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22 diciembre, 2014

México SA: Cuba: no al bloqueo

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D el ambiente festivo por el reinicio de las relaciones diplomáticas cubano-estadunidenses se vuelve a la cruda realidad, porque el problema nunca fue el rencuentro bilateral, sino el cese del brutal bloqueo unilateral e ilegalmente impuesto a la isla por Estados Unidos, cuya cancelación, ni de lejos, se incluyó en la “buena voluntad” de Obama.

Y lo anterior está claro para el gobierno isleño. Raúl Castro reconoce que el restablecimiento de las relaciones diplomáticas es un “gran paso”, pero Cuba debe mantenerse firme hasta lograr que la Casa Blanca deje atrás su enferma decisión de agredir permanentemente al pueblo cubano por las vías económica, financiera y comercial, más allá de dar por concluidos ataques de otra naturaleza.

A lo largo de más de medio siglo el gobierno cubano pasó del bloqueo político prácticamente total (en América Latina todos se doblaron, salvo México), y en 1964 los gobiernos regionales acataron la línea de Washington y rompieron relaciones diplomáticas con la isla. Cincuenta años después, en el seno de la ONU todos votan en favor de Cuba y del levantamiento del bloqueo, salvo Estados Unidos e Israel. Pero ni así.

A lo largo de todas esas décadas el gobierno isleño ha sido nítido y congruente, y, como ahora lo reitera Raúl Castro, “Cuba es un Estado soberano, cuyo pueblo decidió su rumbo socialista y su sistema político, económico y social. De la misma forma que nunca hemos propuesto que Estados Unidos cambie su sistema político, exigiremos respeto al nuestro. Aceptamos conversar acerca de cualquier tema, de todo lo que quieran discutir de aquí, pero también de Estados Unidos”.

Tan sencillo como eso, de ida y vuelta, entre pares, pero en Estados Unidos se niegan a aceptarlo y se aferran al capricho, no obstante su permanente cuan sonado fracaso de doblegar a los cubanos, quienes, cierto es, han pagado un elevadísimo precio, aunque la dignidad no lo tiene.

En el recuento de los años y de los daños, Cuba se convirtió en una plaza sitiada desde prácticamente el triunfo de la Revolución. Apenas cuatro meses después de ese hecho histórico, el gobierno estadunidense dio inicio a su intentona de ahorcar económicamente a la isla, y en paralelo su política de terror en contra de su gobierno y población: reducción de cuota azucarera, prohibición de inversiones gringas, cancelación de toda ayuda económica y de asistencia tecnológica, fin del abasto petrolero y su refinación en territorio cubano, vehículos, partes automotrices y abasto de productos de consumo diario, entre mil cosas más.

En enero de 1961, el gobierno estadunidense rompió oficialmente las relaciones diplomáticas con Cuba y no dejó de atentar en contra de los intereses isleños. En abril de ese año financió y otorgó todo tipo de medios para la fracasada invasión de bahía de Cochinos. Pero oficialmente el embargo no se había decretado, aunque en los hechos arrancó en el momento mismo del triunfo revolucionario.

Sólo hasta febrero de 1962, Kennedy firmó la “Proclama presidencial número 3447”, por medio de la cual impuso formalmente el bloqueo total, que entró en vigor el 7 de ese mismo mes, y la larga mano gringa incluyó acuerdos con las naciones europeas occidentales para nulificar el comercio de éstas con Cuba. Así, entre tantas otras decisiones, canceló la cuota azucarera cubana (alrededor de 700 mil toneladas) y la reasignó a Argentina y República Dominicana; prohibió la importación de todo producto elaborado completamente o en parte con productos cubanos, aunque fueran fabricados en terceros y mucho más, todo ello bajo la “Ley de comercio con el enemigo” y más que activa la doctrina del terror permanente en contra del pueblo y el gobierno cubanos, con la crisis de los misiles como cereza de ese año.

Tras oficializar el bloqueo, Kennedy utilizó los recursos de la “Alianza para el progreso” para la compra de votos de los países latinoamericanos, y a cambio Estados Unidos logró “expulsar a Cuba de la comunidad de naciones hemisféricas”, es decir, de la putrefacta Organización de Estados Americanos. Bajo la tutela de la Casa Blanca, todos los países, excepto México, aplicaron el bloqueo a Cuba.

En una crónica periodística de la época se destacaba “el regocijo del presidente John F. Kennedy por la expulsión de Cuba de la Organización de Estados Americanos, que se concretó durante la octava Reunión de consulta de ministros de Relaciones Exteriores de la institución, y destacó su más grande orgullo y satisfacción por tal logro. En la Casa Blanca, el primero de febrero de 1962 Kennedy esperó que aterrizara el helicóptero en el que viajaba el secretario de Estado Dean Rusk y dijo a los periodistas que el funcionario ganó gran prestigio para sí y para el gobierno estadunidense. Rusk, por su parte, dijo que en el encuentro de cancilleres se demostró un profundo sentido de la unidad del hemisferio frente al problema de Cuba revolucionaria”. La isla, apuntaba dicha crónica, “sólo tiene una opción para evitar el bloqueo: variar el camino escogido”.

A la vuelta de los años, 11 inquilinos de la Casa Blanca después, quien se vio en la penosa necesidad de “variar el rumbo” fue el gobierno de Estados Unidos, aunque falta el punto toral. De aquella “profunda unidad” hemisférica que cacareaba Kennedy, se transitó a la paulatina pero creciente y sostenida condena internacional en contra del bloqueo. De hecho, en junio de 2009 hasta la OEA “derogó, por aclamación y sin condiciones, la resolución de 1962 que expulsó a Cuba del sistema interamericano (en congruencia debió expulsar a Estados Unidos)”.

En el más de medio siglo transcurrido, la diplomacia cubana logró incluir el tema del bloqueo en la agenda de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, no obstante la feroz campaña diplomática estadunidense, que ha incluido amenazas y represalias en contra de las naciones que se han pronunciado, abierta y tajantemente, en favor de finalizar el bloqueo.

En 1992, cuando por primera vez se incluyó el tema en la citada agenda, 59 países votaron en favor del fin del bloqueo estadunidense contra Cuba, tres en contra, 71 abstenciones y 46 ausencias. Año tras año, asamblea tras asamblea, se ha incrementado el número de sufragios a favor y reducido las abstenciones, ausencias y votos en contra. En la más reciente (octubre de 2014), de 193 países representados, 188 sufragaron en favor de Cuba y sólo dos en contra (los de siempre: Estados Unidos e Israel), tres se abstuvieron y no se registraron ausencias. Rotundo triunfo diplomático de los cubanos.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Entonces, ¿qué más necesita la Casa Blanca para terminar con su enferma cuan feroz política de terror en contra de la isla?

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.