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México SA: Fin de fiesta; ahora la cruda

reforma energética

S e acabó la llamada “fiesta ciudadana” y llegó la cruda realidad. Nueve gubernaturas se renovaron –por decirlo así–, en las que algunas empresas políticas repitieron y otras se quedaron con las ganas, pero lo cierto es que el dinosaurio tricolor se mantiene como el ganón de la temporada, de la mano de sus golpeadores verdes. El personaje sobresaliente de este proceso electoral resultó ser el ex priísta Jaime Rodríguez Calderón, mejor conocido como El Bronco. Todo en familia, pues.

Todos se jalonean la “primera posición como fuerza política” –sea local o federal–, pero lo cierto es que desde hace mucho tiempo ese lugar le corresponde al abstencionismo, que en estas intermedias rebasó 50 por ciento. La fiesta, pues, llegó a su fin y los ganadores de la rifa del tigre, especialmente los nuevos gobernadores, deberán hacer circo, maroma y teatro para intentar levantar el tiradero que reciben, mientras comienzan el propio.

Un caso concreto es la tremenda herencia que reciben los nueve relevos en igual número de gobiernos estatales: enormes agujeros presupuestales, crecientes problemas sociales, economías disfuncionales y altamente dependientes del centro, y muchísimas gracias más, entre las que destaca la voluminosa deuda pública contratada e igualmente desaparecida por sus antecesores.

Está el caso de Nuevo León, donde El Bronco (candidato independiente que obtuvo un muy buen apoyo de algunos de los grandes capitales del estado) rápidamente tendrá que pasar de los dichos a los hechos si pretende cumplir su palabra de llevar a la justicia la escandalosa corrupción del gobierno saliente, con el hijo y el papá en primerísimo lugar.

Pero más allá de eso deberá investigar y proceder legalmente en contra de quienes resulten responsables del brutal incremento que registró la deuda pública del estado durante el gobierno de Rodrigo Medina, su papá y amigos que lo acompañaron, porque en el sexenio de ese personaje dicho débito se incrementó la friolera de 126 por ciento, o lo que es lo mismo más de 34 mil millones de pesos (hasta marzo de 2015; la cifra es de la Secretaría de Hacienda), sin que los habitantes de esa entidad tengan idea dónde quedó el dinero, porque ni lejanamente fue en progreso social y avance económico. ¿De dónde sacará dinero El Bronco para cubrir el grueso endeudamiento que hereda?

En Nuevo León los ciudadanos decidieron un cambio: sacaron al PRI del palacio de gobierno y a él llevan a un ex priísta, pero la alcancía es la misma, al igual que la dependencia de recursos provenientes del centro de la República, de tal suerteque la independencia está por verse.

En Campeche los electores decidieron ratificar la permanencia del tricolor en el gobierno de la entidad. Sale el temible Fernando Ortega Bernés, represor de periodistas, y en su lugar arriba Alejandro Moreno Cárdenas, hombre del sistema que cuidará las espaldas de su nefasto antecesor. Sin embargo, tendrá un enorme problema: ¿cómo justificará y de dónde obtendrá el recursos para hacer frente a una deuda estatal que Ortega Bernés incrementó de cero pesos en 2009 a mil 662 millones al cierre de marzo pasado? (la cual –como en Nuevo León– los ciudadanos no saben ni ven dónde quedó, aunque lo suponen).

Qué decir del caso michoacano. Se va el PRI y regresa el PRD, partido que acumula un chiquero en el estado. Con Fausto Vallejo, su hijo y La Tuta en el palacio de gobierno, la deuda pública de la entidad se incrementó 121 por ciento, equivalente a casi 10 mil millones de pesos, río de dinero que, como en los casos anteriormente citados, los habitantes del estado no vieron ni de lejos. Las finanzas del estado (las oficiales) dependen en grado sumo de los recursos que les entrega la Federación (léase el “ministro del (d) año” y sus muchachos en la Secretaría de Hacienda), los cuales vienen menguando tras el desplome de los precios petroleros. ¿En serio Silvano Aureoles sacará el buey de la barranca y además “garantizará seguridad plena” a los michoacanos? Dudoso.

Sonora, gobernado por Germán Larrea desde hace muchos años, presume que los integrantes de la fiesta ciudadana decidieron cambiar de partido en el gobierno. Se va el inefable panista Guillermo Padrés (tendría que ir directamente a la cárcel) y llega (hasta donde se sabe) la beltronista Claudia Pavlovich, que gobernará con muchas alas y negocios para los amigos. Las únicas gracias de Padrés fueron proteger al barón de la minería, incrementar sostenidamente su fortuna y la de sus parientes, robar el agua a los ejidatarios y presumir sus artes como magazo, porque, por una parte, prácticamente duplicó la deuda estatal, y, por otra, esos dineros (cerca de 10 mil millones de pesos) los desapareció a la vista de todos. ¿De dónde obtendrá la señorita Beltrones recursos suficientes para amortizar el débito?

En Guerrero regresa el PRI, con sus verdes rémoras, aunque en los hechos nunca se fue, pues el angelito Rivera se disfrazó de negro y amarillo, pero nunca olvidó las prácticas tricolores, al igual que los cabecillas perredistas, quienes de inmediato se subieron a las mañas y a los negocios de los tres colores. Le heredan una deuda pública superior a 3 mil millones de pesos, que nadie atina a decir dónde quedaron y con qué se amortizarán, aunque este débito es el menor de los daños causados si se le compara con la crisis social, política y de seguridad que vive el estado. ¿Con qué responderán Héctor Astudillo y padrinos que lo acompañan?

Y allí están los casos de Baja California Sur, que ganó el PAN, que debe alrededor de 2 mil 300 millones de pesos; Colima, con el PRI, que adeuda alrededor de 3 mil millones; San Luis Potosí, donde el bohemio Toranzo no dio una, pero parece que sí se llevó bastante, que deja un débito por alrededor de 4 mil 500, y Querétaro, ahora panista, donde el gobernador saliente, el priísta José Calzada Rovirosa, fue de los pocos que durante su mandato redujo la deuda de la entidad, pero lo botaron.

En fin, se acabó la fiesta y viene lo bueno, es decir, más de lo mismo, con ganas de empeorar. De cualquier forma, los demás estados de la República que no renovaron gobierno están en las mismas circunstancias, pues la deuda pública de los 31 estados más el Distrito Federal supera 510 mil millones de pesos y contando, sin que nadie sepa dónde quedaron.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Que dice Emilio que sí, pero no, aunque quién sabe, porque ya lo dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua y ahí clarito se anota que las elecciones ya pasaron.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.