de depreciación), aunque la economía creció a una tasa anual promedio de 5.96 por ciento. Y José López Portillo incrementó el tipo de cambio a 70 pesos por dólar. Aun así, la economía mexicana creció a un ritmo anual promedio de 6.55 por ciento.

En esos 48 años la devaluación fue un acicate para el crecimiento económico, aunque no para el desarrollo social. El ritmo de avance logrado en el periodo se detuvo bruscamente con el cambio de modelo, cuyos promotores justificaron el giro de 180 grados por razones de “alcanzar mayor crecimiento”.

Sucedió exactamente lo contrario de lo prometido, pues de Miguel de la Madrid a Enrique Peña Nieto el tipo de cambio se incrementó cerca de 26 mil por ciento (de 70 pesos por dólar el 1 de diciembre de 1982 a 18 mil 130 pesos ayer, aunque lo presentan como 18.13, y ahora por los 20), y el “crecimiento” económico en esos 33 años no pasa de 2 por ciento en promedio anual.

Pero los culpables de todo son los pinches chinos (Videgaray dixit)

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Suenan tambores de guerra entre los comerciantes organizados. Dice el dirigente de la Concanaco, Enrique Solana, que el arranque de 2016 “es muy complicado, difícil y con incertidumbre”, y de mantenerse esta situación por algunas semanas “podría haber incremento de precios a finales de mes”.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.