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México SA: Deuda ¡a temblar!

reforma energética

¡T emblad!, mexicanos pagadores, que el supuestamente “resuelto” problema de la deuda pública alcanza tal magnitud que hasta el sempiternamente optimista Agustín Carstens, gobernador del Banco de México, se manifiesta “nervioso” y enciende los focos amarillos, con no pocas tonalidades color rojo.

Resulta que el ex secretario calderonista de Hacienda advirtió que ante la eventual alza de tasas de interés en el vecino del norte, México debe estar atento a la posibilidad –nada extraña– de que ocurra “una reversión de capitales”, o lo que es lo mismo, l que los especuladores internacionales se deshagan de los bonos de deuda mexicana para invertir sus dineros en Estados Unidos u otras naciones que les mejoren su tasa de ganancia, lo que, simple y sencillamente, sacudiría las finanzas internas.

Durante su participación en el foro México Cumbre de Negocios, que se lleva a cabo en Querétaro, el gobernador del Banco de México lo explicó así: “cuatro de cada diez dólares de la deuda emitida por el gobierno federal en el mercado interno está en manos de extranjeros, ‘lo que en principio es bueno, pero el problema es qué va a suceder’ cuando el banco central de Estados Unidos revierta su política de reducción de tasas de interés, puesta en práctica después de la crisis de 2008. Lo que puede suceder es que haya una reversión de capitales”. Y ante tal panorama, dijo Carstens, “uno se pone nervioso” (La Jornada, Roberto González Amador y Mariana Chávez).

Y cómo no, pues el saldo de la deuda interna del gobierno federal cerró agosto pasado en 4 billones 146 mil millones de pesos (645 mil millones más que en diciembre de 2012, cuando Enrique Peña Nieto arribó a Los Pinos). Esas son las cifras más recientes (obvio es que en septiembre y octubre dicho saldo creció) divulgadas por la Secretaría de Hacienda.

De lo anterior se deriva que, de acuerdo con las proporciones manejadas por Carstens, alrededor de un billón 660 mil millones de pesos (el 40 por ciento referido por el funcionario) correría el peligro descrito, toda vez que esta cantidad está en manos de inversionistas (léase especuladores) extranjeros. Y para dar una idea de qué se trata, ese monto equivale a 35 por ciento del presupuesto de egresos de la federación para 2015.

Lo anterior en el caso de que la referencia de Agustín Carstens se limite a la deuda interna del gobierno federal, porque después se utiliza ese concepto como sinónimo del sector público federal en su totalidad. Si éste fuera el caso, entonces el balance sería peor, pues el saldo total de la deuda pública interna llegó en agosto pasado a 4 billones 473 mil millones de pesos (703 mil millones más que la registrada el primero de diciembre de 2012, cuando regresaron los que “sí saben gobernar”), y el monto en manos de especuladores foráneos ascendería a un billón 790 mil millones de pesos, o si se prefiere el equivalente a 38 por ciento del citado presupuesto de egresos.

Sin ánimo masoquista, los saldos mencionados sólo refieren la deuda interna, porque si se suma la externa entonces el balance empeora. Al cierre de agosto pasado la deuda externa del gobierno federal sumó 76 mil 260 millones de dólares (10 mil 200 millones más que en diciembre de 2012), mientras la correspondiente al sector público federal acumuló 145 mil millones de billetes verdes (23 mil millones más que en el último mes de 2012).

Así, si se incluyen los dos conceptos (interna y externa), el saldo de la deuda del gobierno federal cerró agosto de 2014 en 5 billones 144 mil millones de pesos (785 mil millones más que el primero de diciembre de 2012), y la correspondiente al sector público federal en 6 billones 369 mil millones de pesos (más de un billón de  pesos adicionales en lo que va del gobierno peñanietista, sin considerar septiembre y octubre del presente año). De ese tamaño es la serpiente que debe domar el gobierno federal para proteger las finanzas nacionales.

Para el gobernador del Banco de México,  “en principio es bueno” que una buena parte de la deuda interna esté en manos extranjeras, aunque reconoce que el problema está por venir (cuando “el banco central de Estados Unidos revierta su política de reducción de tasas de interés”). Pero todo indica que “lo bueno” (“en principio”) no va a durar mucho, porque los hambrientos especuladores internacionales están más que dispuestos a mover sus capitales hacia otras latitudes. ¿Con qué responderá el gobierno federal ante un movimiento de las dimensiones señaladas?

Tan sólo en el periodo enero-agosto de 2014 de las arcas nacionales salieron alrededor de 125 mil millones de pesos sólo para el pago de intereses de la deuda interna del gobierno federal (a razón promedio diario de 521 millones de pesos, incluidos sábados, domingos y días festivos). Si se incluye la deuda interna del sector público federal, entonces la erogación ascendió a 139 mil millones de pesos (casi 580 millones cada 24 horas).

La zarandeada que se avizora parece de proporciones nada gratas y pone los pelos de punta, pero con la calma –marca Zen– que lo caracteriza el doctor Carstens divulga su fórmula mágica por cualquier eventualidad: “México debe prepararse para crecer más con estabilidad financiera”. Y uno de los “pilares” para lograr ese objetivo es “tener fortaleza en las cuentas externas del país, porque puede haber una reversión de los flujos de capital que han llegado, como a otras naciones en desarrollo o emergentes, para aprovechar mayores tasas de interés que las ofrecidas en los países desarrollados, donde los bancos centrales han reducido los réditos para estimular la economía después de la crisis de 2008-2009”. Debe sumarse “mantener la estabilidad macroeconómica y generar fuentes de crecimiento interno”, independientes al impulso de la todavía aletargada economía mundial, “y para eso van a funcionar las reformas”.

Entonces, ¡agarraos, mexicanos pagadores!, que con lo descrito y un jarrito de atole México se salvará de la voluminosa cuan creciente deuda pública y de las hordas de especuladores que de tiempo en tiempo –por no decir diario– saquean al país.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Todo apunta a que la “fórmula salvadora” para Guerrero es “michoacanizar” el estado con el objetivo, según dicen, de “restablecer el orden, la tranquilidad de los guerrerenses y la paz en la entidad”. Ocho años de fracasos en la patria chica del general Cárdenas parecen no ser suficientes para convencer al gobierno federal de que por allí no va la cosa.