A modo
5 noviembre, 2015
Dinero: Cuatro mariguanos con permiso legal para drogarse
5 noviembre, 2015

MÉXICO SA: Degradan la Belisario

reforma energética

Carlos Fernández-Vega

M ás de tres décadas atrás José López Portillo advertía (tercer Informe de gobierno 1979) que “no podemos convertirnos en un país de cínicos”. ¡Y quién lo dijo!, un verdadero campeón de la práctica que cuestionaba en el discurso, pero a la vuelta de los años este personaje aparece como niño de teta si se le compara con la clase político- empresarial que desde entonces ha hecho de la nación su negocio particular.

Y en el ejercicio de un cinismo supremo, ayer el Senado concedió (68 votos a favor, 13 en contra) la Medalla de Honor Belisario Domínguez 2015 a uno de los depredadores de la nación, Alberto Bailleres González, “como un justo reconocimiento a su sobresaliente contribución” (no especificó a qué), según los senadores que votaron por la afirmativa, la mayoría de ellos egresados del ITAM (propiedad del galardonado).

Beneficiario de privatizaciones, “rescates” y “saneamientos” con recursos del erario, concesiones de bienes nacionales para usufructo propio, exenciones y “facilidades” fiscales (su principal empresa, Peñoles, mantiene impuestos “diferidos” –léase sin pagar al fisco– por más de 9 mil millones de pesos al cierre de septiembre pasado, de acuerdo con el reporte de la empresa a la Bolsa Mexicana de Valores), jugosos contratos públicos, entre ellos para explotar petróleo (donde el barón no tiene experiencia alguna) y un rosario adicional de “apoyos” y “cortesías” de la misma clase político-empresarial que ahora lo “premia”, Bailleres ni lejanamente embona en lo que establece el reglamento del citado galardón, el cual es claro:

“Artículo octavo: la Orden Mexicana de la Medalla de Honor Belisario Domínguez del Senado de la República se conferirá, en vida o de manera póstuma, a los hombres y mujeres mexicanos que se hayan distinguido por su ciencia o su virtud en grado eminente, como servidores de nuestra Patria o de la humanidad”. Entonces, ¿cuál fue la “ciencia”, “virtud en grado eminente” y/o “servicio a la patria o a la humanidad” que los senadores descubrieron en el magnate marca Forbes como para otorgarle la Belisario Domínguez?

El artículo cuarto del mismo ordenamiento obliga a que el Senado de la República “convocará cada año a la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, a las Secretarías de Estado, las Legislaturas de los Estados, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, los órganos autónomos, las universidades y centros de estudios del país, las organizaciones sociales, o cualesquiera otras instituciones representativas de los sectores de la sociedad mexicana, para que presenten candidatos capaces de merecer tan preciada recompensa”. ¿Cuál de esas instancias presentó la candidatura de Bailleres?

Cínicamente, priístas y panistas (perredistas prófugos como Armando Ríos Piter, uno de los itamitas en el Senado, graciosamente abandonó el salón del pleno para evitarse complicaciones) hablaron maravillas del barón de la plata, quien paga –si es que lo hace– entre cinco y 111 pesos por hectárea concesionada por el gobierno federal para la explotación minera, mientras él acumula una fortuna de ensueño que lo coloca en los primeros escalones de los ricos entre los ricos, al tiempo que explota a los mineros y persigue a su sindicato. Todo para él, nada para la nación.

Pero, a saber de dónde, los cínicos tricolores y albiazules le encontraron bondades por doquier y suficiente “ciencia”, “virtud en grado eminente” y/o “servicio a la patria o a la humanidad” para concederle la Belisario Domínguez, que es “la máxima distinción que otorga el Estado mexicano y el Senado de la República a aquellos mexicanos que se han distinguido” en las artes citadas, de acuerdo con el propio reglamento senatorial.

Si López Portillo fue un cínico destacado, sus sucesores alcanzan grado de doctorado, y de ello dan cuenta los 68 votos a favor de que el barón Forbes reciba el máximo galardón, entre ellos los de no pocos itamitas que agarraron escaño, como en los casos del propio presidente de la Comisión de la Medalla Belisario Domínguez, el tricolor Roberto Armando Albores Gleason, el secretario técnico de la misma, el perredista Julio Ernesto Herrera Segura, y el ex de todo durante el calderonato Roberto Gil Zuarth.

¿Qué virtudes le vieron a Bailleres, más allá de su capacidad de financiar campañas políticas, como lo hacen los demás barones? Este empresario, heredero de la fortuna paterna, logró multiplicar su fortuna por 10 en los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón, al pasar de mil 900 millones de dólares en 2001 (el primer año del “cambio”) a 18 mil 200 millones en 2012 (último del sexenio que a los mexicanos prometió “vivir mejor”, aunque no especificó de qué mexicanos hablaba), de acuerdo con la información de Forbes.

En esos años el barón obtuvo numerosas concesiones mineras, jugosos contratos con el sector público y mucho más. Ya con Peña Nieto las concesiones han crecido y de pilón le han otorgado su contrato para explotar petróleo. ¿Acaso serán éstas la “ciencia”, la “virtud en grado eminente” y/o el “servicio a la patria o a la humanidad” que los senadores encontraron en Bailleres para concederle la Belisario Domínguez?

Lo mejor del caso es que la citada comisión senatorial asegura que “para todo servidor público, específicamente para los senadores, la figura de Belisario Domínguez tiene un gran contenido simbólico. La estatura moral, cívica y ética del senador chiapaneco coadyuvó al derrocamiento de la dictadura por medio del uso de la palabra. Es por ello que, esta comisión tiene como misión difundir la actividad política, cultural, social y científica del prócer chiapaneco con la finalidad de que hagamos propio su legado y así poder consolidar un país más democrático, más libre y más justo. Por todo lo anterior, los invitamos a participar en el diálogo, la reflexión, pero sobre todo en el esfuerzo que diario debemos realizar para que la memoria de personajes como Belisario Domínguez estén más vigentes que nunca”.

Entonces, ¿es en serio que barones como Alberto Bailleres caben en ese concepto? Desde luego que no, pero los cínicos senadores consideran que sí, que los magnates son los nuevos “héroes” de la patria.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Pero bueno, ya hicieron su chamba y los senadores recibirán sus vales de El Palacio de Hierro y otras cositas para mejorar imagen… Y para alegrar el día, el revaluado dolarito a 16.90 devaluados bilimbiques.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.