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México SA: ¿ Economía de otro planeta ?

reforma energética

E ntusiasmado, al borde del llanto, dos años atrás el secretario general de la OCDE, José Angel Gurría, presumía al mundo que la economía mexicana “casi es de otro planeta” y “está en otra dimensión” (estimaba un crecimiento de 4 por ciento), y ello fue posible “gracias afortunadamente al trabajo de tantos años”.

Pues bien, esa economía extraterrestre se mantiene en la dimensión desconocida, y si bien van las cosas en el primer bienio del actual gobierno registrará una tasa anual promedio de “crecimiento” de 1.6 por ciento, la proporción más reducida desde los aciagos tiempos de Miguel de la Madrid, cuando apenas comenzaba el “trabajo de tantos años” que cacareaba Gurría.

Ahora, menos excitado que en el cierre del calderonato, el ex secretario zedillista de Hacienda se ha visto en la penosa necesidad de reconocer que el trabajo de sus marcianos favoritos ha sido mediocre en grado sumo, por decirlo suave, y que la perspectiva económica nacional no es de otro planeta. Ello sin valorar el impacto que en ella tendrá la caída de los petroprecios y la “volatilidad pasajera” en el tipo de cambio.

El tamaulipeco participó en los trabajos de la Cumbre Iberoamericana que se desarrolla en Veracruz, durante los cuales subrayó que América Latina es la región más desigual del planeta (y en ella México destaca por ser uno de los países más desiguales) y que el futuro inmediato no será de otro planeta, por mucho que la mayoría de los gobiernos de la zona también han seguido la pauta neoliberal y durante muchos años han hecho su trabajo.

Pero al final de cuentas parece que Gurría dejó a un lado su afición por el espacio sideral y aterrizó apenas el pasado domingo, cuando descubrió el hilo negro y subrayó que América Latina y el Caribe reportan “un crecimiento verdaderamente anémico”, y que la región “ha dejado atrás las elevadas tasas de crecimiento económico de la década pasada”.

Sin duda, en el periodo citado por el secretario general de la OCDE algunas naciones latinoamericanas registraron gruesas tasas de avance (como Panamá, Perú y Bolivia), pero hay que matizar esa declaración del capitán extraterrestre, porque en conjunto el promedio fue ligeramente inferior a 4 por ciento anual, es decir, nada digno de “otra dimensión”. México, obviamente, no se considera en ninguno de los casos, porque en ese periodo su tasa de “crecimiento” a duras penas alcanzó 2 por ciento.

El también ex titular de Relaciones Exteriores en tiempos de Zedillo (un apasionado de aquel viejo programa de la tele “mi marciano favorito”) presentó en sociedad el informe Perspectivas económicas de América Latina 2015, elaborado conjuntamente por la OCDE, la Comisión Económica para América Latina y el Banco de Desarrollo para América Latina, en el cual el mensaje no resulta alentador.

En este contexto, el citado informe destaca que América Latina “ha dejado atrás las elevadas tasas de crecimiento económico de la década pasada para converger a tasas más moderadas, en el rango de 1.5 a 3 por ciento. Sin duda, el haber sorteado el deterioro de las condiciones externas sin episodios de crisis es una buena noticia (N de la R: en la región sobreviven alrededor de 170 millones de pobres). No obstante, la continua revisión de las proyecciones de crecimiento de mediano plazo a la baja podría ser síntoma de un crecimiento del producto potencial menos robusto de lo previsto, que podría poner en riesgo los avances sociales recientes”.

Las perspectivas de crecimiento de América Latina, apunta el informe, son desalentadoras, pues es necesario considerar “un entorno internacional más desafiante”, que no contribuye a reducir la vulnerabilidad de la región, la cual, no obstante los reiterados fracasos “modernizadores” y “reformistas”, requiere, de acuerdo con el informe, “realizar avances ambiciosos tanto para incrementar la productividad como para continuar con la reducción de la desigualdad y la pobreza”, o lo que es lo mismo, más “reformas modernizantes”.

La economía global, apunta, “continuó desacelerándose en 2013, alcanzando una expansión de apenas 3 por ciento, muy por debajo del 5.2 por ciento que marcó la salida de la recesión de 2010. Según las estimaciones de octubre del Fondo Monetario Internacional, crecería 3.3 por ciento en 2014 y 3.8 por ciento en 2015’’.

No obstante, consideran los organismos involucrados en la realización del informe, “los pronósticos se han estado corrigiendo a la baja y se prevé que el crecimiento global no supere 4 por ciento en los próximos cinco años. Este entorno global se caracteriza por una recuperación de la actividad en la mayoría de las economías desarrolladas, debilitamiento en las emergentes, un progresivo repliegue del precio de algunas materias primas y una normalización de las condiciones monetarias en Estados Unidos”.

Se espera que las principales economías avanzadas registren tasas de crecimiento del PIB algo más vigorosas en los próximos dos años, principalmente Estados Unidos. La actividad en las economías emergentes continuaría avanzando, pero a tasas más moderadas. La recuperación en las economías avanzadas iría acompañada de la normalización de las condiciones monetarias, comenzando en Estados Unidos. Los precios de las materias primas tenderían a deslizarse algo más, aunque continuarían ubicándose en niveles elevados.

La buena noticia (para los autores, no para los latinoamericanos) es que “a pesar de que las economías emergentes seguirán siendo las que más contribuirán al crecimiento global, en los próximos dos años el impulso se trasladará en parte hacia las economías avanzadas, principalmente Estados Unidos. Para las economías de la OCDE en su conjunto se prevé un crecimiento económico menor que el de la economía mundial, 1.8 por ciento en 2014 y 2.3 por ciento en 2015”. Es decir, las naciones pobres no dejarán de aportar a los países ricos para que sean éstos los que, como siempre, se queden con la rebanada más gruesa. Y eso no proviene de otro planeta ni de la afición de Gurría por los marcianos, sino del modelo económico depredador que ha devastado al grueso de la población mundial.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Pues nada, que el anuncio de la Comisión de Cambios (Luis Videgaray-Agustín Carstens) ni cosquillas les hizo a las hordas especuladoras: ayer el tipo de cambio peso-dólar cerró en 14.70, mientras el precio del barril mexicano de exportación se mantiene cuesta abajo.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.