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México SA: Gobierno sin resultados

reforma energética

D esde el comienzo mismo de su estancia en Los Pinos, Enrique Peña Nieto fue advertido por propios y extraños de que su gobierno estaba frito si no daba resultados positivos a corto plazo. Al país y a sus habitantes les urgía salir del letargo económico, superar la violenta etapa calderonista, generar bienestar, combatir la corrupción y dejar atrás la política del discurso.

Obvio es que nada de ello sucedió. Por el contrario, la nueva administración gubernamental refrendó las limitaciones y vicios de su antecesora, y creyó suficiente el envoltorio reformista con el que se presentaba. Transcurrido el primer bienio, la economía se mantiene en el suelo, de la inseguridad se pasó a la violencia y de allí a la barbarie, el de por sí reducido nivel de bienestar se redujo aún más, la corrupción galopa, al igual que la impunidad, y el discurso rosa ha sido la “mejor herramienta” de gobierno.

Está frito, pues, y ante el hartazgo social, que se suma a la profunda crisis de credibilidad, el gobierno no cacha ni picha ni deja batear, como dirían los amantes de la pelota caliente, quienes tampoco olvidan aquel fabuloso augurio de arranque sexenal: “vienen, de eso estoy convencido, mejores tiempos para todos los mexicanos, porque éste es el momento de México”.

Transcurridos dos años, “los tiempos”, de por sí aciagos han empeorado sustancialmente ante la notoria ausencia de resultados y el cúmulo de errores y excesos, mientras el tan cacareado “momento mexicano” destaca por corrupto, represor y violento, hechos todos ellos que dan cuerpo a lo que será el tercer año de estancia en la residencia oficial. Eso sí, por promesas recicladas no paran, y el discurso oficial se mantiene igual de machacón que de hueco.

Con el paquete de “reformas”, que ofreció de arranque, el país entraría en el paraíso, la economía crecería a paso veloz, el futuro sería “prometedor” (Videgaray dixit) y, en fin, a los mexicanos les iría tan bien que les faltaría tiempo para gozar tanto bienestar. Pero la realidad es cruel.

En 2013, por ejemplo, prometieron un crecimiento de 3.5 por ciento. Y sí, la economía mexicana destacó, pero por su pésimo resultado. En el contexto latinoamericano se fue al suelo, y de 20 escalones posibles se ubicó en el número 19, con un “avance” de 1.1 por ciento, tres veces por debajo del ofrecido y menos de la mitad del promedio regional. Sólo como comparativo, la haitiana creció 4 por ciento.

Ese mismo año el producto interno bruto por habitante a duras penas e “incrementó” 0.2 por ciento, siete y medio veces menos que el promedio latinoamericano. Como ejemplo, el haitiano avanzó a un ritmo 2.5 tantos mayor que el mexicano. De hecho, el de todos los países centroamericanos resultó sustancialmente mayor al “momento mexicano”.

La Secretaría de Hacienda aplicó cuatro recortes al hilo a la estimación oficial en materia de crecimiento económico, sin que ello cancelara la retórica que presumía avances invisibles y futuro venturoso inexistente. La responsabilidad de tal fracaso se lo achacaron a las “inusuales condiciones climáticas” en el vecino del norte, y compraron dos “reconocimientos internacionales” para su “ministro del año”.

Llegó 2014, y la piedra tampoco les giró. Repitieron promesas y discursos, y del 3.9 por ciento de crecimiento originalmente ofrecido, y tras dos tijeretazos a la estimación primaria, la economía “avanzará”, si bien va, 2 por ciento, prácticamente la mitad del pronóstico de arranque de año.

En Los Pinos y áreas adjuntas aseguran que en 2014 el desempeño de la economía mexicana “mejoró sustancialmente”, pero en este renglón, como en tantas otras cosas, pelean por migajas. De acuerdo con la Cepal, al cierre del presente año nuestra gloriosa economía se ubicaría en el escalón 15 de 20 posibles y, sí, hay cuatro peldaños de diferencia con respecto a 2013, cuando se colocó en el número 19.

Sin embargo, la alegría se marchita al saber, por el mismo organismo especializado, que el “potencial” de crecimiento mexicano es equiparable al que registra Belice y/o la isla de Santa Lucía, aunque a estas alturas del año todo indica que la nación centroamericana y/o la caribeña crecerán más que la nuestra, por mucho que el discurso oficial presuma que México está a un tris de retomar el primer lugar como potencia económica latinoamericana. Pero no: si bien va, en el escalón número 15.

Entonces, en el primer bienio del gobierno que, por estar “convencido”, auguraba “mejores tiempos para todos los mexicanos, porque éste es el momento de México”, el “crecimiento” económico habrá sido de 1.6 por ciento como promedio anual, el menor de los últimos cinco lustros.

¿Y para 2015? El gobierno que estaba frito si no daba resultados positivos inmediatos reitera las promesas de siempre: mayor crecimiento, oportunidades para todos y el consabido futuro promisorio, sin mayores elementos que la confianza en sí mismo, que al parecer es infinita, pero no así la de los mexicanos. Sólo hay que dar un paseo por las más recientes encuestas para saber de qué tamaño es la crisis de credibilidad y confianza de y en el gobierno.

Para el año próximo a estrenar la oferta gubernamental es la de crecer 3.7 por ciento, ligeramente menor a la promesa inicial para 2014. Aun así, ya “reformado” todo y en el lejano caso de que esa estimación oficial se convierta en realidad, el promedio anual de “crecimiento” económico durante la primera mitad del actual gobierno sería de 2.2 por ciento, es decir, lo mismo que a lo largo de las últimas tres décadas, algo que, dicho sea de paso, desde entonces mantiene al país en la lona.

De hecho, desde “el giro de 180 grados” (Miguel de la Madrid dixit), la norma ha sido la reducción en la tasa anual promedio de crecimiento sexenio tras sexenio. Así, con Salinas dicho indicador fue de 3.9 por ciento; con Zedillo bajó a 3.5; con Fox descendió a 2.3 y con Calderón a 1.8. Enrique Peña Nieto acumula 1.6. En ese periodo todo fue “reformado” y “modernizado” para, según prometieron los respectivos inquilinos de Los Pinos, “por el bien de México y de los mexicanos”. Y aquí seguimos, en la sempiterna espera del desarrollo, el “futuro promisorio” y el primer mundo.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Para documentar nuestro optimismo (el tal Monsi dixit), el barril de petróleo mexicano se acerca a los 60 dólares y el tipo de cambio se mantiene arriba de los 14 por uno. Pero no os preocupéis, que ya viene el Lupe-Reyes y todo va de maravilla, según el increíble inquilino de Los Pinos.