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México SA: Gasolinas 50% más caras

reforma energética

P etróleos Mexicanos, ahora empresa productiva del Estado, es, por mucho, la que mayor volumen de recursos ingresa al erario, la hija predilecta del fisco nacional, la caja chica, grande y enorme del gobierno en turno. No hay empresa en el país que supere su aportación, y, quiéralo o no, en las buenas y en las malas permanentemente alimenta las arcas nacionales.

Lo anterior, cuando menos, obligaría a retribuirla con mayores recursos presupuestales para mantenerla perfectamente aceitada y produciendo a plenitud. Sin embargo, los genios de la tijera se han dedicado no sólo a exprimirla, sino a patearla, y en el más reciente recorte por ellos practicado de plano se ensañaron con la otrora paraestatal, en especial en el renglón de inversión productiva.

Tales genios no encontraron mejor fórmula que cargar a las de por sí debilitadas finanzas de Pemex la mitad del más reciente recorte presupuestal, que no el último: de poco más de 124 mil millones de pesos de tijeretazo, 62 mil millones se los tumbaron a la empresa productiva del Estado, la cual ya registra severos problemas como producto de la caída en la producción, el desplome de los petroprecios, el descenso de la exportación y la férrea competencia del vecino del norte, de siempre su principal cliente.

Una de las víctimas del citado recorte es el área de refinación, donde el gobierno federal de por sí trae un desbarajuste: primero ofreció construir la refinería Bicentenario (anunciada originalmente en 2008 por Felipe Calderón, quien descaradamente incumplió); poco más delante que tal acción dependería de la aprobación de la reforma energética; después que no estaba dispuesto a poner un solo tornillo y que dependería del capital privado, para finalmente enterrar el proyecto por “razones presupuestales”, y junto con él la presunta intención de modernizar las refinería existentes.

Aquí cabe recordar uno de los compromisos de campaña (firmado ante notario) del candidato Enrique Peña Nieto: el 20 de mayo de 2012, en la plaza de toros de Pachuca, el “abanderado priísta” ofreció a los hidalguenses construir la refinería Bicentenario, en Tula, y un aeropuerto en Tizayuca, “obras que sólo han sido promesas que nosotros haremos realidad”, según dijo. A casi tres años de distancia, el mismo personaje, pero ya como inquilino de Los Pinos, decidió, ya con la reforma energética aprobada, no construir la Bicentenario y que el nuevo aeropuerto se ubicara en la zona Texcoco. ¿Y el notario?

Tras el recorte presupuestal, los genios gubernamentales anunciaron que Pemex “buscarán alianzas” (obviamente con el capital privado) para la construcción de ductos, gasoductos, terminales marítimas, plataformas y la reconfiguración de refinerías, entre tantas otras cosas, es decir, toda la infraestructura que a la otrora paraestatal permitiría “competir en igualdad de condiciones” con las empresas con las que ahora se aliará.

En materia de refinación, México ha ido de mal en peor. Cuando se exigía la construcción de una refinería para abatir la creciente importación de productos petrolíferos –especialmente gasolinas y diésel–, la respuesta oficial siempre fue que ese tipo de plantas industriales “no son negocio” y que, por lo mismo, “es más barato importar”. Sin embargo, como por arte de magia, ahora invitan al capital privado a que construya refinerías, que ahora sí son negocio (de otra suerte los particulares no participarían, porque sin utilidades no hay atractivo que valga).

Como la refinación petrolera “no es negocio” (y esta ha sido la muletilla oficial desde el salinato), la importación de petrolíferos se ha incrementado de forma espectacular. Por ejemplo, en los pasados 10 años (2004-2014) la importación de gasolinas y diésel creció cerca de 400 por ciento, y sin miramiento alguno el gobierno federal pasó la factura a los consumidores.

A estas alturas la mitad de la gasolina que se consume en México proviene del exterior, y aunque los precios de los combustibles en los países que los producen y exportan al nuestro se han abatido notoriamente, aquí resultan superiores en cuando menos 50 por ciento. Y por si fuera poco, le recortan el presupuesto a Pemex para que “compita en igualdad de condiciones”.

De acuerdo con la Auditoría Superior de la Federación, en el periodo 2004-2013 la demanda interna de petrolíferos creció 25 por ciento, y al cierre del último año citado alcanzó un millón 242 mil barriles por día. En cambio, la oferta nacional disminuyó cerca de 5 por ciento, de tal suerte que, subraya, “la producción ha sido insuficiente para cubrir la demanda nacional en los últimos 10 años”, como resultado de la declinación productiva en las refinerías de Tula, Cadereyta y Madero (oficialmente ya reconfiguradas). Así, “a fin de mitigar la situación y satisfacer la demanda nacional se recurrió a mayores importaciones”.

La ASF revela que en 2013 “el porcentaje de paros no programados del Sistema Nacional de Refinación fue superior al límite establecido. De las seis refinerías que integran el SNR, las de Minatitlán y Salamanca superaron en 0.2 y 0.1 puntos porcentuales dicho límite, y se documentó que la de Tula fue la que presentó la mayor afectación con 13.9 puntos, debido a la rehabilitación de la planta reductora de viscosidad que se encuentra fuera de operación desde 2011 por una explosión.El referente internacional indica que las buenas prácticas se encontraron debajo o igual al uno por ciento en paros no programados (cuatro veces menos que el promedio en México), y respecto del comparativo con el SNR, únicamente la refinería Salina Cruz obtuvo un resultado satisfactorio. El SNR se encontró 3.9 puntos porcentuales por arriba del estándar internacional”.

En 2013, puntualiza la ASF, Pemex-Refinación no cubrió con producción nacional la demanda interna de los principales petrolíferos (gasolinas, diésel y turbosina), porque “no recibió el petróleo crudo solicitado con la calidad ni la cantidad requeridas”. En consecuencia, se incrementaron las importaciones. Si el Sistema Nacional de Refinación no recibe el petróleo requerido, “se pondrá en riesgo el abasto oportuno y suficiente de petrolíferos, con lo cual afecta a la población en general”.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Y para mejorar a Pemex la pasan a cuchillo, le recortan el presupuesto y cancelan cualquier posibilidad de construir nuevas refinerías. Vamos bien.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.