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México SA: Dólar en las nubes

reforma energética

A tinado, como siempre, meses atrás el “ministro del (d) año” se ufanaba de que el gobierno “no está preocupado por el funcionamiento del mercado cambiario”. Lamentablemente tal mercado nunca se enteró de la envidiable tranquilidad peñanietista, por lo que el tipo de cambio no ha dejado de avanzar, en demérito de la moneda nacional, y ayer de nueva cuenta rompió récord: 16.33 pesos por dólar (léase 16 mil 330 por uno en ventanilla).

Como se ha comentado en este espacio, lejanísimos quedan los tiempos en los que la divisa mexicana valía más que la estadunidense, cuando casi dos siglos atrás, y a lo largo de 54 años (datos históricos de Inegi), el tipo de cambio peso-dólar favoreció al primero, es decir, se requerían más billetes verdes para comprar un peso mexicano. Ello sucedió de 1821 a 1875, cuando por cada dólar se pagaban entre 93 y 98 centavos de peso.

A partir del último de los años citados, con Sebastián Lerdo de Tejada en la Presidencia, se “empató” el tipo de cambio (uno por uno) y de allí en adelante nunca más los mexicanos pudieron adquirir dólares en igualdad de circunstancias, porque la “volatilidad pasajera” (como ahora le llaman los tecnócratas) se comió cualquier posibilidad de resarcir lo perdido.

Desde entonces, el país un día rompe el récord y el siguiente también, y los mexicanos pagan el precio. De 1.01 pesos por dólar, en 1875, el tipo de cambio ascendió y ascendió (a favor del billete verde, desde luego) y México arrancó el siglo XX con un dólar a 2.06 pesos, es decir, una devaluación de 106 por ciento en un periodo de 25 años.

Y de allí para el real, siempre con la promesa gubernamental (en la administración que sea) de que el “deslizamiento” y/o “flotación” (antes simplemente le llamaban por su nombre: devaluación) es por el bien de la nación y de sus habitantes, quienes ya no sienten lo duro sino lo tupido.

Pero la terminología neoliberal a todo le encuentra el lado “bueno” de las cosas. Por ejemplo, en México nunca se privatizó la infraestructura productiva del Estado; simplemente se “modernizó”. La banca nunca se “rescató” ni extranjerizó; sólo se “afianzó” y “globalizó”. El poder adquisitivo de los salarios nunca se desplomó; apenas si se “adecuó”, y así por el estilo.

En el caso del tipo de cambio, el peso nunca se devalúa: sólo se fortalece el dólar, y tan macizo está el billete verde que nunca –ahora sí en serio– había alcanzado la cota que registró ayer frente a la moneda nacional. Lo mejor del caso es que Estados Unidos es el principal socio y amigo de México, según reza la propaganda oficial. ¡Imaginen que no lo fuera!

Al cierre de esta entrega, la autoridad cambiaria no se había pronunciado en torno al récord que rompió el récord, el que a su vez previamente había roto otro, y etcétera, etcétera. De cualquier forma ello no es importante, porque ya dijo el “ministro” que el peso no se devalúa; en todo caso “flota”, y con Enrique Peña Nieto en Los Pinos el tipo de cambió ha “flotado” alrededor de 30 por ciento en demérito de lo que queda de la moneda nacional.

En la premodernidad institucionalizada, José López Portillo dijo que “presidente que devalúa se devalúa”, y de eso el churumbel sabía un rato. Pero en la bella etapa de “modernidad”, ¿cómo se adecuaría la frase? Tal vez “presidente que flota se la flota’’, o ¿cómo quedaría bien?

De hecho, prácticamente todos los presidentes de la República se comprometieron a no devaluar, porque, decían, con “las medidas implementadas, dolorosas pero necesarias”, todo se había solucionado. Por ejemplo, Luis Echeverría destacaba la “sólida posición” de México que “nos permite hacer frente a los acontecimientos económicos mundiales… Así, podemos reiterar que el tipo de cambio del peso y su libre convertibilidad están asegurados. Sostendremos, sin modificación alguna, el tipo de cambio de 12.50 pesos por dólar (por ser) esta política factor básico de confianza para el ahorro del pueblo, la reinversión de los empresarios y pieza vital del manejo de nuestra política económica”.

Algo falló, porque tras 24 años de estabilidad cambiaria devaluó, y muy fuerte –más de 60 por ciento–, porque “hemos llegado a la conclusión de que el actual tipo de cambio del peso mexicano no es el adecuado para restaurar el equilibrio de la balanza de pagos”.

Siguieron el referido JLP y su perro, Miguel de la Madrid, Salinas y sus tres ceros, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto, y de aquellos 12.50 pesos por dólar que Echeverría prometió no modificar, ayer los mexicanos amanecieron con 16 mil 330 pesos por billete verde. En 39 años, pues, 130 mil por ciento de “flotación”.

Sin ánimo masoquista, es necesario recordar que cuando menos la mitad de los alimentos que consumen los mexicanos provienen del exterior, fundamentalmente de Estados Unidos, nuestro amigo y socio, de tal suerte que a la hora de hacer el mandado no será útil el truco de estirar el dinero, pues el impacto devaluatorio (perdón el uso de ese añejo término, pero se escucha espantoso “flotatorio”) en los precios internos será bastante rudo. Y lo que no se destine a la adquisición de comida, pues se canalizará a otros productos, también importados en su mayoría.

Recuérdese, también, que los mexicanos más pobres destinan el grueso de su raquítico ingreso a la adquisición de alimentos (64 por ciento de los habitantes de este país obtiene menos de dos salarios mínimos), por lo hay que pensar en el brutal efecto que en ese núcleo poblacional (que hace mayoría) tiene un dólar “fortalecido” (que, según los tecnócratas, no es lo mismo que un peso devaluado), de la mano de una cada día menor producción interna de alimentos, o lo que es lo mismo, mayor importación de viandas.

Ante este panorama, cómo olvidar las sabias cuan convincentes palabras del dúo dinámico (Luis Videgaray-Agustín Carstens), cuando no hace mucho sonrientes aseguraban que la inestabilidad cambiaria que registra el país sólo era producto de “una volatilidad temporal”, la cual, de cualquier forma, le hacía lo que el viento a Juárez, toda vez que existía un “blindaje” que protegía al peso, la economía y todo lo demás, amén de que “estamos bien preparados” y la moneda nacional “tenderá a estabilizarse frente al dólar”, pues “la situación es manejable”, e incluso “tienda a apreciarse frente al dólar”.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Entonces, ¡ánimo!, mexicanos pagadores, que igual hoy se registra otro récord.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.