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México SA: EPN: declaración trunca

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S igue el culebrón, y con el ya clásico “haiga sido como haiga sido” el pasado miércoles por la noche (vía Televisa, en primera instancia) el inquilino de Los Pinos hizo pública su declaración patrimonial. Queda clara la razón por la cual no está muy bien armada que digamos, pues en ese mismo documento se especifica que “toda la información fue capturada directamente por el servidor público” (léase EPN).

Pero bueno, Enrique Peña Nieto cumplió con lo prometido, aunque no con la Ley Federal de Responsabilidades Administrativas de los Servidores Públicos, que en materia de declaración patrimonial lo obliga (artículo 43) a “proporcionar a la Secretaría (de la Función Pública) la información fiscal, inmobiliaria o de cualquier otro tipo relacionada con los servidores públicos, sus cónyuges, concubinas o concubinarios y dependientes económicos directos, con la finalidad de que la autoridad verifique la evolución del patrimonio de aquéllos”.

Por si fuera poco, el artículo 44 establece que “para los efectos de la ley y de la legislación penal se computarán entre los bienes que adquieran los servidores públicos o con respecto de los cuales se conduzcan como dueños, los que reciban o de los que dispongan su cónyuge, concubina o concubinario y sus dependientes económicos directos, salvo que se acredite que éstos los obtuvieron por sí mismos y por motivos ajenos al servidor público”.

Pero, ¡sorpresa!, en su declaración patrimonial ni de lejos refiere el grueso inventario de inmuebles –particularmente el de Las Lomas– y abundancias financieras reconocidas por su cónyuge, la señora de la casa. De hecho, el inquilino de Los Pinos presentó el mismo documento que en enero de 2013 con el agregado de pesos y centavos, en una mezcolanza de viejos y nuevos bilimbiques, y el ingreso obtenido a lo largo de ese año, el primero en la residencia oficial.

Cierto es que la señora de la casa no está obligada legalmente a presentar su declaración patrimonial, pero su marido sí y en ella éste debe incluir la información fiscal más las pertenencias inmobiliarias, mobiliarias y financieras –por motivos artísticos o no– de la dueña de sus quincenas. Por cierto, resulta comodísimo ser “primera dama”: no es tipificada como servidor público y por lo mismo no tiene obligaciones legales vinculadas a ese tipo de actividad, pero sí goza, y a plenitud, de toda la infraestructura y el personal de Los Pinos y de los beneficios, que no son pocos, que conlleva ser la first lady autóctona.

De entrada, la declaración patrimonial hecha pública por Enrique Peña Nieto detalla que “el servidor público no proporcionó información de experiencia académica”. Tampoco “logros laborales o académicos”, pero sí que en 1982, cuando apenas tenía 16 años, pagó al contado una casa (sin especificar localización) de 560 metros cuadrados de terreno y 492 de construcción. La adquisición se concretó el 25 de octubre de ese año y la erogación fue de 924 “viejos pesos” (sic en la declaración), una verdadera ganga, sobre todo si se recuerda que los “viejos” y los “nuevos” pesos tuvieron validez legal del primero de enero de 1993 al 31 de diciembre de 1995.

Para dar una idea, en la fecha de esa adquisición coexistían dos tipos de cambio: el dólar preferencial (50 pesos por billete verde) y el mexdólar (70 por uno). Si ello se toma en consideración, entonces el adolescente Enrique Peña Nieto pagó al contado el equivalente a entre 18.48 y 13.20 dólares por una propiedad de las proporciones citadas.

Casi seis años después, el 29 de enero de 1988, su padre le donó un terreno de mil metros cuadrados, valuado en 11 mil 200 “viejos pesos”, algo así como 4.89 dólares al tipo de cambio de esa fecha. Poco después, en marzo de 1989, su progenitor le donó otro “terreno rústico”, con un valor declarado por EPN de 647 “viejos pesos”, equivalentes a 27 centavos de dólar, aproximadamente, al tipo de cambio de entonces. Es necesario mencionar que el padre del hoy inquilino de Los Pinos falleció el 25 de julio de 2005.

El 19 de marzo de 2001, según consta en su declaración, EPN heredó de su cónyuge un departamento de 211 metros cuadrados, con un precio de 2 millones 660 mil 288 “pesos mexicanos” (aquí ya no hay “viejos” ni “nuevos”). Por esas fechas, el susodicho se desempeñaba como secretario de Administración del Gobierno del estado de México. Sin embargo, el problema es que su esposa, Mónica Pretelini, murió el 11 de enero de 2007, de tal suerte que heredó al marido seis años antes de fallecer.

Ya como gobernador del estado de México, el 27 de diciembre de 2005 pagó de contado 5 millones 611 mil 195 pesos por la compra de una casa de 2 mil 138 metros de terreno y 850 de construcción. Todo, claro está, en “pesos mexicanos”. En ese mismo puesto, el 8 de diciembre de 2009 su madre le donó un terreno de 2 mil 547 metros cuadrados, valuado, según anota, en 6 millones 964 mil 500 pesos (mexicanos, desde luego).

Parece que el susodicho tiene especial atracción por el día 8 de diciembre, porque también esa esa fecha, pero de 2011, ya como candidato tricolor a la grande, su mamá le donó adicionalmente tres bienes: una casa de 150 metros cuadrados de terreno, con igual número de metros de construcción, valuada en 611 mil 253 (todosson mexican pesos); otra de 338 metros cuadrados, con un valor de 455 mil 600, y un terreno rústico de 58 mil 657 metros cuadrados, con un valor de 5 millones 117 mil 823.

A pie de página EPN aclara lo siguiente: “los 2 bienes que mi padre me dio, mediante donación, fue estando él aún con vida. Los cuatro bienes que mi madre me dio mediante donación los recibió de la herencia de mi padre. Con respecto a los dos terrenos rústicos a que hago referencia, éstos son tierras cultivables”.

En el registro aparecen otro par de donaciones maternas (obras de arte y joyas, casualmente el 8 de diciembre de 2011), con valor conjunto de 2 millones de pesos; otra herencia de la cónyuge (cuatro meses después de su fallecimiento) por 2 millones de pesos; un lote de “relojes y joyas varias” por un millón 900 mil, pagados al contado, y menaje de casa por un millón más.

Súmense 16 millones 856 mil 523 pesos en “inversiones” (bancos, seguros, fondos, monedas, metales y “otros), y colorín colorado esta fantasía no ha terminado, porque, sin considerar la crisis de credibilidad que arrastra, en ninguno de los apartados incluyó “los bienes declarados a nombre de su cónyuge, sus dependientes económicos o de otros”, como la ley lo obliga.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Y en San Lázaro muy activos se vieron los tricolores y verdes gatos de la casa, que impidieron debatir el tema de la señora de la casa.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.