bares y centros nocturnos
Los negociós en donde vendan alcohol deberán contar con detector de metales
16 julio, 2015
estudiantes
Nos pidieron guardar silencio, dice una de las afectadas por atraso de Pronabes
17 julio, 2015

México SA: Ingreso a pique

reforma energética

P or si alguien tuviera dudas, oficialmente el primer bienio de Enrique Peña Nieto en Los Pinos se suma al de por sí grueso inventario de años perdidos, porque en ese periodo los pobres se hicieron más pobres, los ricos más ricos y el país no dejó de nadar de muertito. Y se trata de cifras institucionales, de tal suerte que la realidad puede ser aún peor.

Lástima que la ley no incluya revocación de mandato, elecciones anticipadas o mecanismos similares, porque mediante ellos los mexicanos, cuando menos, tendrían la oportunidad de renovar esperanzas y, sobre todo, mandar a paseo a gobiernos tipo F (fatuos, frívolos, fraudulentos, falaces, fracasados y corruptos, aunque no inicie con la letra indicada) como el de Enrique Peña Nieto y sus muchachos, a quienes le restan tres largos, interminables años.

No es novedad, pues el resultado de los dos primeros años de EPN se suma a los registrados en las últimas tres décadas por los cinco gobiernos previos (de Miguel de la Madrid a Felipe Calderón), pero el hecho es que el país y sus habitantes se mantienen en el hoyo, víctimas de la familia en el poder desde hacer más de tres décadas y su sagrado modelo “reformista” y “modernizador”.

Ayer el Inegi divulgó los resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2014, mediante la cual dicho organismo documentó que con EPN en Los Pinos el ingreso corriente total cayó 3.2 por ciento en términos reales, mientras el ingreso corriente promedio por hogar se desplomó 3.5 por ciento, también en términos reales (descontada la inflación), con respecto a los niveles registrados en 2012.

La más reciente información del Inegi es útil para documentar una realidad verdaderamente espeluznante: en 1984 el coeficiente de Gini (que mide la desigualdad existente, México en este caso; mientras más cercano a uno, mayor desigualdad en el ingreso) se ubicó en 0.449; treinta años después de todo tipo de “reformas” y “modernizaciones”, ese mismo indicador se ubicó en 0.491.

Si se incluyen transferencias de los llamados “programas sociales” (Oportunidades con Fox y Calderón; Solidaridad, con Salinas; Progresa, con Zedillo, y Prospera, a partir de septiembre de 2014, con Peña Nieto) la “diferencia” en el coeficiente de Gini pasó de 0.449 en 1984 (cuando no existían tales “apoyos” gubernamentales) a 0.438 en 2014, es decir, una microscópica distancia de apenas 0.011, lo que quiere decir que en el mejor de los casos –sólo en él y siendo muy imaginativos–, los mexicanos están igual de jodidos que tres décadas atrás (sin considerar que en ese periodo alrededor de 10 por ciento de la población –unos 12 millones de paisanos– emigró al vecino del norte en busca de mejores condiciones de vida).

He allí una muestra concreta del “bienestar para la familia” (Zedillo dixit) que los gobiernos marca F han procurado a los mexicanos en los últimos 33 años, con un coeficiente de Gini ubicado similar al registrado por las potencias africanas de Malaui (en 2010) y Zimbabue (en 2006).

De acuerdo con el Inegi, al cierre del primer bienio de EPN (año 2014) el ingreso corriente total promedio trimestral por hogar (se consideran 3.8 habitantes por hogar) fue de 39 mil 719 pesos (es decir, 13 mil 239.67 pesos mensuales o 441.32 pesos por día), monto 3.5 por ciento inferior al de 2012 y bastante fantasioso, porque para llegar a tal resultado se suman todos los estratos socioeconómicos y se meten en la misma licuadora para obtener el promedio. Todos los deciles (cada uno de ellos representativo de 10 por ciento de los hogares) registraron caídas en sus ingresos, salvo el primero, el de menores ingresos, el cual, de acuerdo con el Inegi, obtuvo 7 mil 716 pesos trimestrales (85.73 pesos por día y hogar), monto 2.1 por ciento mayor al de 2012, aunque casi 19 veces inferior al obtenido por el decil número 10 (el de mayores ingresos), el cual registró un descenso de 2 por ciento.

Aquí cabe otro comparativo para conocer lo bien que han hecho las cosas: en 1984, el 30 por ciento de la población con mayor riqueza concentraba 63.2 por ciento del ingreso corriente total, mientras el 70 por ciento restante se repartía –desigualmente, desde luego– 36.8 por ciento de dicho ingreso. Para 2014 esa relación fue de 62.5 y 37.5 por ciento, respectivamente. Nada se modificó.

Lo anterior, sin considerar a los multimillonarios marca Forbes (16 personas en 2014), quienes para sí concentran alrededor de 2 billones 320 mil millones de pesos, alrededor de 15 por ciento del producto interno bruto, monto que supera por 37 por ciento el acaparado por el 10 por ciento de los hogares más ricos del país, de acuerdo con las cifras del Inegi. Es decir, los 12 millones de hogares más ricos de México acaparan una suma 37 por ciento inferior a las fortunas de los Forbes, mientras la distancia entre éstos y el ingreso del 10 por ciento de los hogares más pobres es de 25 veces.

De hecho, la distancia existente entre la fortuna del hombre más rico de México, Carlos Slim, y el ingreso trimestral de 12 millones de hogares, los más pobres (habitados por casi 46 millones de mexicanos), es de 55 veces.

Por el lado del gasto, el Inegi señala que, en promedio, los hogares mexicanos destinan un mayor porcentaje a la adquisición de alimentos, bebidas y tabaco (34.1 por ciento); transporte y comunicación (18.8), y educación y esparcimiento (14). Sin embargo, detalla, “existen grandes diferencias por deciles de hogares: mientras que el 10 por ciento de los hogares con menores ingresos dedican 50.7 por ciento de su gasto a alimentos, bebidas y tabaco, el 10 por ciento de los hogares con más altos ingresos destina sólo 22.5 por ciento a esos mismos rubros; el decil de hogares con más altos ingresos destina 20.6 por ciento a gastos de educación y esparcimiento, en tanto que el decil de menores ingresos canaliza a este concepto sólo el 5.6 por ciento”.

Entonces, queda claro el rumbo que lleva el “México en movimiento” del que tanto habla el actual inquilino de Los Pinos.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

En la terminología neoliberal la ronda uno no fue un sonado fracaso, sino un “paso inicial” (Videgaray dixit), de tal suerte que lo trascendente no es que “se asignaron menos campos petroleros de lo previsto”, sino “la calidad del proceso”. De igual forma, el peso no se devalúa; simplemente, el dólar se fortalece, y ayer el fortificado billete verde se vendió en ventanilla a 16.14 escuálidos papelitos del Banco de México. Entonces, El Chapo no se fugó, nada más cambió de residencia.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.