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México SA: Discurso mata realidad

reforma energética

El precio del petróleo mexicano de exportación se mantiene en el suelo –con ganas de que en breve esté por debajo de él–, pero el gobierno federal no deja de hacer cuentas alegres porque, como en el cuento de la lechera, todo es miel sobre hojuelas y funciona maravillosamente bien, “gracias a la reforma energética”.

Cuando el inquilino de Los Pinos presentó en sociedad dicha “reforma” (12 de agosto de 2013) el precio del barril mexicano de exportación se ubicaba en 106.11 dólares; casi un año después (6 de agosto de 2014) el Legislativo dio luz verde al programa energético peñanietista, y en ese entonces el mismo barril se vendía a 104.59 dólares.

A partir de allí el precio se desplomó y, junto con él, el “atractivo de la apertura y el fin del monopolio”. El bombón para el gran capital (y la justificación misma de la “reforma”) era la explotación petrolera en aguas profundas y ultra profundas mexicanas, donde los costos de producción se ubican entre 40 y 50 dólares, es decir más del doble del precio actual, que ayer cerró en 22.55 billetes verdes.

El petróleo en aguas profundas y ultra profundas (el “tesorito” que el régimen calderonista promocionó hasta el exceso) fue la gran apuesta del gobierno peñanietista. Ese fue el quid de la “reforma” para que arribara la prometida catarata de inversiones, es decir, la llegada masiva de grandes empresas que vendrían al país a “desenterrarlo” del Golfo de México… siempre y cuando el precio del barril se mantuviera por arriba de 100 dólares, es decir, casi cinco tantos por arriba del precio actual.

El desplome de los petroprecios alejó a los vampiros trasnacionales del “tesorito”, al tiempo que obligó al gobierno peñanietista a realizar “ajustes” en los términos contractuales de la “reforma”, todos ellos, desde luego, favorables a los afilados colmillos de los Dráculas del petróleo. Pero ni así: todos los “incentivos” serán insuficientes si junto a ellos no hay lo que el gran capital persigue: utilidades, y muchas.

Nada grato resulta el panorama para las aspiraciones “reformistas”, pero si la realidad no cabe en el discurso, pues que se joda la realidad. Ayer el secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, “aseguró que pese a los problemas de la baja de los precios del petróleo en el mercado internacional no se detendrá la cuarta licitación de la ronda uno y se está preparando lo que será la quinta licitación” (La Jornada, Israel Rodríguez). Y tales licitaciones son, precisamente, para aguas profundas y ultra profundas, de tal suerte que prefieren malbaratar los bienes de la nación antes que poner en duda las “bondades” de la gloriosa “reforma” energética, la misma que nunca consideró la posibilidad del desplome de petroprecios.

Como parte del cuento de la lechera el secretario de Hacienda no deja de presumir las “exitosas coberturas” petroleras y de pregonar que, según dice, los recursos del ramo previstos en la Ley de Ingresos para 2016 “están garantizados” plenamente. El problema real es que tal acción sólo alcanzó para “cubrir” uno de cada dos barriles de exportación, pero ya se conoce que en la versión oficial discurso mata realidad.

Y si el ambiente ya era suficientemente tenso, ayer el Banco Mundial salió a decir que si los gobiernos exportadores de petróleo están a la espera de un rápido repunte de precios, entonces lo mejor que pueden hacer es acomodarse en mullido sillón, pues será hasta 2025, tal vez y siendo optimistas, cuando, paulatinamente, tales precios alcancen la cota de 80 dólares.

El organismo financiero multilateral redujo a 37 dólares ayer su proyección sobre el precio del petróleo crudo para 2016, una caída cercana a 30 por ciento con respecto a su estimación de octubre pasado, cuando tal precio lo fijó en 51 dólares. El Banco Mundial divulgó ayer su informe Perspectivas del mercado de productos básicos (Commodity Markets Outlook), del que se publican los siguientes pasajes. Va pues.

‘‘La baja en la proyección refleja varios factores relacionados con la oferta y la demanda: el hecho de que las exportaciones de Irán hayan recomenzado antes de lo previsto; la mayor resiliencia de la producción estadunidense a causa de los recortes de gastos y las mejoras en la eficiencia, el invierno moderado del hemisferio septentrional y la debilidad de las perspectivas de crecimiento de las principales economías de mercados emergentes.

El precio del petróleo cayó 47 por ciento en 2015, y se espera una baja adicional, en términos de promedio anual, de 27 por ciento en 2016. Sin embargo, se prevé una recuperación gradual a lo largo del año respecto de los bajos niveles actuales, por varias razones. En primer lugar, todo indica que la marcada caída del precio del petróleo de principios de 2016 no está totalmente justificada por las variables fundamentales de la demanda y la oferta, y es probable que se revierta en parte.

‘‘En segundo lugar, se espera que los productores de petróleo con costos altos sigan registrando pérdidas y que realicen cada vez más recortes en la producción, que probablemente compensen toda capacidad adicional que ingrese al mercado. Y en tercer lugar, se espera un repunte parcial de la demanda, tras una recuperación moderada en el crecimiento mundial. Aun así, la recuperación en el precio del petróleo será menor que los repuntes que llegaron tras las caídas abruptas de 2008, 1998 y 1986. Las perspectivas de los precios siguen sujetas a importantes riesgos a la baja.

‘‘Es probable que los precios del petróleo y de los productos básicos se mantengan en niveles bajos durante algún tiempo. Si bien consideramos que es posible que los precios suban levemente en los próximos dos años, aún persisten grandes riesgos de deterioro”. Más allá de los mercados de petróleo, se espera que los índices de precios de los principales productos básicos bajen en 2016, debido a que la oferta sigue siendo elevada y, en el caso de las materias primas industriales, a causa de la desaceleración de la demanda en las economías de mercado emergentes. En total, se corrigieron a la baja las proyecciones para el presente año de los precios correspondientes a 37 de los 46 productos básicos que analiza el Banco Mundial.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Péguenle, pero suavecito: el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, dijo que el objetivo de esa institución “no es mantener un tipo de cambio determinado, sino suavizar los movimientos cambiarios y darle liquidez”… a los especuladores. Que destrocen el peso, pero cariñosamente. Ayer en ventanilla bancaria el billete verde se vendió a 18.72 pesitos.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.