Las seis grandes vulnerabilidades de los periodistas
5 enero, 2015
Astillero, Pacto por México
Astillero: No hay Año Nuevo
5 enero, 2015

México SA: Inyección y depredación

reforma energética

E n eso de dar y tomar, el tan cacareado cuan perverso modelo económico que se aplica en México se pinta solo: dan los más pobres y todo toman los más acaudalados. El sistema es sencillo: los primeros inyectan y generan cuantiosos recursos, y los segundos simple y sencillamente se los apropian y exportan. Y en el balance, la estabilidad económica nacional se debe a los más fregados.

Uno de los ejemplos más puntuales es el de los expulsados de su tierra, los paisanos que, pase lo que pase, desde Estados Unidos inyectan miles de millones de dólares a la economía mexicana, que contribuyen a mejorar el perfil social de sus familias y sirven de acicate al mercado interno; mientras los depredadores barones fugan sus capitales, obtenidos internamente, para depositarlos y/o invertirlos en terceras naciones, como si aquí no hubiera necesidades.

Así, en el transcurso del presente siglo los paisanos remitieron a su país de origen alrededor de 280 mil millones de dólares (alrededor de 23 por ciento del PIB a precios actuales), diseminados entre millones de familias depauperadas, víctimas del modelo económico y sin mayores oportunidades internas. Por otro lado, en ese mismo periodo los apapachados cuan impunes barones autóctonos exportaron capitales por alrededor de 272 mil millones de billetes verdes (22 por ciento del producto), todos ellos generados en el país, para depositar, invertir y/o especular en terceras naciones.

Lo primero forma parte de la cultura del jardinero exportable que desde Los Pinos promovió Vicente Fox, quien a lo largo de su sexenio celebró, como “oportunidades para todos”, la expulsión de 3.5 millones de mexicanos, a razón de prácticamente uno por cada minuto de su estancia en la residencia oficial. Y también lo segundo, pues el susodicho dejó en claro que para él la democracia era “de, para y por los empresarios”.

Con Fox en Los Pinos, quien presumía que “México exporta jardineros de muy buena calidad”, los expulsados de su tierra enviaron a su país de origen alrededor de 95 mil millones de dólares en remesas, mientras los barones depositaban en terceras naciones y en el mismo lapso cerca de 50 mil millones, y paralelamente armaron el gran negocio de las transferencias electrónicas con cobro de comisiones de usura, como acostumbran, para los remitentes.

A ese jugoso negocio lo denominaron “facilidades de paquetería financiera”, por medio de la cual, vía comisiones, a lo largo de la docena trágica (la de Fox y Calderón) los barones se embolsaron alrededor de 20 mil millones del total de las remesas de la paisanada. Y entre ellos se cuentan los mismos personajes que, en 2005, firmaron el llamado Pacto de Chapultepec, por medio del cual se comprometieron a “invertir en el país para generar empleo formal”.

Ya con Felipe Calderón en la residencia oficial, el autodenominado “presidente del empleo” para “vivir mejor”, los paisanos enviaron 140 mil millones de dólares, con todo y que la crisis de 2008-2009 en Estados Unidos canceló millones de puestos de trabajo tradicionalmente ocupados por mexicanos. Paralelamente, en el sexenio del “haiga sido como haiga sido”, empresarios y particulares mexicanos exportaron más de 160 mil millones de dólares que terminaron depositados en cuentas bancarias del exterior o invertidos en proyectos productivos o especulativos.

Como se ha comentado en este espacio, los dos gobiernos panistas (Fox y Calderón) vivieron muy bien con dos ingresos fundamentales: petróleo y remesas. Los primeros resultaron igual de históricos que dilapidados; los segundos fueron voluminosos, no obstante la sacudida económica de 2008 y años posteriores, el creciente desempleo en Estados Unidos y las precarias condiciones laborales para los paisanos, algo que a la dupla infernal le importó menos que un cacahuate. De cualquier suerte, el resultado por ellos ofrecido fue desastroso, con todo y el creciente ingreso de divisas por los conceptos referidos.

Regresó el tricolor, que “sí sabe gobernar”, y en el primer bienio de Enrique Peña Nieto la paisanada remitió a México cerca de 45 mil millones de dólares, mientras los barones “exportaron alrededor de 30 mil millones, y contando”. En contrapartida, “de acuerdo con información oficial, entre el primer trimestre de 2013 y el tercero de 2014, han sido transferidos a cuentas bancarias del exterior 44 mil 625.7 millones de dólares. Otros 17 mil 871 millones se han enviado para realizar inversiones directas –las que generan actividad económica y empleo en terceras naciones– fuera del país. En total, por ambas vías han salido de México 62 mil 497 millones de dólares” (La Jornada, Roberto González Amador).

Por lo anterior, no resulta gratuito que la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) ubique a México entre los primeros países exportadores de capital en el mundo y como el primero en América Latina, mientras los índices de bienestar se desploman y los de pobreza continúan al alza.

Los citados tres tristes gobiernos obtuvieron 280 mil millones de dólares por remesas de los mismos mexicanos que, por razones económicas, fueron expulsados de México, de tal suerte que representan uno de los pilares más sólidos de la balanza de pagos. En cambio, los cada día más acaudalados barones, protegidos e impunes, exprimen la economía interna a más no poder y el producto lo envían al exterior, tanto como 272 mil millones de dólares en lo que va del presente siglo, y contando.

Sirva lo anterior para contextualizar la buena noticia divulgada el pasado viernes por el Banco de México, de que las remesas de los paisanos sumaron 21 mil 407 millones de dólares de enero a noviembre de 2014, “6.8 por ciento más que en el mismo lapso del año pasado y el monto más alto para un periodo similar en los pasados seis años (La Jornada, Juan Carlos Miranda)”. Mientras, la exportación se estima en alrededor de 30 mil millones.

Entonces, a ese paso todos los mexicanos en edad y condición de laborar deberán cruzar la frontera norte para obtener empleo en Estados Unidos y enviar recursos con el fin de estabilizar medianamente la balanza nacional de pagos y, desde luego, mantener la dinámica exportadora de capitales de los barones. De otra suerte, más temprano que tarde esto va a reventar.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Los autodenominados partidos políticos no han movido un dedo para corregir tal situación descrita, pero como se acercan las elecciones intermedias están como perros tras el voto de los mexicanos en el extranjero, mientras los barones financian sus campañas.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.