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25 agosto, 2015
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México SA: Dólar a 17.47 pesos

reforma energética

A escasos días de que el inquilino de Los Pinos envíe al Congreso el paquete económico 2016, el gobierno federal deberá reconsiderar buena parte de sus proyecciones macroeconómicas para tal año, pues la situación empeora un día y el siguiente también.

Allá por abril del presente año, la Secretaría de Hacienda dio a conocer los llamados “pre criterios” de política económica para 2016 y, por ejemplo, en ellos consideraba un tipo de cambio de 14.5 pesos por dólar; 55 dólares por barril de exportación; inflación de 3 por ciento y un crecimiento de entre 3.3 y 4.3 por ciento.

Entre aquella fecha y la presente, el tipo de cambio se incrementó más de 20 por ciento (ayer cerró en 17.47 pesos por dólar, aunque llegó a 17.52 pesos); el precio del barril de exportación se desplomó 39 por ciento (ayer Pemex lo colocó en 33.71 dólares, el más bajo desde el 9 de diciembre de 2008) y, con más ganas que certeza, la tasa de crecimiento no pasaría de 2- 2.5 por ciento, con todo y “las reformas que el país necesita”. Por el lado de inflación es probable que se alcance la meta (3-4 por ciento), pero siempre a costillas –como sucede desde ya muchos años– de salarios reales aún más reducidos, aunque la propia devaluación presiona, y fuerte, el alza de precios.

Entonces, con las cifras actualizadas los genios de Hacienda necesariamente deben reconsiderar sus fabulosos proyecciones económicas para 2016 y replantear muchísimas cosas, por mucho que el “ministro del (d) año” camine por la vida “sin optimismo infundado” y pregonando que México “se encuentra en un evidente proceso de crecimiento macroeconómico reflejado favorablemente en el bolsillo de los ciudadanos”.

Por lo que toca al petróleo, obviamente el ingreso obtenido será sustancialmente inferior al presupuestado, pues más allá de la enorme diferencia entre lo considerado en los “pre criterios” y la realidad (precio del barril a 55 dólares, contra 33 reales, en números cerrados), a estas alturas la plataforma de producción de crudo promedio se encuentra 10 por ciento por debajo de lo estimado y 3 por ciento la de exportación.

En las tres oportunidades anteriores (proyecciones económicas 2013, 2014 y 2015) la Secretaría de Hacienda no dio una, de tal suerte que con el mismo equipo, el mismo manual, la misma soberbia y, sobre todo, el mismo “ministro”, el resultado 2016 no tendría por qué ser distinto al obtenido en el trienio de referencia, durante el cual la tasa anual promedio de “crecimiento”, por llamarle así, no pasa de 1.8 por ciento, con ganas de empeorar.

Como se comentó en este espacio, en sus mágicos pre criterios para 2016 la Secretaría de Hacienda consideraba que con todo y “ajuste preventivo” (léase el anunciado recorte presupuestal de 135 mil millones de pesos para el año citado), un menor avance económico de Estados Unidos, una reducción en el volumen de petróleo exportado y la caída de petroprecios, el PIB mexicano crecería más que en 2015, pero entre tijeretazo y tijeretazo todo indica que, si bien va, la economía mexicana “avanzaría” prácticamente lo mismo que en 2014, es decir, nada, y que para 2016 la proporción sería aún menor.

Y falta ver cómo viene el llamado “presupuesto cero”, el cual, todo apunta, se convertirá en presupuesto bajo cero. De hecho ya se anunciaron tijeretazos en las asignaciones a derechos humanos, defensa de mexicanos en el extranjero, derechos y cultura indígenas, financiamiento al campo, cultura, deporte y educación, IMSS, Issste (alrededor de 40 por ciento) y a las ahora llamadas empresas productivas del Estado (Pemex y CFE, alrededor de 12 por ciento).

Pero como oficialmente en este mágico país nunca pasa nada malo ni existe crisis que doble a la “blindada” economía autóctona, el grandilocuente secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, dejó tranquilos a propios y extraños porque, según dice, el desplome de los precios petroleros “no pone en riesgo la reforma energética”. ¿Y por qué no? Fácil, porque “esperamos que sigan bajos y no vemos un cambio de mercado hacia mejores condiciones a corto plazo”.

Qué bueno saberlo, pero oficialmente ¿cuál era el gancho del petróleo mexicano para el capital privado? Pues los 100 dólares por barril y los muy bajos costos de producción, considerados entre los más reducidos del mundo. Y para el gobierno ¿cuál era el objetivo de la privatización? Captar “miles y miles de millones de dólares, por el gran atractivo de nuestros precios”. Y entre aquella aseveración y la realidad existe una diferencia negativa de 67 por ciento. De los 100 se desplomó a 33, y descontando.

En más de lo mismo, cómo no recordar aquellas sabias cuan tranquilizantes palabras de la dupla Videgaray-Carstens, en el sentido de que el peso mexicano estaba “blindado” ante el embate de la “volatilidad temporal”. Pues bien, Virgilio Andrade debería iniciar una “investigación” para exonerar a estos personajes por andar presumiendo un “blindaje” inexistente, pues entre aquel dicho y la realidad la devaluación de nuestra moneda supera el 33 por ciento, y contando, mientras la “volatilidad temporal” llegó para quedarse.

Ayer el billete verde cerró en 17.47 pesos (léase 17 mil 470, un récord más), aunque durante la jornada cambiaria alcanzó un pico de 17.52 por uno. Para la memoria, las devaluaciones en los sexenios echeverrista (de 12.50 a cerca de 20 pesos por dólar) y lopezportillista (de 20 a 70 por uno) fueron tomadas por la tecnocracia arribista como justificación para cambiar el modelo económico, por mucho que lo primero que hizo Miguel de la Madrid fue devaluar a 150 por uno.

Desde aquel 31 de agosto de 1976 a la fecha, el precio del dólar se incrementó 140 mil por ciento, y contando, mientras el nuevo modelo económico redujo el ritmo de crecimiento de 6 a 2 por ciento.

Y de pilón, ayer el principal indicador de la Bolsa Mexicana de Valores registró severo zarandeo, que concluyó en una caída de 1.64 por ciento, aunque el precio de las acciones de algunas empresas, como TV Azteca, se hundieron alrededor de 12 por ciento. La sacudida bursátil se registró a nivel mundial y ella no es precisamente una buena señal.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Tranquilos, pues, y recuerden que México está “blindado” y aquí no pasa nada, según dicen en Los Pinos y zonas aledañas, es decir, otra vez la costosísima versión del “catarrito” de tiempos calderonistas.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.