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México SA: Barril de crudo a 60.67

reforma energética

T odavía no aterriza plenamente la “reforma” energética, y el gobierno federal ya “considera” modificar los términos de las licitaciones en la llamada ronda uno (contratos de exploración y extracción al capital privado), porque con la euforia “modernizadora” no le dio tiempo de ver hacia adelante y prever que una eventual caída de los precios de la mezcla mexicana de exportación restaría “atractivo” al negocio.

Fue tal la emoción que en ellos provocó la aprobación de las leyes secundarias de la “reforma” energética, que ni siquiera se dieron tiempo de imaginar el desplome de los petroprecios y sus consecuencias, es decir, la paulatina pérdida de interés por parte del capital trasnacional, por más que desde cuando menos tres meses atrás los grandes jugadores del mercado, congregados en Caracas, lo advirtieron: no participamos sin garantías de elevados márgenes de ganancia.

Y para el caso mexicano, la pérdida de “atractivo” entre aquella reunión en la capital venezolana y ayer, tras el cierre de los mercados, acumula alrededor de 30 dólares por barril. Así, el objetivo central (versión oficial) de la “reforma” energética (“aumentar la plataforma de producción petrolera tanto a corto como a largo plazos, y garantizar la maximización de la renta petrolera en favor de la nación, tal como lo mandata la Constitución”) no sólo pierde “atractivo” de forma acelerada, sino que se tambalea, cuando menos en los términos originalmente aprobados.

Ayer el barril mexicano de exportación se cotizó en 60.67 dólares, nivel similar al registrado al cierre de mayo de 2009. Y este precio se aplica a las entregas físicas de crudo de mediados de febrero de 2015. Y aunque la Secretaría de Hacienda se sienta “tranquila” por las coberturas petroleras recientemente anunciadas, el desplome del precio es tan drástico que nada raro sería que comenzaran a contabilizar las pérdidas, porque si bien Luis Videgaray explicó que el “techo” pactado es un precio promedio de 76.4 dólares por barril, no detalló cuál sería el “suelo” considerado en la negociación.

De acuerdo con la Secretaría de Energía, originalmente “en la ronda uno se licitarán 169 bloques, de los cuales 109 corresponden a áreas de exploración y 60 a campos de extracción. Las reservas 2P (probables) y recursos prospectivos a licitar representan un volumen de 3 mil 782 y 14 mil 606 millones de barriles de petróleo crudo equivalente, respectivamente. Se espera que estos proyectos representen inversiones anuales por aproximadamente 8 mil 525 millones de dólares entre 2015 y 2018”.

Pero el desplome a 60 dólares por barril llevó a pensar a Pedro Joaquín Coldwell que la ronda uno ya no resulta tan “atractiva” para el capital trasnacional, y ayer anunció que el gobierno federal “podría considerar, analizar, cambios en las licitaciones de los yacimientos no convencionales” (es decir, los enlistados en la citada ronda), producto, obviamente, de la caída de los petroprecios. “Eso estamos evaluando, pero tenemos tiempo, porque en nuestra programación esa etapa de licitación se va a ir a finales de febrero oprincipios der marzo” de 2015.

En el explosivo coctel petrolero mexicano hasta ahora se mezclan tres elementos: caída en la producción interna, descenso en el volumen de exportación y desplome del precio del barril. Las aceitunas las ponen, por un lado, Estados Unidos que ha incrementado sustancialmente su producción para auto consumo y, por otra, países productores dispuestos a soportar tiempos de vacas flacas, que mantienen al mercado internacional inundado de oro negro. Y de música fúnebre, el afán gubernamental (versión oficial) de “maximizar la renta petrolera a favor de la nación”.

Si de cualquier forma el gobierno federal mantiene en sus términos la “reforma” energética y se aferra a sus planes con tal de “demostrar” que tenía la “razón”, entonces deberá ceder aún más ante las de por sí depredadoras prácticas y “estilos” de las trasnacionales de la energía. Y si quiere que la inversión privada, nacional y foránea, llegue a “maximizar la renta petrolera”, de plano se quedará sin ropa interior.

Lo anterior, porque para lograr su objetivo, aunque implique un menor monto de inversión y se minimice la renta petrolera, se verá obligado a entregar a los vampiros trasnacionales (don Jesús Silva Herzog dixit) las mejores áreas productivas que, mediante la ronda cero, dejó en manos de Petróleos Mexicanos (ahora empresa productiva del Estado), en las que (palabras de Pedro Joaquín) “los costos de extracción que se contemplan son menores”. Con una acción así descobijaría a la ex paraestatal, pero protegería los intereses que realmente le importan.

En fin, no termina de implementarse la “reforma” energética y la realidad ya la corrige por la vía de los hechos, algo que en el mágico mundo oficial nunca consideraron. De hecho, según las estimaciones de la propia Secretaría de Energía, a estas alturas de 2014 y para todo 2015 el precio de la mezcla mexicana de exportación se mantendría en niveles de entre 90 y 95 dólares por barril, precio que, presumía, sería eterno.

Pero bueno, si de correcciones se trata el director general de Pemex, Emilio Lozoya, y el procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, tendrían que salir a dar explicaciones porque sus declaraciones en torno al caso Oceanografía (el fraude de esa empresa “no causó daños a Petróleos Mexicanos”) no se apegaron a la verdad.

Y no lo hicieron, porque el encargado del despacho de la Secretaría de la Función Pública, Julián Alfonso Olivas, detalló que, contrario a lo dicho por Lozoya y Murillo, en el caso de Oceanografía “sí hubo daño patrimonial, indudablemente. Sí hubo daños y perjuicios obviamente a Petróleos Mexicanos, y por eso se le cobraron los 525 millones y por eso el Órgano Interno de Control es el que ha interpuesto los recursos, o los amparos contra las resoluciones del juez”. Y lo dijo ante los legisladores que conforman la Comisión Especial para la Atención y Seguimiento al caso de ese consorcio mágicamente privilegiado en los tiempos de la docena trágica panista (Fox y Calderón).

Y mientras el secretario de Hacienda refrenda el dicho de “mal de muchos consuelo de Luis Videgaray” (“México tiene mejor expectativa económica que otros países emergentes”), ayer el tipo de cambio cerró a 14.42 bilimbiques por billete verde.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

La mejor forma de evitar manifestaciones y protestas es que el gobierno, en cualquiera de sus empaques, dé resultados, que cumpla con lo ofrecido, que combata la corrupción, que cambie lo que no sirve y que cuide el interés nacional. De otra suerte no habrá “ley” que pueda evitarlas.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.