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México SA: Economía recortada, otra vez

reforma energética

C ómo van de bien las cosas que sería un verdadero milagro que la tasa de “crecimiento” económico cerrara el presente año ligeramente por arriba de 2.2 por ciento, para un promedio anual de 1.8 por ciento en la primera mitad del gobierno peñanietista. Migajas y más migajas para un país al que le urge infinitamente más que eso.

Otro sexenio fallido, aunque para la Secretaría de Hacienda y su “ministro del (d) año” “crecer” en dicha proporción es igual a que la “economía sigue avanzando”, por mucho que todos los pronósticos de esa dependencia han resultado fallidos.

Resulta que, de nueva cuenta, los 37 grupos de análisis y consultoría económica del sector privado nacional y extranjero, permanentemente consultados por el Banco de México, recortaron (tijeretazo número 10 de diez posibles) la expectativa nacional de crecimiento económico, y al cierre de octubre pasado la redujeron a tan sólo 2.29 por ciento.

A dichos grupos les restan dos meses (noviembre y diciembre) del año para reducir, una vez más, la citada expectativa, y al ritmo que llevan –que no es otro que el marcado por la propia economía mexicana– nada raro resultaría que su pronóstico concluya 2015 en el filo de 2.2 por ciento, prácticamente lo mismo que en 2014, con el agravante de que todas las “reformas” aprobadas en el arranque sexenal están en operación (es decir, aquellas que de nueva cuenta obligarían a los mexicanos a “administrar la abundancia”).

De enero a octubre del presente año, los citados grupos de especialistas recortaron en diez ocasiones al hilo el pronóstico de crecimiento económico del país, y entre su estimación original y la más reciente existe una diferencia a la baja cercana a 35 por ciento. Lo peor del caso es que el mismo tratamiento han recibido las respectivas proyecciones para 2016 y 2017.

De cumplirse estas últimas (2.79 y 3.32 por ciento, en cada caso), la tasa anual promedio de “crecimiento” económico en cinco años de gobierno peñanietista sería, en el mejor de los casos, de 1.9 por ciento, la más reducida, junto con la registrada durante el calderonato, desde los tiempos de Miguel de la Madrid, lo que ni lejanamente configura el “México próspero”

prometido por el actual inquilino de Los Pinos.

Así, de la “renovación moral” (De la Madrid) al “México próspero” (Peña

Nieto), sin olvidar la “solidaridad” (Salinas), el “bienestar para la familia” (Zedillo), el “cambio” (Fox) y el “para vivir mejor” (Calderón), la economía nacional ha “crecido” 2 por ciento en promedio anual, proporción ligeramente superior a la registrada entre 1900 y 1934 (de Porfirio Díaz a Abelardo L. Rodríguez, sin olvidar el elevadísimo costo social y económico por el movimiento revolucionario y la reconstrucción nacional). De ese tamaño.

Los grupos de analistas permanentemente consultados por el Banco de México no quitan el dedo del renglón y reiteran que “los principales factores que podrían obstaculizar el crecimiento económico” del país son la debilidad del mercado externo y la economía mundial, la inestabilidad financiera internacional, la plataforma de producción petrolera, los problemas de inseguridad, la política fiscal y la debilidad en el mercado interno. Sigue un rosario de problemas (de los niveles de tasas de interés externas y la incertidumbre cambiaria a la inestabilidad política internacional y las presiones inflacionarias internas) que si bien enumeran no los ubican como factores de riesgo.

Vendrán los resultados de noviembre y diciembre, y los citados grupos de análisis no dejarán de utilizar las tijeras en lo que a perspectiva de crecimiento se refiere. Entonces, ¿hacia dónde va el país y sus habitantes con un modelo económico igual de fallido que la clase político-empresarial que lo ha defendido a capa y espada a lo largo de seis gobiernos al hilo? Y a pesar de los raquíticos resultados, insisten en que “vamos por el camino correcto”. ¿Será?

Y como parte de ese “camino correcto” está la activa tarea gubernamental de despojar a la nación de sus bienes para entregarlos a manos privadas. Ejemplos sobran (de la banca a los ferrocarriles; de las minas al petróleo, pasando por todo lo demás), pero entre lo más reciente destaca el otorgamiento a inversionistas privados de “la primera concesión en la historia del país para la generación de energía eléctrica en la modalidad de geotermia”, la cual (¡sorpresa!) fue entregada a uno de los muchachos de la siempre feliz familia Forbes, es decir, al de los abonos chiquitos.

La Jornada (Víctor Cardoso) informa que la Secretaría de Energía tuvo a bien entregar tal concesión a Grupo Dragón, “del empresario Ricardo Salinas Pliego, quien operará a través de su empresa filial Geotermia para el Desarrollo, la cual iniciará la generación eléctrica a partir de mediados de 2016 con 25 megavatios y podrá ampliarse otro volumen similar en 2018”. La inversión estimada es por 2 mil 600 millones de pesos en la explotación de yacimientos en Nayarit y sumará entre 25 y 50 megavatios a la generación eléctrica. Todo ello para apenas crear 650 empleos (se supone que formales).

En su discurso de ocasión, el secretario de Energía celebró que “gracias a la ubicación de México en el cinturón volcánico del planeta, se estima un potencial de generación hasta de 13.4 gigavatios de electricidad con este recurso”. De hecho, presumieron que “los recursos geotérmicos prospectivos con que cuenta el país lo ubicarán en la tercera posición mundial en generación de energía limpia por medio de la geotermia”. Qué bueno, pero hasta donde se sabe el país siempre ha estado ubicado en el mismo sitio, al igual que el citado cinturón volcánico. Entonces, ¿por qué no lo explotó antes la Comisión Federal de Electricidad?

Por cierto, ¿quién dijo aquello de que el objetivo de la “modernización” del país era “la democratización del capital”?

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Si de excesos se trata, allí está la intentona del Senado de la República de entregar la medalla Belisario Domínguez a uno de los grandes beneficiarios del citado despojo de bienes nacionales, es decir, el barón (otro Forbes) Alberto Bailleres. ¿Serán los magnates los nuevos héroes de la patria? Por una casualidad de la vida la comisión para el otorgamiento del galardón es presidida por un itamita (del ITAM, propiedad de Bailleres), el senador chiapaneco Roberto Armando Albores Gleason, del PRI, y el secretario técnico es el senador perredista Julio Ernesto Herrera Segura, también itamita. Y hay muchos itamitas más ocupando escaños. Demasiadas coincidencias, ¿o no?

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.