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México SA: Empleo precarizado

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E l micrófono oficial divulga que “sólo con mejores empleos y salarios es posible dejar atrás la pobreza y superar la inequidad”, y que, por lo mismo, el gobierno peñanietista registra “buenos resultados” en todos esos renglones.

Sin embargo, más allá del autoelogio y la fatua propaganda, la propia información oficial revela que la generación de empleo formal ha sido insuficiente (sólo se ha cubierto 44.5 por ciento de la demanda anual de plazas formales, sin considerar rezago histórico), que el poder adquisitivo de los salarios se mantiene en niveles raquíticos, que la falta de equidad es norma en este país y que, en fin, la pobreza se ha incrementado.

Resulta imposible que un país salga adelante a golpe de propaganda, pero en Los Pinos y áreas dependientes insisten –acumulan seis gobiernos al hilo– que ese es “el camino correcto”. Pero lejos de las áreas gubernamentales el análisis de la realidad laboral en el país sí es serio, como el del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC), del que se toma la siguiente numeralia. Va pues.

La precarización laboral es una falla estructural que causa pobreza. Las cifras de ocupación y empleo acumuladas hasta el primer semestre de 2015 constituyen una situación paradójica: si bien la reducción de la desocupación (que no del desempleo) es un factor positivo, aunque muy limitado (de 4.9 por ciento en 2014 a 4.6 en 2015), el problema radica en que la mayor empleabilidad se da en un contexto poco propicio para el bienestar y desarrollo de la población.

La ocupación en el país se ha generado para la población con menor nivel de instrucción: mientras en 2012 la proporción de personas desocupadas con secundaria completa y educación media superior y superior representaba 73.2 por ciento, para 2015 se incrementó a 78.7 por ciento. A mayor nivel académico, menor empleo. Por tanto, el avance de la ocupación se ha traducido en un retroceso en términos de la movilidad social: tener mayores grados de estudios no garantiza una ocupación, problema que se ha profundizado durante 2015.

Lo anterior es producto del bajo crecimiento económico: se genera escaso valor agregado que rechaza a personas con mayores estudios y cualificaciones. También es responsabilidad del modelo maquilador de México: se importan productos para reexportarlos, sin darle valor agregado a la economía mexicana, al tiempo que desplaza a la gente del país que genera innovación y desarrollo tecnológico.

Los bajos salarios constituyen un segundo elemento que evidencia un entorno adverso para la población ocupada. La creación de ocupación entre 2012 y 2015 se dio en el rango de ingresos que no superan los tres salarios mínimos. La mayor proporción se tuvo entre uno y dos salarios mínimos. Con la información disponible hasta el primer semestre de 2015, y contabilizando la información promedio de un año, se puede observar que las mayores oportunidades de empleo y ocupación no superaron el ingreso de dos salarios mínimos. Por el contrario, se puede observar una destrucción de empleo y ocupación para las personas que ganaron más de tres salarios mínimos.

Un elemento adicional a considerar es el metodológico. De la nueva ocupación generada, cerca de un millón se encuentra catalogada como no especificada, lo cual limita las decisiones en términos de política pública orientadas a mejorar las condiciones del entorno en cuanto a ingresos laborales.

La tasa de subocupación, que mide a las personas ocupadas con la necesidad y disponibilidad de ofertar más tiempo de trabajo de lo que su ocupación actual les permite, refleja una “disminución” de 8.6 por ciento en 2012 a 8.1 en 2015, indicando que menos personas ocupadas buscan una opción adicional de empleo, situación que se da a pesar de la disminución de trabajos mejor pagados. Una explicación a este contrasentido radica en que la ocupación es de bajos salarios pero de horarios extendidos.

La evidencia mostrada por el incremento en la tasa de condiciones críticas de ocupación permite entender la disminución en la subocupación, la cual se refiere al porcentaje de la población ocupada, que se encuentra trabajando menos de 35 horas a la semana por razones de mercado, más la que trabaja más de 35 horas semanales con ingresos mensuales inferiores al salario mínimo, y la que labora más de 48 horas semanales ganando hasta dos salarios mínimos, ya que en parte los trabajadores pueden contar con la necesidad de un ingreso adicional pero no con el tiempo que requieren para buscar una ocupación extra.

Un aspecto positivo es la disminución en la tasa de informalidad, la cual retrocedió de 60.1 por ciento en 2012 a 57.8 en 2015, lo que implica una caída en el número de personas ocupadas laboralmente vulnerables por la naturaleza de la unidad económica para la que trabajan: micro negocios no registrados formalmente, ocupados por cuenta propia en la agricultura de subsistencia, así como a trabajadores que laboran sin la protección de la seguridad social.

Lo anterior se encuentra en línea con el mayor registro de patrones en el Instituto Mexicano del Seguro Social, al darse un aumento de 29 mil 596 nuevos patrones entre 2012 y 2015. No obstante, tal incremento resulta insuficiente para una economía de 120 millones de habitantes, ya que en promedio se dieron únicamente 925 unidades económicas formales nuevas al mes durante los últimos 32 meses. El mayor registro se dio en el sector de servicios para empresas, personas y el hogar con 29 por ciento del total, seguido de la industria de la construcción (26 por ciento), los servicios sociales y comunales (14) y el comercio (12).

Lo descrito resume la paradoja del mercado laboral, ya que la mayor ocupación se ha dado en un entorno adverso para las personas ocupadas, indicando una situación de precariedad en su contexto y con ello vulnerando las condiciones sociales y el desarrollo del mercado interno del país.

La solución real solamente es alcanzable mediante mayor crecimiento económico y creación de empleo formal bien remunerado, pues la precarización social en México es contundente. Obvio es que las condiciones socioeconómicas de México se han deteriorado.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Dice el inquilino de Los Pinos que el caso Ayotzinapa “se investigará hasta saber realmente qué pasó”. Bien: podría empezar por investigar a su ex procurador, Jesús Murillo Karam, a quien convenientemente separó del gabinetazo pocos días antes del pronunciamiento de la GIEI… Y para abrir semana cambiaria, el billete verde a 17.31 bilimbiques (léase 17 mil 310).

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.