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México SA: El vodevil del tren

reforma energética

E l vodevil del Tren de Alta Velocidad México-Querétaro se mantiene en marquesina, y ahora el gobierno federal deberá indemnizar al solitario consorcio participante en esa licitación, cuyo fallo fue calificado, primero, de “transparente y apegado a la legalidad”, pero que, tres días después, el inquilino de Los Pinos echó para atrás en busca de “más transparencia y claridad, para que no haya dudas”.

Como si los recursos públicos sobraran y no hubiera dónde invertirlos, el consorcio ganador en primera instancia, desconocido en segunda y, en tercera, futuro participante en la misma licitación, pero reloaded, será indemnizado, aunque la Secretaría de Comunicaciones y Transportes no ha cuantificado los dineros a entregar, porque primero “vamos a ver cuáles son los gastos en los que incurrieron en la presentación y vamos a negociar la afectación que todo esto pudo haber significado”, según dicho del director general de Transporte Ferroviario y Multimodal de esa dependencia, Pablo Suárez Coello.

Eso sí, el mismo personaje se mostró ilusionado en que “el consorcio vuelva a inscribirse, ya que cuenta con una oferta muy competitiva”, es decir, lo califican, lo desclasifican y lo reclasifican, y de pilón lo indemnizan en una de las licitaciones más extrañas, por decir lo menos, de que se tenga memoria.

El lunes 3 de noviembre la Secretaría de Comunicaciones y Transportes palomeó como ganador (un contrato por más de 50 mil millones de pesos) al consorcio formado por las empresas China Railway Construction Corporation, China Railway Construction Corporation International, CSR Corporation Limited; las mexicanas (todas ellas de amigos del régimen) Constructora y Edificadora GIA, Prodemex, GHP Infraestructura Mexicana y Constructora Teya, y la francesa Systra, filial del organismo estatal responsable del Sistema Nacional de Ferrocarriles de Francia, para poco después revocar el fallo y anunciar una nueva licitación para la misma obra, aunque sin fecha concreta en el calendario.

Para el jueves 6, la misma dependencia, por medio de su titular Gerardo Ruiz Esparza, notificó que, por instrucciones del inquilino de Los Pinos, se “repondría” la licitación con el fin de limpiar el proceso y evitar “dudas e inquietudes que han surgido en la opinión pública por este proyecto”. Se trata, dijo el susodicho, “de dar un tiempo más amplio y propiciar la participación de un mayor número de fabricantes de trenes, así como de fortalecer la absoluta claridad, legitimidad y transparencia”.

Lo mejor del caso es que por la mañana de ese mismo día, ante los senadores de la República el propio Ruiz Esparza defendió a capa y espada no sólo la validez del fallo que beneficiaba al citado corporativo, sino la “transparencia y legalidad” del mismo. “Actuamos con toda legalidad y no hay asomo de favoritismo o corrupción en el proyecto”. Pero ya en la noche el mismo funcionario hizo pública la revocación en aras de “más transparencia y claridad, para que no haya dudas”.

Cabe la posibilidad de que entre una fecha y otra en la residencia oficial se enteraron de que se cocinaba un reportaje, producto de una investigación periodística del equipo de Carmen Aristegui, sobre una bonita casa en las Lomas que, casualidades de la vida, resultó habitada por la tricolor pareja presidencial y, oficialmente, propiedad de una de las empresas ganadoras de la multicitada licitación, y de allí la penosa urgencia de revocar el fallo para tren México- Querétaro y “buscar más transparencia y claridad, para que no haya dudas”, con todo y la respectiva indemnización.

El lunes 3 de noviembre, durante la ceremonia de fallo, Gerardo Ruiz Esparza presumió que “en esta licitación se cumplió estrictamente con la normativa y legislación vigentes; en la SCT han ejercido el presupuesto con prontitud y responsabilidad”. Por si fuera poco, destacó la “seriedad profesional” con la que el consorcio ganador presentó su oferta al gobierno mexicano, y dejó “como testimonio que desde una visita del presidente Enrique Peña Nieto a la República China se hizo la invitación a participar en estos procesos licitatorios; desde ese momento (las empresas chinas) enviaron a México a 200 técnicos que trabajaron intensamente para cumplir con las fechas que se les pidió originalmente para la construcción de este Tren de Alta Velocidad México-Querétaro” (La Jornada, Miriam Posadas).

Una de las quejas más sonoras sobre dicha licitación fue la relativa a la falta de tiempo que la SCT otorgó a las 17 empresas interesadas para que presentaran sus propuestas (pidieron que se ampliara 240 días el plazo para preparar la propuesta). De hecho, 16 de ellas se “disculparon” por no participar en el concurso, dada la premura para hacerlo. Sin embargo, Ruiz Esparza no tuvo empacho al contestar que “tuvieron dos meses para integrar la oferta técnica y económica desde que se publicaron las bases de licitación”. Trece de ellas solicitaron ampliación del plazo, a lo cual no accedió la dependencia federal.

El argumento de la SCT para negarse consiste en que desde febrero de 2013 al comienzo de la licitación “el proyecto se dio a conocer frente a diversos auditorios, como colegios de ingenieros civiles, cámaras de los sectores de la construcción y el transporte, instituciones de educación superior, asociaciones del gremio ferrocarrilero, empresas constructoras y fabricantes de material rodante” (ídem). Y los chinos, más los mexicanos, se quedaron con la obra, sólo para que 72 horas después se la quitaran, pero con indemnización.

Lo mejor del caso es Ruiz Esparza aseguraba que el gobierno federal “tiene prisa” por ejercer el presupuesto y por lo mismo no amplió el plazo para la presentación de propuestas, porque se correría el riesgo, según dijo, de que no se realizara el proyecto, como ocurrió en el sexenio pasado con los trenes suburbanos. Y, sorpresa!, el proyecto se pospone como en el sexenio pasado, porque “la decisión gubernamental tiene la finalidad de dar un tiempo más amplio y propiciar la participación de un mayor número de fabricantes de trenes, así como de fortalecer la absoluta claridad, legitimidad y transparencia”. ¡Ole!

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Entonces, en este vodevil, y tras los dichos y hechos de Guillermo Ruiz Esparza y sus muchachos, una actuación digna de la Chimoltrufia a costillas del erario, en la realidad la única duda que queda es por qué este personaje conserva el puesto.