El desacato de los constructores y autoridades
7 septiembre, 2015
Astillero, Pacto por México
Astillero: Mentira histórica
7 septiembre, 2015

México SA: Deuda se multiplicó por cuatro

reforma energética

F lores y más flores recibe el gobierno de este México lindo y querido por parte de la comunidad financiera internacional. No hay foro bancario, bursátil y/o de los organismos llamados multinacionales que representan a dichos sectores en el que no se subraye el “alto grado de reconocimiento”, el “responsable manejo” y el “compromiso a toda prueba” de tal autoridad en materia de deuda pública.

Y no podía ser de otra forma –honor a quien honor merece–, porque sólo en lo que va del presente siglo por cada dólar de endeudamiento el gobierno mexicano ha pagado siete por intereses y amortización de capital, y a pesar de tan descarado atraco el débito público se encuentra en niveles históricos. Entonces, ¿cuál de los beneficiarios –que no son los mexicanos, desde luego– podría quejarse de tan pingüe negocio?

La información de La Jornada, publicada ayer en su espacio principal bajo la firma de Roberto González Amador, dice así: “entre 2000 y junio de 2015 fueron transferidos al exterior recursos públicos por 516 mil 62.9 millones de dólares para cubrir el servicio de la deuda externa del sector público federal, según la información de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público incluida en el anexo estadístico del tercer Informe de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.

“Los recursos transferidos en los pasados 15 años para el pago del servicio de la deuda externa multiplican por siete el saldo que ese mismo endeudamiento tenía en 2000, que fue de 70 mil 260.4 millones de dólares, indica la información oficial. Así, en estos casi tres lustros, dado que los datos están actualizados a junio pasado, los recursos destinados al pago de amortizaciones e intereses de la deuda son en un monto suficiente para pagar siete veces el saldo que tenía el endeudamiento público externo en 2000”. Sin embargo, “la deuda externa del sector público, aun con la creciente transferencia de recursos para pagar capital e intereses, no ha dejado de crecer, según muestran los datos oficiales”.

Espeluznante. Y en el desglose, González Amador detalla que “en el periodo de referencia el pago de amortizaciones de capital consumió recursos por 415 mil 103.9 millones de dólares, mientras para el pago de intereses se transfirieron al exterior 100 mil 959 millones de dólares”. Con todo, el saldo de la deuda externa se incrementó 125 por ciento, al pasar de 70 mil 260.4 millones de dólares a 158 mil 580.4 millones, y contando.

Así es: se pagó un mundo de dinero y a pesar de ello los mexicanos han sido endeudados hasta la coronilla, sin que tal débito haya contribuido a generar mayor riqueza, crecimiento económico ni bienestar. ¿Cómo, pues, podrían estar en desacuerdo quienes por un dólar obtienen siete, y aun oficialmente les deben un titipuchal de dinero? Lo mejor del caso es que desde el salinato en el gobierno se presume que la deuda externa “ya no es un problema para el país”.

Pero el asunto no queda en el plano externo, sino que abarca todo lo demás, pues desde que Vicente Fox se sentó en Los Pinos hasta ahora que Enrique Peña Nieto despacha en la residencia oficial (el corte es a julio de 2015, la información más reciente de la Secretaría de Hacienda) el saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público (la “deuda de deudas”, por decirlo así, que incluye la interna y externa, más “rescates” bancario, carretero y otros) se multiplicó por cuatro.

Así es (todas las cifras son de la Secretaría de Hacienda): cuando Fox prometió el “cambio”, tal saldo apenas sobrepasaba los 2 billones de pesos; al cierre de julio de 2015, ya con el “México en movimiento” de Peña Nieto, y sin olvidar el “para vivir mejor” de Calderón, ese monto se había elevado 8 billones 111 mil 400 millones, y sumando, porque allí no quedará la cosa.

En lo que va del nuevo siglo la deuda pública en su expresión más amplia (es decir, el citado saldo histórico) se incrementó a un ritmo anual promedio de 27 por ciento, mientras la economía mexicana a duras penas lo hizo a un ritmo de 2 por ciento, una diferencia de 13.5 tantos entre una y otra. ¿Dónde quedó el dinero y su obligada repercusión en el bienestar de los mexicanos?

En su sexenio, Vicente Fox hizo la hombrada de incrementar 53 por ciento el saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público (de 2.05 billones a 3.14 billones). Ello a pesar de que durante sus seis años en Los Pinos se registraron los mayores excedentes petroleros de la historia. Con todo, en su tiempo la economía mexicana “creció” a un ritmo anual promedio de 2.3 por ciento.

Pero llegó Felipe Calderón y lo superó holgadamente: en su sexenio incrementó el citado saldo en 88 por ciento, al pasar de 3.14 billones a 5.9 billones, en números cerrados. De igual forma, gozó de enormes ingresos petroleros, y la economía a duras penas “creció” 1.8 por ciento.

Ya con Enrique Peña Nieto en la residencia oficial, el indicador de referencia ha crecido 38 por ciento (en menos de tres años), al pasar de 5.9 billones a 8.11 billones, con una economía que, si bien va, mantiene el promedio anual del calderonato (1.8 por ciento, y el ritmo de endeudamiento). A estas alturas el multicitado saldo se acerca peligrosamente al 50 por ciento del producto interno bruto.

Así, de Fox a Calderón (en medio de promesas de “cambio”, “para vivir mejor” y “México en movimiento”) la deuda pública –interna y externa– se multiplicó por cuatro en apenas tres lustros, periodo durante el cual nunca se incumplió con los acuerdos adquiridos, aún a costa del desarrollo económico y social del país.

Entonces, junto con su “ministro del (d) año” el inquilino de Los Pinos fatuamente presumirá que en otras partes están más endeudados y les va peor, pero el hecho es que, quiéranlo o no, los habitantes de esta República de discursos deben pagar las que el gobierno mexicano les ha endilgado, entre ellas la externa a un modesto costo de siete dólares por cada uno recibido.

¿Dudas de por qué el mundillo financiero y los organismos ídem mandan enormes ramos de flores y no se cansan de piropear al gobierno mexicano?

LAS REBANADAS DEL PASTEL

¿“Cansados” en Los Pinos y zonas aledañas? Pues agárrense, que el informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para el caso Ayotzinapa tira a la basura la “verdad histórica” del gobierno federal.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.