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México SA: Economía en reversa

reforma energética

S in “reformas relevantes”, estimaron los genios de palacio, la economía mexicana no crecería más allá de 3-4 por ciento en promedio anual, proporción, si bien “envidiable” –según decían–, a todas luces totalmente insuficiente para “hacer frente a los retos que nos hemos propuesto y cumplir a cabalidad con las metas de desarrollo por alcanzar”.

Por lo anterior pusieron manos a la obra y vertiginosamente llenaron un costal con “reformas relevantes” –la energética como la mamá de los pollitos– para que el país creciera a la velocidad del sonido y en una proporción nunca antes vista. Se lo entregaron al Congreso para su formal aprobación y ¡labor cumplida! Sólo era cuestión de meses –porque no se trataba de “magia”– para concretar el gran salto hacia adelante y el “cambio se refleje en los bolsillos de los mexicanos”. Y se sentaron a esperar.

Pero algo falló, porque, salvo los meses, nada ha pasado, la economía se mantiene en condiciones famélicas, en el suelo el “crecimiento” y la mamá de los pollitos lejos de sumar puntos al PIB se los está restando, aunque, eso sí, los genios siguen sentados y esperando. En el discurso, ese costal con “reformas relevantes” hace maravillas, aunque nada en la realidad.

Ya con el costal aprobado por el Congreso, para el tercer año de estancia en Los Pinos su inquilino y el círculo de genios estimaron un crecimiento económico de 3.7 por ciento, un rango que –según ellos– prevalecía en el país antes de las “reformas relevantes”. Sin embargo, con el comienzo del nuevo año también llegó la primera temporada de recortes al pronóstico oficial, de tal suerte que por tercer año consecutivo el “ministro” de Malinalco y sus muchachos habrá errado en sus cálculos, y eso ya no es novatez, sino goliza.

El tercer tanto en la portería nacional lo clavaron el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, organismos que ya utilizaron las tijeras para recortar el pronóstico gubernamental en materia de crecimiento económico para el presente año, por mucho que las “reformas relevantes” (cuando menos así lo presumen en el circuito oficial) no sólo fueron aprobadas, sino que están en “plena operación”.

Cuando, en el arranque sexenal, los genios patentizaron su preocupación por el bajo crecimiento económico del país “en años previos”, consideraron que un avance anual promedio de 3-4 por ciento era insuficiente para sus heroicos planes de desarrollo, pero transcurrida una tercera parte de su estancia en la residencia oficial, el balance de resultados es tétrico, pues el crecimiento anual promedio en ese periodo, si bien va, no pasa de 1.6 por ciento, es decir, 2.5 tantos menor al que, por allá de noviembre de 2012, les causaba profunda preocupación, y de allí la urgencia de ir por las “reformas relevantes”.

En el Plan Nacional de Desarrollo 2013- 2018 los genios detallaron que “el periodo de mayor crecimiento económico de la historia reciente del país (1954-1970) fue también el lapso en el que la calidad de vida de la población experimentó la mejora más significativa. En dicha etapa, el producto interno bruto registró un crecimiento promedio anual de 6.7 por ciento, mientras el PIB per cápita aumentó a una tasa promedio anual de 3.5 por ciento. La productividad total de los factores en este mismo periodo creció a una tasa promedio anual de 4 por ciento. El periodo señalado se caracterizó por un modelo de crecimiento con estabilidad macroeconómica. Sin embargo, en parte por consistir en una estrategia orientada primordialmente al mercado interno, al cambiar las condiciones globales el modelo agotó su potencial para generar un aumento sostenido de la productividad”.

En el periodo 1970-1982, continúan con su relato, “hubo cambios sustanciales en diferentes ámbitos del desarrollo nacional: los sistemas de educación y salud mostraron un crecimiento sin precedentes, se desarrollaron las infraestructuras eléctrica, hidráulica y de transporte del país, y se lograron avances que hoy sustentan la vida económica de México. No obstante, durante este periodo el país también experimentó diversos problemas. Por ejemplo, unas finanzas públicas deficitarias y una política monetaria que generó alta inflación, mermaron la productividad e inhibieron el crecimiento económico”.

La vida siguió, y en el periodo 1982-1994 “se llevó a cabo un complicado proceso de modernización de la economía mexicana en un contexto económico adverso. La crisis de la deuda a principios de los años ochenta llevó a una caída en el PIB per cápita, en los salarios reales y en la productividad. Sin embargo, a partir de ésta se comenzó a reemplazar de manera decidida el modelo de sustitución de importaciones, para dar paso a una política económica que contempló la desestatización de la economía y una apertura comercial que tuvo como primer paso el ingreso de México al Acuerdo General de Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés), e incluyó a la postre la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Durante este periodo, también se lograron avances institucionales importantes encaminados a alcanzar la estabilidad macroeconómica. No obstante, este periodo culminó con una crisis que afectó el bienestar, patrimonio y poder adquisitivo de las familias mexicanas”.

De esta forma, culminan, “durante el periodo 1970-1995 el PIB creció en promedio a una tasa de 3.9 por ciento anual que se tradujo en un incremento promedio del PIB per cápita de únicamente 1.2 por ciento anual. Con un alto costo para la población, México aprendió la lección de que no hay atajos para el desarrollo. Así, México ha seguido ya por varios lustros una política económica responsable que ha contribuido a la estabilidad macroeconómica del país. No obstante, el PND parte del reconocimiento de un hecho inobjetable: el crecimiento de la economía en las últimas décadas ha sido insuficiente para elevar las condiciones de vida de todos los mexicanos y para reducir en forma sostenida los niveles de pobreza”.

Ese fue su diagnóstico y, en consecuencia, se pusieron a trabajar en eso de las “reformas relevantes”, pero ya con ellas palomeadas y “en operación”, resulta que la economía mexicana registra el menor ritmo de crecimiento en muchas décadas. Entonces, ¿son las “reformas”, los “reformadores” o el par?

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Dice el inquilino de Los Pinos que en la primera quincena de 2015 se registró la inflación más baja en 25 años (para un periodo igual), consecuencia, obviamente, “de que las reformas estructurales están en acción”. Qué bueno, pero millones de mexicanos le exigen que dé a conocer dónde compra la señora de su casa para estirar el gasto familiar.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.