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México SA: Deuda pública: nueva marca

reforma energética

E n su maratónica carrera por obtener la presea al “Mérito Endeudador”, en tan sólo 27 meses de estancia en Los Pinos el gobierno peñanietista ha hecho la hombrada de incrementar 38 por ciento la deuda interna y externa del sector público federal, hasta llevar su saldo a 7 billones 145 mil millones de pesos al cierre de febrero pasado (sin incluir “pasivos contingentes”, como el Fobaproa-Ipab, el “rescate” carretero o la deuda de los estados).

Lo anterior se traduce en que del primero de diciembre de 2012 al 28 de febrero de 2015, los que aseguran “saber cómo gobernar” incrementaron la deuda en la friolera de un billón 971 mil 578 millones de pesos, a razón promedio mensual de 73 mil 21 millones, o si se prefiere 2 mil 434 millones por día o, ya en el masoquismo, 101.4 millones por cada hora de estancia en Los Pinos.

Y a un lado de esas cifras escalofriantes (todas de la Secretaría de Hacienda), destaca que la economía mexicana registra un “crecimiento” de 1.75 por ciento anual, como promedio, es decir, en el periodo citado la deuda pública se incrementó a un ritmo casi 12 veces mayor al reportado por la economía. ¿Dónde quedó esa catarata de dinero?

De muchos años atrás, los mexicanos recién nacidos ya no llegan con torta bajo el brazo, sino con un grueso pagaré para cubrir la parte proporcional del débito público que le corresponde por cortesía del gobierno federal. En el recuento inmediato, cuando Vicente Fox se instaló en Los Pinos, a cada mexicano (101 millones en ese entonces) le correspondía un débito de 10 mil 200 pesos; cuando este inenarrable personaje se fue para el rancho, esa proporción había crecido a 29 mil pesos.

Al concluir el sexenio del “cambio” (2006, ya con 108 millones de habitantes) a la residencia oficial arribó el nefasto Felipe Calderón, quien incrementó la deuda por habitante de 29 mil a 50 mil 342 pesos (en 2012 el número de mexicanos sumó 117 millones).

Ya con Enrique Peña Nieto instalado en la residencia oficial, la deuda por habitante pasó de 50 mil 342 pesos el primero de diciembre de 2012 a cerca de 60 mil pesos el 28 de febrero de 2015, ya con alrededor de 120 millones de mexicanos. Así, en lo que va del siglo XXI los tres gobiernos involucrados en el periodo aumentaron 488 por ciento, y contando, la parte proporcional del débito del sector público federal que, quiéranlo o no, debe cubrir cada uno de los habitantes de este país, incluidos los recién nacidos.

He allí, resumidos, los grandes logros del “cambio” de Fox, el “para vivir mejor” de Calderón y el “futuro promisorio” de Peña Nieto: si se considera el salario mínimo como parámetro, en los dos sexenios panistas y en lo que va del retorno priísta, el mini ingreso promedio “aumentó” 32.76 pesos, mientras que la deuda por habitante se incrementó 49 mil 800 mil pesos, una diferencia de mil 520 veces. De ese tamaño.

Pero la fiesta no termina allí, porque el “México en movimiento” (Peña Nieto dixit) da para eso y mucho más. En su más reciente informe sobre la situación de las Finanzas Públicas y la Deuda Pública, correspondiente al segundo mes de 2015, la Secretaría de Hacienda (“lo mejor está por venir”, presumía Luis Videgaray) reporta que “entre enero y febrero los ingresos petroleros del gobierno federal se desplomaron en 46.3 por ciento debido a la caída de los precios” (del oro negro), lo que se convirtió en “la principal causa de un déficit de las finanzas públicas de 150 mil 700 millones de pesos respecto del mismo bimestre de 2014” (La Jornada, Víctor Cardoso).

De acuerdo con la misma fuente, “los ingresos petroleros se ubicaron en 106 mil 600 millones de pesos, inferiores en 46.3 por ciento en términos reales (una vez descontada la inflación) a los de enero-febrero de 2014. Este resultado se explica por el menor precio promedio de exportación de la mezcla mexicana de petróleo, de 46.5 dólares por barril contra 91.2 dólares un año atrás; la menor producción de petróleo (-8.3 por ciento) y el menor precio del gas natural (-8.7 por ciento). Estos efectos se compensaron parcialmente con la mayor producción de gas natural en 16.1 por ciento y la depreciación del tipo de cambio”.

Los ingresos públicos, pues, en la lona. Sin embargo, todo indica que en alguna parte del gobierno federal no se enteraron de tan terrible situación, porque en el primer bimestre de 2015 el gasto programable del sector público se incrementó 5.3 por ciento en términos reales (15 por ciento anual), de acuerdo con las cifras de la propia Secretaría de Hacienda.

Por ejemplo, en la Presidencia de la República ni de lejos se enteraron del desplome de los ingresos, porque sólo en febrero del presente año, y después del recorte anunciado por el “ministro del (d)año”, su gasto programable se incrementó la friolera de 122 por ciento en términos reales (léase descontada la inflación) en comparación con igual mes de 2014. ¿Será que no pueden achicar los abonos del nuevo cuan modesto avión del inquilino de Los Pinos?

Parece que en el Legislativo (diputados y senadores) tampoco registraron el recorte presupuestal ni el “llamado a la austeridad”. En febrero incrementó 23 por ciento, en términos reales, su gasto programable, y en apenas ese mes se quemó mil 84 millones de pesos. Lo mismo en el Judicial, donde las erogaciones fueron 11.2 por ciento superiores, también en términos reales, para totalizar, sólo en febrero de 2015, 2 mil 656 millones de pesos.

De hecho, en febrero prácticamente todo el aparato gubernamental aumentó su gasto programable, salvo en las secretarías de Energía (88.5 por ciento), Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (51.8), Trabajo (16.5), Turismo (17.3), Economía (8.1) y Hacienda (3.9). En cambio, Petróleos Mexicanos (que resultó severamente castigada con el recorte presupuestal, especialmente en su área de inversión productiva) incrementó su gasto programable 24.5 por ciento (17.5 por ciento si se incluye enero).

En cambio, el gobierno federal puso a parir a los estados y municipios de la República, pues en febrero pasado las participaciones pagadas se redujeron 6.4 por ciento en términos reales. Especialmente afectadas resultaron las arcas de Veracruz, con una caída de 15.6 por ciento en términos reales; Oaxaca, 13; Puebla, 12.8; Hidalgo, 12.1 y San Luis Potosí, 11.8 por ciento. Para el Distrito Federal la caída fue de 4.1 por ciento.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Entonces, así es el “futuro promisorio” en este “México en movimiento”.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.